Esta casita en San Antonio de Areco fue reformada por una familia porteña para conquistar el sueño de una vida con menos ruido y más espacio para disfrutar los días.
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Una vida con tardes de siesta, paseos hasta el río en bicicleta y mesas con frutos de cosecha propia a una distancia que permitiera que sus afectos pudieran visitarlos por el día. Tras ese sueño fue Elisa con su familia. El deseo inicial era cambiar un poco de aire, pero al poco tiempo apareció esta propiedad en San Antonio de Areco, modesta, de pueblo, tal como la querían.

La reforma se hizo con la ayuda de los arquitectos Juan González Calderón y Gabino Alvelo, y, un año después, llegó el momento de la mudanza. Diseñadora textil, Elisa hizo gala de su experiencia y buen gusto con muebles de su casa anterior y con otros tantos en préstamo. Entonces su hija Julia tenía dos años y medio, y aquí fue creciendo.

La construcción me gustó desde el principio, antes de entrar incluso. Después, con la refacción, le fuimos dando más carácter; las celosías de chapa celeste fueron mi idea, me remiten al sur de Francia.”
— Elisa, dueña de casa
Interiores
“Tengo dos hermanas que se fueron a vivir al exterior y me dejaron muebles en préstamo”, nos contó Elisa durante esta producción en relación al contraste de estilos que reina en los interiores.

Para el living se eligió un piso de damero calcáreo que tomando el color del piso del comedor.

Sobre la salamandra de hierro (Tromen), escultura de la artista Martha Detry junto a una foto enmarcada de Goris Menéndez. Sillón Bergère con tapizado de estampa floral (De Levie), antiguas valijas de mimbre y almohadones de terciopelo (Linos del Pacífico) sobre el sofá.
Trueque de pisos
Originalmente, el living tenía un piso de granito que hubo que reemplazar. Para preservar su impronta dentro de la casa, se incorporó ese material en la mesada, la alzada y el piso de la cocina.

Hecha totalmente a nuevo, la cocina en L rodea el comedor diario con mesa con laterales rebatibles encontrada en una compraventa del cercano pueblito de Vagues. Las sillas escolares de fórmica, por su parte, se compraron en el Mercado de Pulgas de Dorrego.

Una lámpara colgante de los 60 pone la nota ecléctica, así como el pasaplatos circular cruzado por una barra de madera, que conecta con el comedor.
Los dormitorios
En el cuarto principal se hizo una intervención mínima; su estructura y disposición se mantuvieron. Como da sobre la esquina, se hicieron importantes cortinas que, además de bloquear las vistas, filtran el ruido de la calle.

Durante la reforma se amplió cuarto infantil avanzando sobre el jardín. Tiene piso calcáreo crudo y cortinas de pana verde con viso blanco adaptadas.

Los colores de la calma

Las canaletas del techo se unen en un conducto central para llevar el agua de lluvia al barril de madera. Pintoresco, además de evitar acumulación, es fabuloso para el riego de la huerta y el jardín.

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