
Abuso
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La primera vez que el profesor de música Marcos Ledesma fue acusado de abusar de uno de sus alumnos fue en septiembre de 2013. Una madre lo denunció después de que su hija de cuatro años le contara situaciones inapropiadas que se vivían en las aulas. Con el paso de los días aparecieron nuevos casos en el jardín 914 de La Plata. Hoy, tiene 22 denuncias por abuso sexual agravado en su contra. En aquel entonces, sus víctimas tenían entre tres y cuatro años. Hoy, son preadolescentes que comienzan la secundaria. Desde la elevación a juicio, en 2017, la causa atravesó toda serie de delaciones, y a ocho años de los hechos el juicio de Ledesma, pautado para el 17 de febrero de este año, fue pospuesto porque el exmaestro recusó al tribunal. Mientras tanto sigue en libertad, excarcelado.
Natalia Paniagua todavía recuerda el día en que su hija, que tenía cuatro años, le contó lo que pasaba en las clases del profesor Ledesma: “Ella en un momento tuvo varicela, y cuando retomó las clases me dijo ‘el profe me extrañó, me dio muchos besos y golosinas’; también me contó que la había subido a upa”, relató Paniagua a LA NACION. “En ese momento me pareció sospechoso, pero unos días después la nena vino y me contó cómo Ledesma había llevado una batería a la escuela y le había pasado los platillos por la cola para que ‘sintiera la vibración’”.
Ese fue el comienzo del fin para Ledesma. Paniagua comenzó a contactarse con otros padres para advertirles lo que estaba ocurriendo. Al final de la tarde, otros cuatro chicos dieron testimonios similares. Al día siguiente el grupo de padres fue al jardín para tener una reunión, pero no obtuvieron respuestas desde la institución: “Ya sabían lo que estaba pasando. Le dijeron a Ledesma que no fuera ese día y a nosotros nos negaron todo, dijeron que era imposible que algo así ocurriera”, recuerda Paniagua.
El 11 de septiembre de 2013, el fiscal Álvaro Garganta, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°11 clausuró el jardín y realizó una inspección ocular. Allí se encontraron diversos objetos que coincidían con los relatos de los chicos. hubo un hallazgo siniestro: un dibujo realizado por uno de los niños para el día del Maestro en el que se veía a un hombre (identificado por el niño como ‘Marcos’) desnudo de la cintura para abajo. Ledesma, delegado del gremio educativo Udocba, era defendido por sus colegas: “Los maestros actuaban de una manera corporativa, no querían que avanzáramos sobre Ledesma, les echaban la culpa a los padres”, recuerda hoy el fiscal.
Como en ese momento ninguna de las víctimas era mayor de cinco años, tomar sus testimonios era complejo. El fiscal Garganta contó a LA NACION cómo fue recolectar sus testimonios: “Por la edad de las víctimas, el cuerpo técnico juvenil de la Asesoría Pericial de Buenos Aires decía que se trataba de un caso de psicosis colectiva de los padres, y que no se les podía tomar testimonio. Yo quise seguir investigando, contraté una psicóloga especializada e instalé una especie de Cámara Gesell en la fiscalía, con una cámara propia y cables que tuve que comprar. Así recolectamos esa evidencia que más tarde fue admitida en el juicio”.
Los niños relataron situaciones de toqueteos con el exprofesor de música, y abusos en al menos tres lugares del jardín: el Salón de Usos Múltiples, los baños y una casita de plástico símil madera ubicada en una esquina del patio donde, según los relatos de los chicos, Ledesma los llevaba de a uno. También dijeron que los había filmado tocándose entre ellos, y recordaban cómo se veía su cámara.
Desde entonces, la situación judicial de Ledesma enfrentó distintas situaciones: el 13 de septiembre de 2013 se ordenó su detención, pero al momento de ir a su domicilio no se lo encontró. Tenía ya cuatro denuncias por los cargos de abuso sexual gravemente ultrajante agravado y corrupción de menores agravada. El 16 de septiembre compareció ante la jueza Marcela Garmendia; presentó un pedido de eximición de prisión y obtuvo el beneficio de la libertad bajo caución juratoria.
Más adelante, cuando se sumaron otros ocho casos de chicos que supuestamente habían sido abusados, se lo requirió tres veces para informarle los nuevos cargos. Como faltó las tres veces, la policía tuvo que ir a buscarlo para que compareciera. La Cámara de Apelaciones de La Plata decidió ordenar su detención el 29 de diciembre de 2015, pero hasta el 11 de enero no se lo pudo encontrar porque estaba en Pehuajó. La detención se hizo efectiva el 18 de febrero de 2016, y Ledesma fue trasladado a la Alcaidía Petinatto, de La Plata.
Una vez detenido, su abogado presentó un pedido de morigeración para que cumpliera la prisión preventiva en su domicilio, alegando peritajes que decían que Ledesma estaba deprimido y con intenciones suicidas; le fue concedida. Cumplió la prisión en su casa con una tobillera electrónica hasta el 31 de octubre de 2018, cuando la misma Cámara de Apelaciones que había ordenado su detención decidió liberarlo porque consideró que había pasado demasiado tiempo detenido sin condena y que no podría entorpecer la causa dado que la etapa de instrucción ya estaba terminada.
A partir de entonces, Marcos Ledesma está en libertad. Para describir al personaje se pueden leer las conclusiones de uno de los peritajes hechos sobre él por la perito oficial de Procuración General de la Suprema Corte bonaerense, al que accedió LA NACION: “El entrevistado presenta una organización de personalidad límite con componentes narcisistas y perversos, compatible con una modalidad de relaciones interpersonales psicopáticas cuya finalidad es depositar en el otro todos sus aspectos destructivos y persecutorios”.
La causa fue elevada a juicio por el fiscal Garganta en mayo de 2017, y el día agendado para el comienzo del juicio era lejana: el 17 de febrero de 2021. Sin embargo, esa fecha llegó, pero el juicio no empezó: Ledesma logró posponerlo cambiando a sus abogados y, más tarde, recusando al tribunal. Hoy, la fecha del comienzo del debate es incierta. Y mientras se resuelve el planteo, el exprofesor sigue en libertad.
“Para nosotros es un golpe más, porque además de que nos pusieron el juicio en 2021, llegó la fecha y a Ledesma se le ocurrió cambiar sus abogados y recusar al tribunal. Legalmente puede hacer ambas cosas, pero ¿No se le ocurrió antes?”, se pregunta Natalia Paniagua, que cree que Ledesma está “jugando las cartas que tiene porque sabe que va a terminar preso por mucho tiempo”.
Como las víctimas son varias, las condenas mínimas y máximas se suman, y resultan un conteo de 90 a 307 años de prisión. Pero, en caso de ser declarado culpable, el Código Penal argentino prevé que la suma en el concurso de delitos no podrá exceder de 50 años de reclusión o prisión. Para el fiscal Garganta, las pruebas reunidas son “sólidas como para lograr una condena”, aunque reconoció que la demora judicial es “uno de los problemas estructurales de la Justicia argentina”.
Mientras tanto, los chicos supuestamente abusados por Ledesma crecen enfrentando los traumas que les dejaron los episodios denunciados ocho años atrás: “Mi hija tuvo desórdenes alimenticios, intentos de suicidio, y varios chicos tuvieron situaciones similares. Les cuesta mucho entender esta demora, como la justicia no llega y ellos no son capaces de hacer el cierre”, expresó Natalia Paniagua a LA NACION.




