Creador de la serie El método Scaloni, comparte detalles de la personalidad del entrenador que lo llevaron a generar confianza con el equipo y construir un éxito
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Con el comienzo del Mundial, una catarata de contenidos en relación con el torneo inunda las plataformas, redes sociales y medios. Dentro de esta avalancha se destaca la serie documental de tres episodios El método Scaloni, en la que los principales protagonistas de la conquista del Mundial de Qatar, con el entrenador en primer plano, dan testimonio y comparten detalles inéditos en un clima intimista que concita la atención del espectador.
El creador del contenido es el psicólogo social, sociólogo y director de la consultora BMC, quien compartió con LA NACIÓN su mirada acerca de los detalles del proceso de creación y de los aprendizajes que surgieron.
“La pasión por el fútbol es un legado de mi padre junto con mi amor por Lanús. Siempre me llamó la atención cómo se desplegaban las emociones y las conmociones alrededor de lo que pasaba en un campo de juego y. con el tiempo, fui estudiando el fenómeno desde la mirada de la psicología social, analizando e interpretando el fútbol como un laboratorio clínico para entender procesos de liderazgo, de conflictos y de identificación”, dice Fabián Jalife, autor de los libros Diseñar tu cambio y Tiempo para valientes.

—¿Cómo nació la idea de estudiar a Scaloni como caso de liderazgo?
-Surgió durante un proceso de coaching con el director general de una gran empresa con quien analizábamos casos de equipos de alto desempeño para tomar como referencia, y apareció la selección argentina. Mi hipótesis inicial fue muy simple: cuando un grupo sostiene resultados extraordinarios durante varios años, no puede ser producto de la casualidad. Nos movilizó intentar descubrir la lógica detrás de ese funcionamiento. Lo interesante es que al comienzo buscábamos una fórmula y terminamos encontrando algo mucho más complejo: un conjunto de principios, valores y comportamientos que se sostienen en el tiempo y que terminan generando una cultura.
Jalife relata con naturalidad un recorrido que a todas luces se muestra complejo por el desafío que significa juntar a Lionel Scaloni y su cuerpo técnico, pero además a figuras como Julián Álvarez, Emiliano Martínez, Leandro Paredes, Ángel Di María y Lionel Messi, entre otros, que dan testimonio en un clima de apertura y de complicidad.
“Sucede que a Scaloni lo conocimos en un trabajo que hicimos y ese contacto previo nos permitió llegar a él. Cuando le contamos nuestro interés por intentar descubrir cuáles eran las claves del “método” se entusiasmó mucho con la idea y él fue el facilitador que nos permitió llegar al resto. Todos se sumaron con mucha predisposición y eso nos brindó una primera señal de su liderazgo”, afirma Jalife.
—¿Qué encontraron cuando comenzaron a investigar?
“Lo primero que descubrimos fue que no había un método rígido ni una receta cerrada. De hecho, una de las características más llamativas de Scaloni es su capacidad para aprender y cambiar. Él mismo cuenta que cuando asumió estaba convencido de que debía construir un equipo vertical, porque era la tendencia que veía en Europa. Sin embargo, cuando empezó a trabajar con los futbolistas argentinos, se dio cuenta de que tenía jugadores de enorme calidad técnica y, sobre todo, tenía a Messi. Entonces hizo algo que muy pocos líderes hacen: abandonó una idea en la que creía porque la realidad le mostró otra cosa. Rompió con dos dogmas. El primero, que los equipos no deben construirse alrededor de un jugador. El segundo, que solo ganan los equipos verticales. Él decidió volver a una identidad más asociada a la tradición argentina de la posesión y el buen trato de la pelota. Algo que él llamó “volver a la nuestra”.
—¿Cuál fue el principal hallazgo que encontraron al estudiar a Scaloni?
“Que detrás de los títulos hay una construcción humana extraordinaria. Nosotros empezamos buscando claves tácticas, metodologías de entrenamiento, pero a medida que avanzábamos aparecía siempre lo mismo: la persona. Él está convencido de que un jugador que se siente bien emocionalmente va a rendir mejor. Y eso atraviesa todo. Cuando los jugadores hablan de él, no hablan de táctica, hablan de cómo los hizo sentir.
Los jugadores dicen que sienten que Scaloni desea genuinamente que les vaya bien. Parece algo menor, pero no lo es. Cuando sentís que quiere ayudarte a crecer, respondes de una manera completamente distinta.
“Scaloni representa algo completamente distinto. Es un hombre profundamente sensible. Llora, se conmueve, expresa emociones”
Lo interesante es que esto no surge de una teoría. Surge de una práctica cotidiana. De escuchar, de acompañar, de preguntar cómo está el otro. En definitiva, de construir una relación humana antes que una relación funcional.
Scaloni entiende que el rendimiento es una consecuencia y no el punto de partida. La mayoría de los entrenadores se obsesiona con el resultado, con la táctica o con la preparación física. Él también trabaja todo eso, pero antes construye las condiciones para que las personas estén bien. Hay una frase que sintetiza su mirada: si estamos bien, podemos competir contra cualquiera. Su obsesión es crear un entorno emocionalmente saludable. Y eso tiene consecuencias enormes porque cuando las personas se sienten valoradas, contenidas y respetadas, liberan una cantidad de energía que de otra manera queda atrapada en el miedo, la ansiedad o la presión”.
—¿Qué papel juega la confianza en ese esquema?
La confianza es el corazón del método. Si tuviera que elegir una sola palabra, sería esa. Todo el tiempo trabaja para construir confianza. Confianza con los jugadores, entre los jugadores y el cuerpo técnico, en el plan y en uno mismo.
Una escena extraordinaria es la de Gonzalo Montiel en la final. Venía de cometer una mano que terminó en el penal del empate francés. Estaba devastado, llorando, convencido de que por su culpa se podía perder el Mundial.
La lógica tradicional del fútbol habría dicho: este jugador está emocionalmente roto, saquémoslo de escena. Pero Scaloni piensa distinto. Le quita dramatismo y le dice que eso le podría haber pasado a cualquiera. Después le pregunta algo fundamental: “¿Estás para patear?”. No le ordena que patee, le pregunta. Montiel responde que sí, entonces Scaloni toma una decisión que resume toda su filosofía: confía en él. Esa confianza genera algo que en psicología organizacional llamamos seguridad psicológica.
—¿Cómo describirías el estilo de liderazgo de Scaloni?
Como una combinación muy poco frecuente de cercanía emocional y disciplina. Generalmente encontramos líderes muy afectivos, pero poco exigentes, o líderes muy exigentes, pero emocionalmente distantes. Scaloni combina las dos cosas. Los jugadores sienten una enorme cercanía con él, pero también saben que existen reglas y límites. Es una autoridad construida desde el vínculo y no desde el miedo.
—Vos hablás de la capacidad emocional de Scaloni. ¿Qué fue lo que más los sorprendió en ese aspecto?
Su sensibilidad. Crecí viendo a Menotti, a Bilardo, a Basile. El liderazgo en el fútbol estaba asociado a otra imagen de masculinidad. Era la épica del macho duro, del tipo que se imponía desde la fortaleza, desde la confrontación. Scaloni representa algo completamente distinto. Es un hombre profundamente sensible. Llora, se conmueve, expresa emociones.
Eso no lo vuelve más débil; al contrario, lo vuelve más humano y cercano. Creo que esa transformación cultural es tan importante como cualquier logro deportivo. Es una nueva manera de ejercer el liderazgo y creo que ahí está uno de sus grandes aportes.
—¿Qué importancia tiene el grupo dentro de la construcción de Scaloni?
“Total. Yo diría que es el centro del proyecto.
Hay una escena maravillosa que cuenta mucho sobre esto. Después de perder la titularidad en Qatar, Leandro Paredes podría haber reaccionado con frustración. Era un jugador importante y pasó al banco. Sin embargo, cuando Argentina sale campeona, uno de los primeros abrazos que busca es el de Scaloni; y después explica por qué. Dice que necesitaba agradecerle. Eso es extraordinario porque muestra que la relación estaba construida sobre algo más profundo que la titularidad.
Otro ejemplo aparece en la semifinal contra Croacia. Cuando el partido está prácticamente resuelto, Scaloni empieza a hacer ingresar jugadores para que todos puedan participar. Algunos podrían pensar que está asumiendo riesgos innecesarios. Pero él está enviando un mensaje: el equipo está por encima de las individualidades.
—¿Qué lugar ocupa la adaptabilidad dentro de ese método?
—Un lugar central. El fútbol está lleno de contingencias. Lo que distingue a los grandes equipos no es la calidad de sus planes, sino su capacidad para adaptarse cuando esos planes se rompen. Scaloni desarrolló un repertorio enorme de recursos para enfrentar la incertidumbre. Por eso hablo de una ventaja adaptativa. Argentina no entra en pánico cuando las cosas salen mal. Lo vimos contra Países Bajos, contra Francia y en muchísimos otros partidos.
Scaloni trabaja permanentemente para que los jugadores no queden atrapados por el trauma del pasado ni por la ansiedad del futuro. Busca que estén presentes. Eso explica por qué Argentina, después de sufrir un golpe emocional enorme, puede volver rápidamente al partido.
—¿Qué lugar ocupa Messi dentro de esta construcción?
“Un lugar central, pero muy distinto al que tuvo en otros ciclos. Scaloni entendió algo muy importante. Había que bajar a Messi del pedestal sin bajar su importancia. Había que convertirlo nuevamente en compañero. Hay testimonios muy interesantes sobre cómo De Paul y otros jugadores más jóvenes operaban permanentemente para sacarle peso de encima. Lo ayudaban a salir del lugar del héroe obligado a salvar a todos.
Y ocurrió algo hermoso. Los jugadores terminaron apropiándose del sueño de Messi, asumieron el rol de cuidar al ídolo y ayudarlo: lo vivieron como una inspiración.
Cuando uno observa las imágenes posteriores al penal de Montiel encuentra una escena reveladora. Muchos jugadores corren primero hacia el lugar donde se definió el partido. Pero rápidamente se dan vuelta y vuelven hacia Messi para celebrar con él. El sueño de Messi también se había convertido en el sueño de todos”.
—¿Por qué cree que esta selección conectó tanto en la sociedad argentina?
“Porque apareció en un momento donde gran parte de la sociedad sentía incertidumbre, cansancio y fragmentación, y de pronto emergió un colectivo que funciona. No es casual que la imagen simbólica haya sido la Scaloneta.
Humildad en lugar de arrogancia. Cooperación en lugar de egoísmo y por eso la conexión fue tan profunda”.
—Después de toda la investigación, si tuviera que resumir el método Scaloni en una frase, ¿cuál sería?
“Potenciar a las personas para fortalecer al grupo y, desde ahí, construir rendimiento, pero con humildad. Él nunca se presenta como el dueño de la verdad; es un aprendiz permanente. Escucha, acepta que puede equivocarse y está dispuesto a cambiar. Esa combinación de convicciones y aprendizaje es el núcleo más profundo de su liderazgo”.

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