El referente del stand-up estrena “Dije un chiste”, su quinto unipersonal, y prepara el desembarco teatral de Dicky del Solar
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En un principio, Ezequiel Campa quiso ser actor. Trabajó en teatro y televisión hasta que, en algún momento, casi como un juego, el stand-up irrumpió en su vida. Estar solo arriba de un escenario, sin red, lo sedujo de inmediato.
Desde entonces, ya hace más de 20 años que gira con sus unipersonales por la Argentina, Chile, Uruguay y Estados Unidos. En el medio, grabó tres especiales para Comedy Central, estuvo dos veces en el New York Comedy Festival y en el Festival Internacional de Humor de Bogotá, hasta convertirse en un referente ineludible del género del humor unipersonal.

Por lo pronto, este 2026 estrenará dos nuevos espectáculos. En marzo será el turno de Dije un chiste, su quinto unipersonal. También llevará al teatro a Soy Dicky del Solar, aquel personaje del rugbier cristiano ultraconservador nacido en redes en 2017 y que terminó teniendo vida propia (marzo, abril y mayo en el teatro del Pueblo).
En diálogo con LA NACION, el humorista reflexiona sobre el oficio de hacer reír, la crisis de los valores y el “sacerdocio” de estar solo frente al público.
—¿Cómo fue el proceso de escritura de este nuevo espectáculo, Dije un Chiste?
A mí me apasiona tanto la comedia que me la paso escribiendo todo el tiempo; después llega un momento en el que me tengo que sentar y convertir todas esas ideas en un espectáculo, pero la escritura y prueba de material es permanente.
—¿A qué se refiere el nombre?
Es una frase que dijo Mirtha Legrand en un video que circula por todos lados en las redes y, además, tiene que ver con mi insistencia respecto de que la comedia, el humor y el teatro no pueden ser analizados desde lo moral, sino que siempre hay que tener en cuenta el contexto. En mi caso, los chistes que digo, las cosas acerca de las que hablo, las digo arriba de un escenario, como un actor que presenta un espectáculo de stand-up. Ese es mi contexto.
—¿Qué podemos adelantar del show?
Mientras lo estaba escribiendo, transité una pequeña crisis, porque después de muchos años de trabajar haciendo y estrenando shows, sentía que estaba desconectado de la raíz, del porqué me dedico a lo que me dedico, y tuve que transitar un tiempo hasta volver a conectar con los motivos originales, un trabajo sumamente interesante y necesario, que tiene que ver con mi forma de ver el mundo.

—¿Probás el material antes de estrenarlo?
Sí, claro, el material se termina de completar con el público. Es que el stand-up es muy alcahuete, y no podés trabajar ignorando lo que está sucediendo en la función. Igualmente, es muy frecuente y desconcertante cuando estás diciendo algo que ya dijiste muchas veces en muchas funciones, y la gente siempre se rio, pero de pronto no se ríe.
—¿Cuánto de talento y cuánto de trabajo hay en tus monólogos?
No creo en la idea del talento como algo que suceda sin trabajar. Ya hace 30 años que no hago otra cosa que trabajar, porque me gusta, porque creo en el proceso y porque hasta ahora es lo único que encontré que da ciertos resultados.
—¿Tenés alguna cábala antes de salir a escena?
Más que cábala, tengo algunos rituales que trato de repetir y que tienen que ver con tomarme un tiempo para estar solo en el camarín antes del show y repasar el material. Por más que lo haya hecho miles de veces, siempre necesito volver a repasar los chistes, porque eso me sirve para concentrarme, para volver al presente y estar conectado con lo que voy a tener que hacer en unos minutos, que es subirme al escenario y hacer un espectáculo.

—Sin dudas, con los años el personaje de Dicky del Solar adquirió vuelo propio. En estos tiempos libertarios, da la sensación de que mucha gente podría empatizar con su forma de pensar. ¿Qué comentarios te hacen llegar? Al universo del rugby no le debe agradar mucho…
Todavía sigue apareciendo gente que no se da cuenta de que Dicky del Solar es un personaje de ficción. Creen que es real. Eso es divertido por un lado y un horror por otro. El personaje es lo suficientemente gracioso y filoso como para descolocar a más de uno. Con el universo del rugby nunca he tenido ningún problema, porque creo que el personaje representa a una parte ínfima e insignificante de ese universo. Hay un montón de gente que juega al rugby y que cree en los llamados “valores del rugby”, los respetan, los llevan adelante y son muy críticos de ese tipo de personas, así que, por lo general, te diría que casi en el ciento por ciento de los casos es muy bien recibido.
—¿Cuál es tu mirada hoy de la sociedad argentina?
Me parece que no se puede generalizar. Creo que es un mundo en el que los cambios son muy rápidos y las cosas que para algunas generaciones tenían valor, para las nuevas generaciones no significan absolutamente nada. Hay que saber adaptarse o quedarse en el camino. Esa parece ser la ley de la selva hoy en día.
—¿Sentís que tu estilo de humor se modificó a lo largo de estos años? ¿En qué sentido?
Sí, claramente. Cuando veo videos de mis primeros años me da mucha vergüenza. Tengo que hacer un esfuerzo enorme para ser benevolente y no borrarlos. Uno va creciendo, va perfeccionando las técnicas y también se va volviendo una persona un poco más compleja y un poco más interesante, al igual que los temas y los ángulos desde donde los podés abordar. Esos temas van mejorando. A veces recuerdo chistes de mis primeros shows y no son cosas de las que esté orgulloso. Por otro lado, hay que tener una mirada complaciente; creo que el stand-up es casi un camino. Es casi un sacerdocio, entonces no podemos ser malvados en nuestra mirada hacia ese comediante que, hace 25 o 30 años, estaba dando sus primeros pasos.
—¿Cuál dirías que es tu marca como comediante?
A mí me gusta hacer comedia con cosas con las que habitualmente no se hace comedia; me gusta correr los límites y me gusta señalar injusticias. Pienso mucho acerca del porqué quiero ser comediante y por qué me dedico a esto. Tengo muy presente que el mundo es muy cruel y que la vida es muy cruel, es muy injusta para muchos, para la mayoría, y la comedia viene a igualar un poco eso cuando nos reímos de las situaciones en lugar de ponernos solemnes. El mundo se transforma en un lugar un poco mejor y la vida resulta un poco más fácil.

—¿Cuáles son los temas que más te cuesta abordar desde el humor y por qué?
Ya no hay temas que me cueste abordar porque no voy detrás de los temas. Si hay un tema que a mí no me convoca, es difícil que se me ocurra material acerca de ese tema. Por lo general, escribo sobre las cosas que me provocan; es difícil que me siente a escribir sobre un tema de manera forzada.
—¿En la vida cotidiana tenés buen humor o no tanto?
En la vida cotidiana tengo mis momentos; no soy el payaso que está siempre haciendo pasos de comedia… tengo mis días, pero tampoco soy un ogro. La verdad es que soy una persona bastante normal; mucha gente que no sabe a qué me dedico podría desconfiar de que soy comediante porque, honestamente, no me la paso haciendo chistes, aunque tengo mis momentos…
—¿Qué cosas te ponen de muy mal humor?
Que me cambien los planes de las cosas cotidianas; no hay nada que me moleste más que me cambien un plan, sobre todo si estaba bueno y era divertido. Si nos volvemos un poco más profundos, te diría que la injusticia, el maltrato, los abusos, el desorden, la basura.
—¿Hacés terapia?
Hice terapia durante casi 25 años y ahora estoy en un momento en el que siento que no necesito la misma periodicidad, así que cada tanto, cuando necesito hablar con mi terapeuta, tengo la libertad de poder hacerlo. También estuve indagando en otros mundos, como el del coaching, algo en lo que no creía y, la verdad, me sirvió mucho.
—¿Un sueño que todavía te gustaría cumplir?
Me gustaría protagonizar cine; es algo que siempre me gustó, me gustaría hacer personajes y ser parte de proyectos más colectivos. El stand-up muchas veces puede ser muy solitario.
—¿En qué crees?
En un montón de cosas. Creo en la gente, creo en el trabajo, creo en hacer las cosas de corazón, creo en que si todos estamos mejor, uno está mejor; creo que la vida es algo colectivo y no hay que olvidarse nunca de eso.
—¿De qué cosas estás seguro?
Que no hay nada más lindo en la vida que tener perros.
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