Vivenda y pandemia

María Eugenia Bielsa
María Eugenia Bielsa PARA LA NACION
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22 de julio de 2020  • 17:18

El 20 de julio, el diario LA NACION publicó una nota bajo el encabezado "Crece la presión interna en el oficialismo para revitalizar el gabinete". El título en sí mismo devela que dicha nota se ocupará de una cuestión política, centrada obviamente en el Frente de Todos que hoy gobierna la Argentina.

El mío es un cargo designado políticamente y por eso mismo, como ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, tengo dos responsabilidades: la política y la técnica. Ambas responsabilidades me obligan a rendir cuentas frente a diversas demandas. Por aquellas que requieren idoneidad específica, los ministros somos responsables civil y penalmente.

Descuento que el diario ha consultado distintas fuentes para escribir lo que consta en el artículo con respecto a mi función. Me dirijo a las y los lectores que esperan seriedad, veracidad y coherencia en mi desempeño como funcionaria. Nuevamente, estos activos son tanto políticos como técnicos.

Se lee en el texto que el ministerio a mi cargo tiene un presupuesto importante para "motorizar la reactivación económica" que todas y todos los argentinos esperamos. El presupuesto vigente es exactamente de $36.908 millones.

La ejecución presupuestaria de los primeros meses de 2020 está directamente relacionada con que, en 2019, la gestión anterior "infló" su propia ejecución, registrando presupuesto pero no pagando. Este movimiento suele definirse como deuda flotante. Por eso durante el primer trimestre del año, y con un claro sentido de responsabilidad fiscal y de transparencia, decidimos financiar obras con esos fondos comprometidos, pagando certificados pendientes por más de $5300 millones que no se reflejan en la ejecución correspondiente a este año.

Al ser también necesario fortalecer la debilitada economía y la crisis de empleo con la que nos encontramos, decidimos no discontinuar las obras pendientes sino reanudarlas, respetando el imperativo de articular derecho a la vivienda y derecho al trabajo. En otras palabras, parte del presupuesto de esta administración fue dispuesto pero no ejecutado por la anterior.

A partir de marzo la actividad de la construcción se vio afectada por las restricciones derivadas de la pandemia de Covid-19. No obstante, durante el primer semestre se ejecutaron $5400 millones del presupuesto 2020 -además de aquellos $5300 millones comprometidos- en todas las regiones y provincias donde las obras financiadas con recursos federales tuvieron continuidad. Esto implica, en una situación anómala, el equivalente al 63% de la cuota asignada por la Secretaría de Hacienda.

No necesito convencerme ni comprobar que la industria de la construcción dinamiza la actividad de manera virtuosa, pero el contexto actual no puede ser soslayado

En el marco del lanzamiento de los nuevos programas del Ministerio se van a ejecutar durante el mes de julio 5900 millones de pesos, lo que expone con claridad las diferentes situaciones en donde la obra de vivienda, tanto pública como privada, comienza a reactivarse de manera progresiva.

Siempre hemos alineado el compromiso de la gestión con los objetivos de gobierno. Más allá de haberme "lucido poco" -la gestión pública es para servir y no para brillar-, sé hacia dónde debemos ir. La aparición de este ministerio es, según nuestra mirada, una verdadera oportunidad para el país, pero su instrumentalización necesariamente pasa a un segundo plano cuando la salud argentina está en riesgo. No necesito convencerme ni comprobar que la industria de la construcción dinamiza la actividad de manera virtuosa, pero el contexto actual no puede ser soslayado.

Por esto mismo, la supuesta y relativa demora en la puesta en marcha de los programas tiene razones que no se vinculan -sino tangencialmente- con la conformación de estructuras internas. Nadie que esté decidido a afrontar la creación de un nuevo ministerio puede imaginar que será tarea fácil. Pero si bien la cartera es nueva, yo no soy nueva en la actividad. Siento únicamente agradecimiento para con los ministerios que nos acompañaron durante el periodo de conformación, cargándose el trabajo de las nuevas carteras durante el tiempo que fue necesario. Dicho esto, las decisiones y responsabilidades políticas inherentes a todos los procesos, planes y ejecuciones que han tenido lugar durante el año son únicamente mías, no las toma un virus ni pueden ser adjudicadas a abstracciones tales como un organigrama.

En lo que refiere al anuncio del Programa de Crédito Argentino para la Vivienda Familiar (Pro.Cre.Ar), se afirma que "le faltaba volumen y definición para sacarlo a la calle" (NDLR: alude a una cita que el texto refleja de "un importante funcionario" del Gobierno). ¿Qué quiere decir que le faltaba volumen? Basta recordar las más de 11.000 unidades que no fueron terminadas entre 2015 y 2019 y los 8000 lotes sin entregar donde muchos y muchas argentinas hubiesen podido cumplir su sueño de una vivienda propia. ¿Qué significa definición en este caso? Si refiere a algo así como claridad o determinación, ya en el mes de enero nos pusimos a trabajar para poner el Programa en marcha. Son testimonio de esto las familias que hasta el 19 de marzo pudieron mudarse a su nueva casa en Tucumán, Santa Fe, Ituzaingó o Ezeiza. ¿Presupuesto? Nuestro gobierno decidió ampliar los recursos destinados a este programa en 7500 millones para 2020.

Pro.Cre.Ar es de por sí una marca virtuosa que no requiere certificar volumen. En mi opinión, lo tuvo durante la última presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (30.010 viviendas en 79 predios distribuidos en distintos puntos del país; 110.751 créditos para viviendas en lote propio), y lo vuelve a tener también en esta gestión.

Parafraseando una expresión que no es mía: hay frases sencillas y fáciles de entender que explican problemas complejos, lástima que sean frases erróneas.

La función pública se enfrenta permanentemente con un dilema que es, a la vez, una tentación. Gestionar e informar no son sinónimos de mostrarse y hablar más, respectivamente. Gestionar e informar son obligaciones que se tienen frente al gobierno del que se forma parte y frente a la ciudadanía que le confió el voto. Mostrarse y hablar más -o "brillar"-, son lógicas comunicacionales de las que no me interesa formar parte. Siempre he pensado que los logros son del equipo, no de uno de sus miembros. Nuestros lugares no son lo trascendente.

Tengo para mí que este puede ser un momento bisagra para la Argentina, donde la ética del cuidado, que con dolor estamos aprendiendo, se extienda a nuestra convivencia como sociedad. En este contexto, nuestro único objetivo y nuestra única prioridad como ministerio es trabajar para que las y los argentinos tengamos trabajo y una vivienda digna. Esa debe ser la tarea principal de un gobierno que cuida a su pueblo.

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La autora es ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación

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