La luz y el agua, bien utilizadas, pueden cambiar la energía de un hogar y la forma en que se vive cada espacio
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El Feng Shui es una disciplina de origen chino que busca generar equilibrio entre las personas y los espacios que habitan, con el objetivo de favorecer el bienestar físico, emocional y material. Su nombre puede interpretarse como “viento y agua”, dos fuerzas que simbolizan el movimiento y la circulación de la energía en la naturaleza.
Con el paso del tiempo, esta práctica fue evolucionando y adaptándose a distintas culturas, y hoy se aplica en diversos lugares del mundo para diseñar ambientes más armónicos y serenos. Desde sus inicios, los especialistas en Feng Shui analizaban el entorno natural —como la presencia de montañas, cursos de agua y la orientación del viento— para definir cómo ubicar y organizar los espacios de vida de la manera más favorable.
De esta manera, la energía de un hogar no depende solo de los metros cuadrados ni del estilo decorativo. La forma en que circulan la luz y el agua puede transformar por completo la sensación de bienestar, calma y vitalidad de un espacio. Desde la mirada del Feng Shui, ambos elementos funcionan como verdaderos reguladores del equilibrio energético cotidiano.
La luz, más que solo iluminación

La luz natural es una de las fuentes más potentes de energía vital dentro del hogar. Cuando entra de manera fluida, activa los espacios, mejora el ánimo y favorece la claridad mental. Por eso, el primer gesto es simple pero clave: abrir cortinas y persianas durante el día y permitir que el sol recorra los ambientes.
En zonas con poca entrada de luz, los espejos bien ubicados ayudan a multiplicarla. Colocados frente a una ventana o cerca de una fuente de iluminación, reflejan la claridad y aportan sensación de amplitud y dinamismo.
Durante la noche, la iluminación artificial también cumple un rol energético. Lo ideal es priorizar luces cálidas, suaves e indirectas, que acompañen el descanso y eviten la sobreestimulación. Según el Feng Shui, no es recomendable tener luces fuertes directamente sobre la cabeza al sentarse o dormir, es preferible que la luz llegue desde los laterales o desde arriba de forma difusa, creando un clima más envolvente.

Un recurso cada vez más elegido son las lámparas de sal, valoradas por su luz tenue y relajante. Resultan especialmente útiles en espacios de descanso o para personas sensibles a la iluminación intensa.
Según esta disciplina, cuando la iluminación está bien pensada, el hogar se vuelve más armónico y funcional. Se percibe mayor equilibrio emocional, mejora la concentración en áreas de trabajo y se genera una conexión más directa con los ritmos naturales del día y la noche.
El agua: símbolo de fluidez y abundancia

En el Feng Shui, el agua representa el movimiento, la adaptación y la prosperidad. Incorporarla en casa —de forma consciente— ayuda a que la energía circule sin bloqueos y refuerza la sensación de equilibrio.
Las fuentes de agua son una de las opciones más utilizadas. El sonido del agua en movimiento aporta serenidad y, simbólicamente, activa la circulación de oportunidades. Eso sí: el agua debe estar siempre limpia y en funcionamiento. El agua estancada o sucia genera el efecto contrario.
Dónde ubicar una fuente de agua
- Entrada del hogar: una fuente cerca de la puerta principal (interior o exterior) puede atraer nuevas oportunidades. El flujo del agua debe orientarse hacia adentro.
- Orientación sureste: asociada a la riqueza y la estabilidad económica.
- Orientación norte: vinculada al trabajo y al desarrollo profesional.
Peceras y otros recursos
Las peceras también cumplen un rol importante. Los peces simbolizan vitalidad y abundancia, y el acuario introduce movimiento constante. Es fundamental mantenerlo en buen estado y elegir ubicaciones adecuadas, evitando dormitorios o espacios de descanso profundo.

Además, el elemento agua puede aparecer de manera más sutil:
- Espejos, que energéticamente representan el agua y ayudan a expandir la luz.
- Cuadros o imágenes de ríos, mares o cascadas tranquilas.
- Cuencos con agua y flores, que aportan frescura y renovación.
Lo importante es evitar imágenes de aguas turbulentas o descuidadas, ya que transmiten tensión.
De esta forma, cuando la luz fluye y el agua se integra de forma armónica, el hogar se vuelve más liviano, acogedor y vital. No se trata de sumar objetos sin criterio, sino de observar cómo se vive cada espacio y ajustar pequeños detalles que permitan que la energía circule mejor.
Optimizar la luz y el agua es, en definitiva, una manera sencilla de convertir la casa en un lugar que acompaña, calma y potencia el bienestar diario.
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