Un operativo policial reavivó tensiones entre Vidal y la Rosada

En el entorno de la gobernadora le dieron una interpretación política al reciente enfrentamiento entre efectivos de la Federal y la bonaerense
En el entorno de la gobernadora le dieron una interpretación política al reciente enfrentamiento entre efectivos de la Federal y la bonaerense Fuente: Archivo - Crédito: Secretaría de Medios PBA
Damián Nabot
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6 de abril de 2019  

La confianza entre la Casa Rosada y María Eugenia Vidal se astilló en los días turbulentos de la crisis cambiaria del año pasado y sobre esa herida ahora se adhieren todos los resquemores. El más grave explotó la semana pasada, cuando la gobernadora leyó en clave política el operativo de la Policía Federal que terminó con la vida de un comisario de la bonaerense al ser interceptado en Avellaneda cuando se llevaba 170.000 pesos fruto de una extorsión. En La Plata anidó la convicción de que la forma como se armó el operativo tuvo como objetivo lastimar políticamente a los referentes de la provincia para limitar sus ambiciones.

Para llegar a esa conclusión, en La Plata enumeran datos que les sonaron extraños: ni el ministro de Seguridad, Cristian Ritondo , ni ninguna autoridad bonaerense habían sido avisados sobre la inminencia del operativo; también advierten sobre la celeridad con que el jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia , hizo declaraciones en el lugar sin abrir el juego a la provincia; y recuerdan el énfasis de las primeras declaraciones de la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich , al aludir a "delincuentes de la bonaerense".

La oportunidad del suceso también tuvo sus particularidades. La noticia llegó a oídos de Ritondo justo cuando compartía una cena en Chapadmalal junto a Macri , Vidal y el resto del gabinete bonaerense, reunido en un retiro espiritual antes de emprender el año electoral .

Allí mismo, el ministro de Seguridad se acercó a la gobernadora para contarle lo que acababa de ocurrir, a metros del Presidente, llegado horas antes para escenificar con su visita una postal de unidad.

"Basta de teorías conspirativas. No hay ninguna intención política. Si yo me enteré después de que ocurrió; era un hecho de extorsión menor, no sabíamos que eran policías", se enojó Bullrich cuando le transmitieron los resquemores bonaerenses.

Roncaglia también ensayó una defensa: "Esto no se hizo en contra de nadie", dijo y atribuyó a la fiscal María Soledad Garibaldi la decisión de mantener en secreto el "corte", como se define en la jerga policial la emboscada de los extorsionadores que recibieron dinero marcado. "¿Qué sentido tiene que nos tiremos un tiro en nuestro propio pie? Ellos y nosotros somos lo mismo", enfatizó la ministra para alejar suspicacias.

A la luz del enojo que mostró cuando le transmitieron los detalles del operativo, Vidal no termina de aceptar las explicaciones.

El problema es que el tiroteo de Avellaneda arrojó sal sobre una herida abierta a través de una sucesión de deslealtades. Dos años atrás, las quejas de Vidal y Ritondo en la Casa Rosada motivaron que se levantaran las oficinas que había montado la AFI en el conurbano y que, en vez de perseguir narcotraficantes como se habían propuesto, terminaron por encargar seguimientos de la gobernadora y del ministro de Seguridad con policías desplazados de la bonaerense.

Parte de la cofradía desbaratada terminó por reaparecer ahora alrededor del espía ilegal Marcelo D'Alessio con información sobre la gobernadora. Los jefes de la AFI, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, juran que nada de lo sucedido nació de sus órdenes.

A su vez, el fuego amigo de los servicios de inteligencia se encadenó a una historia de distanciamiento político. La gobernadora y el jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta , habían reclamado un cambio de gabinete en la crisis cambiaria del año pasado. Mauricio Macri los escuchó, pero desestimó sus consejos. "La gobernadora decidió dejar de involucrarse en las decisiones nacionales", resumían desde entonces en La Plata para ilustrar la distancia.

El dinero también se convirtió en un problema en la relación con la Nación. Cuando la Casa Rosada debió salir a conquistar votos peronistas para aprobar el presupuesto del año pasado terminó por cargarle a Buenos Aires el mayor peso del ajuste de las provincias.

El PJ se encargó así de debilitar al oficialismo en su principal bastión. El gobierno nacional prometió compensar a Vidal con 19.000 millones adicionales por el deterioro del Fondo Conurbano. Aún no llegaron.

Así las cosas, y de cara a una campaña en el territorio donde mejor mide Cristina Kirchner, Vidal resolvió avanzar con decisiones políticas unilaterales.

La más impactante fue asociarle al aumento de los docentes una actualización por inflación. La novedad se definió a contrapelo del credo contra la cláusula gatillo que se predica en la Casa Rosada, donde aseguran que nunca fueron consultados.

La forma como se concedió el aumento docente marcará la impronta de la campaña de Vidal. La gobernadora no tiene el margen que disfruta Macri en una eventual segunda vuelta. El próximo mandatario de la provincia de Buenos Aires se define en primera vuelta, aunque la ventaja sea de solo un voto.

A sabiendas de los resquemores, el Presidente reincorporó a Vidal y Horacio Rodríguez Larreta al ámbito exclusivo de decisiones.

Es cierto que el "círculo rojo" tampoco ayuda a las reconciliaciones. El repiquetear del "plan V", como se llamó a la idea de reemplazar la candidatura de Macri por la de la gobernadora, llevó incomodidad a la Casa Rosada. Y los obligó a actuar para despejar dudas. "Vidal es tan buena que la queremos poner en todos lados, pero ella tiene que ser candidata a gobernadora", terció el Presidente en Entre Ríos para sepultar el debate.

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