La ola de contagios en las villas avanza más rápido que en el resto del país

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Alan Soria Guadalupe
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9 de mayo de 2020  • 18:23

La preocupación de los expertos sobre qué pasaría cuando el coronavirus desembarcara en los barrios populares se materializó en los últimos días. El estallido de casos de personas infectadas en las villas porteñas y los operativos estrictos que desplegaron el gobierno local y de la provincia de Buenos Aires en zonas vulnerables para contener la enfermedad pusieron un signo de pregunta delante de los planes de flexibilizar la cuarentena.

Mientras la curva de contagios mantiene un crecimiento estable a nivel nacional y algunos aseguran que el pico podría no llegar nunca, en las últimas dos semanas se dio un crecimiento exponencial de casos en zonas donde hay hacinamiento, el nivel de higiene es bajo y donde la cuarentena se respeta poco por la necesidad de los vecinos de generar un ingreso para vivir. Esta nueva ola de contagios avanza a un ritmo mucho más acelerado que la primera.

Desde que se detectó el primer caso de coronavirus en la Argentina, el 3 de marzo, pasaron 21 días hasta que hubo más de 365 contagiados. Sin embargo, pasaron solo 16 días desde el primer caso registrado en barrios populares de la ciudad hasta que la cifra llegó a 365, el jueves pasado.

La fuerte suba del registro de los últimos días llegó a cubrir buena parte del aumento diario de casos a nivel nacional y encendió las alarmas en la administración de Horacio Rodríguez Larreta y de Áxel Kicillof en momentos en los que se evalúan nuevas flexibilizaciones de la cuarentena en todo el país. Con 188, el miércoles había sido el día que más infectados se detectaron en un día en el país (después lo superó los 240 de ayer). Treinta de esos contagios se encontraron solo en la Villa 31, en Retiro. El equilibrio entre el relajamiento de la cuarentena y el control sanitario, admiten en la Ciudad y la Provincia, será un desafío para las próximas semanas, particularmente en los barrios humildes, donde el impacto económico de la crisis sanitaria es mayor. El ministerio de Salud porteño, Fernán Quirós , y los intendentes bonaerenses reforzaron los controles y testeos en las zonas más vulnerables ante el temor de que la curva se descontrole. En ambos distritos admiten que el tamaño reducido de las casillas y las familias numerosas que viven en ellas complica los controles y el protocolo a seguir en caso de que se encuentren casos.

En todo su territorio, la Ciudad tiene actualmente alrededor de 4800 personas bajo supervisión que no están contagiadas, pero que mantuvieron contactos estrechos con otras que sí lo están. A esos sospechosos se los llama dos veces por día para preguntarles por posibles síntomas, pero en el caso de las villas se necesitó sumar la presencia física en el territorio. Allí intervienen empleados y voluntarios del Ministerio de Desarrollo Urbano y Hábitat, que asiste a los aislados, incluso llevándoles comida para que eviten salir.

Los barrios más afectados de la ciudad son la Villa 31, donde ya hay más de 330 casos, y la 1-11-14 (Flores), donde se registró más de un centenar de contagiados. Con menor cantidad de registros están Ciudad Oculta y la villa 20 (ambos en Lugano), la villa 21-24 (Barracas), la Rodrigo Bueno (Puerto Madero), los barrios Fátima, Piletones y Ramón Carrillo (Villa Soldati), el barrio Inta (Lugano) y el barrio Mitre (Saavedra).

"Cuando se confirma un caso se lo aísla y se informa a los contactos estrechos las medidas que tienen que tomar. Quedan aislados en su domicilio y se hace seguimiento diario", explicaron en la cartera que conduce Fernán Quirós.

Al trabajo del personal del gobierno porteño se suman los propios vecinos de los barrios. Zulma Moretti es una de las delegadas vecinales del Barrio Güemes, en la Villa 31. Con barbijo, acompaña al personal de desinfección en la recorrida por las calles del asentamiento y colabora con el gobierno en el diálogo con los vecinos. "Nosotros hacemos encuestas. Hay mucho miedo, no siempre todos quieren contar lo que les pasa, pero como son vecinos nuestros en nosotros confían", dice en diálogo con este diario, y admite que la situación es "complicada".

Los operativos son similares en la provincia de Buenos Aires, donde desde que se registró el primer contagio en el país comenzaron a acondicionarse lugares con camas para albergar casos leves o moderados de coronavirus, con el objetivo de descomprimir los hospitales. Si bien la mayoría no debió utilizarse por ahora, en algunos de esos predios se aísla a personas de los barrios más humildes, donde por falta de espacio no pueden mantenerse alejadas. Eso ocurre, por ejemplo, en Quilmes. La municipalidad que comanda Mayra Mendoza dispuso aislamientos en el centro de aislamiento de la Universidad de Quilmes, donde hay 130 camas.

"De ser necesario, se aísla a casos leves o a pacientes que no tienen lugar en sus casas porque viven en un barrio humilde, dependiendo de la gravedad. Si hay alguien que tiene que hacer aislamiento y no tiene el espacio se lo lleva ahí y es lo que está pasando ahora", explicaron en la intendencia, donde ratificaron la preocupación compartida con el resto de los intendentes por una eventual explosión de contagios en zonas vulnerables.

Por eso, y tras conocerse la muerte de un vecino del barrio La Paz, de Quilmes, el gobierno de Kicillof desplegó con Nación y los municipios operativos de urgencia llamados "Detectar" en barrios humildes de ese distrito y de La Matanza, San Martín, Merlo y Moreno, donde hay una alta densidad de barrios vulnerables.

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