
La mujer del número uno del mundo realiza una práctica innovadora y poco convencional que une lo mejor de los dos mundos: el deporte y la sanación
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Nunca pasa desapercibida: todo lo que Antonela Roccuzzo sube a sus redes sociales se convierte en tendencia y pasa a estar en boca de todos. Acostumbró a sus seguidores a que vean cómo es su vida 24/7: desde cuando pasa tiempo con sus hijos, hasta cuando entrena, participa de eventos de lujo o acompaña a Leo Messi en partidos.
Tanto ahí como en entrevistas que dio en el último tiempo dio a conocer algunos de sus secretos de salud. Entre ellos destacó la importancia de entrenar todos los días, de variar las actividades físicas que hace, comer alimentos naturales y orgánicos y priorizar el tiempo en familia.
“La organización es muy importante para mi familia. Nos levantamos muy temprano, llevamos con Leo a los chicos al colegio y me voy a entrenar”, confesó en diálogo con la revista Grazia. Para ella, todo se une: el ejercicio, la nutrición y la salud mental. “Es un estilo de vida”, aseguró.
Acroyoga: una de las actividades que practica Antonela Roccuzzo
Una de las actividades fit que se mostró haciendo es el acroyoga, una práctica milenaria que está causando sensación y curiosidad entre los ‘yoguis’. La técnica combina distintas disciplinas: el yoga, la acrobacia y el masaje tailandés.
Fusiona la intensidad de la actividad física con la calma del yoga y el masaje; exige realizar movimientos y posturas que desafían el equilibrio, la fuerza y la concentración. El resultado de su práctica es el alcance de un bienestar integral, tanto con uno mismo como con el entorno.
Dato a tener en cuenta: acroyoga relaja y alivia las contracturas.

¿Cómo es una clase?
Se practica en grupos de tres personas y propone realizar ejercicios de fuerza y flexibilidad combinando la acrobacia con el yoga mientras se trabaja la confianza con un otro para poder armar las posturas.
Son incontables los tipos de movimientos que se pueden hacer, uno de los más conocidos son los ‘vuelos’; allí uno de los integrantes del equipo permanece acostado en el suelo y actúa de base, con las piernas a 90 grados formando un ángulo recto. El segundo integrante, llamado ‘volador’, se ubica sobre los pies y manos de su compañero y permanece activo y rígido como una tabla. Si se trata de un nivel avanzado, se suelen alternar las posiciones. En tanto que el tercer participante suele asumir el rol de cuidador.
Por otro lado, están las poses terrenales, más simples y sencillas que no requieren permanecer en el aire, aunque para realizar las posturas de acroyoga hay que estar siempre concentrado y enfocado.
Las clases son dinámicas y muy activas. Arrancan con juegos de integración para romper el hielo y que las personas se conozcan y generen vínculos. Le siguen algunos ejercicios de movimiento corporal para después pasar al momento más esperado: las posturas características del acroyoga. Para terminar, una sesión de masaje tailandés para relajar los músculos y renovar la energía.

Al principio puede resultar un desafío por una cuestión de adrenalina. Jesús Montoya, profesor de AcroYoga Montreal y Masaje Thai, cuenta que la práctica potencia el desarrollo de la consciencia sobre el presente, fomenta el trabajo en equipo y educa el enfoque.
A esta lista también se suman otros beneficios: el fortalecimiento de la confianza, la amabilidad y la solidaridad. Para Eugenia Montefalcone, fundadora de Yoga Puro, los aportes son múltiples: “Te brinda destreza física, valores y permite generar un espacio lúdico que muchas veces se pierde con los años”.
Un dato no menor que la coach resalta es la idea de aprender a pensar no solo en uno mismo sino también en el otro y en la importancia de generar un espacio de confianza mutuo.
Una disciplina histórica
El acroyoga surgió en 2003 en San Francisco, Estados Unidos. Sus creadores Jason Nemer y Jenny Sauer Klein, vieron algo que hasta el momento nadie había percibido. Decidieron observar qué pasaba cuando una persona se paraba sobre los pies del otro.
Lo que arrancó como un juego, se convirtió en furor y en 2006, cuando tuvieron su propuesta diagramada, se pusieron manos a la obra y entrenaron a la primer camada de profesores.
“En esta disciplina se trabaja para aprender a desafiarse, para promover la empatía y para superar miedos a través del juego en equipo”, comenta Montoya.
Un método que une lo mejor de los dos mundos: el deporte y la sanación. Que conecta a las personas con el aquí y ahora, que potencia la destreza física y fortalece la mente y el cuerpo. Una propuesta para todos aquellos que quieran descubrirse, distenderse y vivir experiencias nuevas.
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