Una serie de conflictos agravó las internas en la coalición de gobierno

Guzmán, Cristina, Fernández y Massa
Guzmán, Cristina, Fernández y Massa
Maia Jastreblansky
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11 de octubre de 2020  • 04:05

"Que no nos hagan perder el tiempo en divisiones que no necesitamos". Alberto Fernández coló el comentario en un acto por la entrega de viviendas Procrear. Con una economía que cruje y sin poder domar al dólar, el Presidente envió un mensaje al oficialismo. Mientras, el kirchnerismo desvía la agenda hacia sus asuntos judiciales, las diferencias ideológicas del Frente de Todos quedan en carne viva y se escurren especulaciones entorno al gabinete.

Las declaraciones altisonantes de personajes de reparto como Alicia Castro, Carlos Raimundi y Leopoldo Moreau, o el pedido de juicio político al presidente de la Corte de una diputada del Frente de Todos sin previo aviso a la Casa Rosada, son los síntomas visibles de un oficialismo en efervescencia. "Falta una mirada en común. Somos una coalición electoral que todavía tiene que consolidarse como coalición de gobierno", reconoció esta semana a la nacion un funcionario que es confidente del Presidente.

Los colaboradores de Fernández dicen que el Presidente habla (o calla) y actúa (o cede) en pos de la unidad. "Alberto navega entre las aguas y a veces se ponen tormentosas", ilustró otro ministro del riñón del mandatario.

Cristina Kirchner, en cambio, se llamó a silencio con los dos asuntos políticos que atravesaron la agenda del oficialismo: Venezuela y la Corte Suprema. "De esos temas no vamos a hablar", dijeron sus portavoces más cercanos. Es un mutismo funcional al kirchnerismo duro, que deja la duda acerca de quiénes actúan como librepensadores y quiénes lo hacen de forma orgánica.

El Presidente y su vice -dijeron fuentes oficiales- no se vieron esta semana aunque "hablan todo el tiempo". Sergio Massa se pronuncia en voz alta cuando no quiere desperfilarse. Subrepticiamente, reclama medidas para la clase media y se mueve para fortalecer el Frente Renovador. Pretende ampliar hacia el centro.

Venezuela y Justicia

Alberto Fernández
Alberto Fernández Fuente: AFP

El episodio de Venezuela todavía no está saldado. El canciller Felipe Solá se enfureció cuando, sin previo aviso, Raimundi, embajador argentino ante la OEA (designado allí a pedido de Máximo Kirchner) dijo ante ese organismo que el país caribeño "sufrió un fuerte asedio de intervencionismo" y que la apreciación sobre las violaciones a los derechos humanos eran "sesgadas". "Le dio su impronta personal y se olvidó de la mitad de la historia", dijeron cerca del ministro.

Lo que molestó en el Palacio de San Martín fue que las palabras del embajador ante la OEA planteaban una contradicción con el voto que la Argentina tendría días después en la ONU de apoyo al informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet.

El voto en la ONU enardeció al kirchnerismo. "Alberto no avisó al bloque del Frente de Todos lo que iba a hacer. Argentina tiene una historia como mediadora. Por eso y por las diferencias al interior de la coalición, se tendría que haber abstenido", dijo a LA NACION un diputado muy cercano a la vicepresidenta.

Por el entredicho, Alicia Castro renunció a ocupar la embajada en Rusia, aunque mucho antes del pleito por Venezuela ya había puesto en duda su traslado a ese destino. Cerca del Presidente aseguran que su pliego nunca avanzó porque su nombramiento nunca se iba a efectivizar.

Los asuntos judiciales también generan fisuras. "Hay un choque de agendas. El Gobierno quiere instalar la agenda del trabajo y la producción y no entiende por qué termina dando la batalla por los traslados de (Leopoldo) Bruglia y (Pablo) Bertuzzi", dijo un hombre de consulta del Presidente.

Fernández cruzó al presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, convencido de que detrás del magistrado está la sombra de Mauricio Macri. Pero luego de que el máximo tribunal aceptara el per saltum de Bruglia y Bertuzzi, la Casa Rosada evitó confrontar por varios días. Solo los exponentes del Instituto Patria cuestionaron el fallo.

Cuando la diputada Vanesa Siley reonovó el pedido de juicio político contra Rosenkrantz, la Casa Rosada salió a despegarse. "¿Desde cuándo un legislador oficialista hace algo así sin consultar?", se quejó un funcionario en la Casa Rosada.

Guzmán, Cristina, Fernández y Massa
Guzmán, Cristina, Fernández y Massa Fuente: LA NACION

Esta semana, el Gobierno volvió a ponerse en guardia con la Corte Suprema. Rosenkrantz convocó a la ministra de Justicia, Marcela Losardo y al secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla a una reunión para trabajar sobre las demoras de los juicios de lesa humanidad. La ministra llegó a confirmar su participación por escrito. Pero llegado el día de la cita, los funcionarios del Gobierno se ausentaron.

Lo que más enrarece el clima interno en el oficialismo son los rumores en torno a posibles cambios de gabinete. "Lo que le preocupa a Alberto es que se filtre que hay que cambiar a los de él", comentó un colaborador cercano al Presidente.

Con medidas erráticas que no prueban su efectividad frente a un dólar sin techo y las reservas en pleno drenaje, Fernández pretende que la centralidad de la agenda esté en la economía. El viernes dijo que al Gobierno le "entristece" el aumento de la pobreza y la caída del PBI. Con jornadas muy tensas por la escalada del dólar blue, en la Casa Rosada lo vieron muy preocupado esta semana a Gustavo Béliz, un funcionario que parece imperturbable.

Un colaborador de la Casa Rosada resumió: "Es momento de ocuparnos de lo que le preocupa, no de hacer ruido. Alberto tiene que recuperar la centralidad".

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