
Tensiones y crisis acucian a varios de los visitantes
Por Inés Capdevila Enviada especial
1 minuto de lectura'
MAR DEL PLATA.- En los hoteles de este balneario, delegados y ministros plenipotenciarios trabajan a destajo y bajo tensión para definir el documento final de la IV Cumbre de las Américas. Con el mismo ritmo casi desesperado, varios mandatarios intentan en sus respectivos países solucionar peligrosos conflictos internos antes de llegar a Mar del Plata.
Son enfrentamientos políticos que no sólo pueden distraer su atención del encuentro o del acuerdo sobre sus temas más controvertidos si no que también oscurecen y hacen tambalear el futuro inmediato de sus propias presidencias.
Desde la volátil región andina de América del Sur llegarán dos mandatarios en ese estado de alerta y fragilidad. El de Bolivia, Eduardo Rodríguez, debe decidir en estos días si firma el primer decreto de su corta presidencia para poner fecha a las elecciones canceladas.
Igual de necesario y urgente es para el mandatario ecuatoriano, Alfredo Palacio, restablecer sus relaciones con la Asamblea Legislativa.
Palacio llegó al poder en abril pasado luego de que el Congreso arrinconara al entonces presidente Lucio Gutiérrez. Pero su proyecto de convocar a una Asamblea Constituyente lo enemistó, hace diez días, con los legisladores y provocó una crisis política de incierta salida.
Las pugnas con congresos cada vez más desafiantes también golpean a los mandatarios más poderosos e, incluso, pueden afectar la puesta en marcha de las medidas de la declaración final de la cumbre.
Fuentes diplomáticas brasileñas dijeron a LA NACION que sería una "exageración" asegurar que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva no estará pendiente de lo que sucede en su país con el escándalo de corrupción que sacude al oficialismo mientras se reúne en Mar del Plata.
De todas formas, agregaron, eso no demorará la puesta en práctica de las medidas porque "se trata de políticas de Estado" ajenas a las disputas de turno. El propio presidente advirtió, hace dos días, según reveló la prensa brasileña, que está dispuesto a dar pelea -fervorosamente y como pocas otras veces- si la oposición insiste en usar la denuncia de que el oficialismo recibió fondos electorales de Cuba.
Semejante ofensiva probablemente robará tiempo de gestión al Planalto de la misma forma que una inusual sucesión de malas noticias sitió la semana pasada a la Casa Blanca de George W. Bush hasta conducir al presidente norteamericano a un momento de debilidad paralizante.
Incluso si ninguno de los dos llega aquí con sus mentes absolutamente concentradas en la cumbre y en el futuro de la declaración, Lula y Bush serán dos de los más buscados por sus pares durante el encuentro.
Una amenaza
Mientras las crisis internas obligan a algunos presidentes a llegar debilitados a la cumbre, los enfrentamientos regionales conducirán a otros mandatarios a aprovechar las agendas paralelas y reuniones bilaterales que coprotagonizarán el encuentro.
Hasta hace sólo unos días las disputas que ensombrecían la cumbre eran la abierta rivalidad entre Bush y el presidente venezolano, Hugo Chávez, o el roce diplomático entre la Argentina y Uruguay. Esta semana se sumó otra que podría tensar la atmósfera del encuentro y que, incluso, disparó el temor de un conflicto bélico.
El Congreso peruano se apresta a aprobar mañana un proyecto de ley que revisa los límites marítimos con Chile. Santiago inmediatamente respondió que era una violación de su plataforma y de los acuerdos bilaterales de 1952 y 1954 y lanzó un verdadero operativo para enlistar apoyos.
Enviados de Ricardo Lagos partieron anteayer a Quito, Brasilia y Buenos Aires en busca de respaldo y presión para el presidente peruano, Alejandro Toledo, en un enfrentamiento diplomático que amenaza con extenderse a pasado mañana y el sábado.
Ni Santiago ni Lima tienen planeado que haya una reunión entre Lagos y Toledo "aunque siempre puede surgir algo a último momento", dijo un diplomático peruano a LA NACION. Lo que sí harán es reunirse con los mandatarios cuyos apoyos pueden ser críticos en la solución del conflicto para convencerlos de intervenir.
Otro que tuvo que ser persuadido fue Oscar Berger, de Guatemala; pero no por otro jefe de Estado sino por su canciller, Jorge Briz. Berger había anunciado que no viajaría a Mar del Plata si Bush no otorgaba antes de pasado mañana un status especial a los inmigrantes guatemaltecos a Estados Unidos. Convencido de que semejante condición estaba destinada a fracasar, anunció ayer que finalmente vendrá. Y obviamente se encontrará con Bush.
1
2Caso $LIBRA: la Cámara Federal ordenó recalibrar los embargos y avanzar con nuevas medidas de prueba
- 3
Festival de Jesús María: el momento en que Milei se subió al escenario para cantar con el Chaqueño Palavecino: “Soy un amateur”
- 4
Tras designarlo como embajador en Bélgica, Milei nombró a Fernando Iglesias como representante ante la UE


