Junto al rey Guillermo Alejandro, brilló en la visita de Estado en Surinam
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Surinam se vistió de gala para recibir a los reyes de los Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima, en una visita histórica que marca el primer viaje oficial de un monarca neerlandés al país sudamericano en casi medio siglo. El motivo no podía ser más simbólico: celebrar los 50 años de independencia de la antigua colonia y abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales, con una agenda cargada de diplomacia, cultura y emoción. El matrimonio real aterrizó en Paramaribo, capital del país, el 30 por la noche y, desde el primer momento, se sumergió en una serie de actos oficiales. La jornada inaugural comenzó con una ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial, donde fueron recibidos por la presidenta Jennifer Geerlings-Simons. Tras los saludos, se celebró una reunión bilateral para reforzar la cooperación en áreas como turismo, educación, infraestructura y desarrollo urbano. Uno de los momentos más emotivos llegó cuando el Rey depositó una ofrenda floral ante la estatua Mama Sranan, símbolo del pueblo surinamés, antes de dirigirse a la Asamblea Nacional con un discurso en el que no eludió el pasado: “La historia de la esclavitud merece reconocimiento y reflexión”, afirmó, reiterando el compromiso de su país con la reconciliación. En un encuentro a puertas cerradas con representantes de comunidades indígenas y descendientes de personas esclavizadas, Guillermo Alejandro volvió a pedir perdón por el papel histórico de la Casa de Orange en la esclavitud, un gesto que fue recibido con palabras de aceptación y esperanza. Además, se anunció un fondo de 66 millones de euros destinado a proyectos sociales para estas comunidades, reforzando el mensaje de cooperación y sanación.
MÁXIMA, REINA DE ESTILO Y SIMPATÍA
Como es habitual, la Reina no pasó desapercibida. Para la cena de gala ofrecida en su honor, Máxima deslumbró con un vestido largo con doble escote y mangas tipo capa, una creación vaporosa que aportaba movimiento y sofisticación. El toque lo puso la tiara bandeau, una joya hisórica compuesta por veintisiete diamantes que perteneció al cofre de la reina Guillermina. Completó el look con sandalias altas, clutch a juego y un recogido impecable que dejaba lucir sus pendientes.




Durante el día, Máxima apostó por la frescura y el color: desde un vestido blanco con pamela de rafia para la ceremonia de bienvenida y un traje color fucsia drapeado para visitar el Tribunal de Justicia hasta un “vestido vitamina” con turbante y broche floral para su visita a Villa Zapakara, una fundación dedicada a la educación y el arte juvenil. Cada elección, pensada para el clima tropical, reafirmó su título de ícono de estilo.



Más allá de los looks y los gestos simbólicos, esta visita de Estado fue un puente entre dos naciones con una historia compartida y un futuro de cooperación. Como expresó el rey Guillermo Alejandro en su discurso: “Estamos deseosos de trabajar juntos, con respeto y esperanza”. Una frase que resume el espíritu de tres días donde la diplomacia, la memoria y la elegancia se dieron la mano en el corazón del trópico.

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