Balearon en la cabeza a una niña de 13 años, al quedar atrapada en medio de un tiroteo entre narcos
Tras la balacera, el sacerdote Nicolás Angelotti lanzó un duro diagnóstico sobre la situación en La Matanza: “En el mismo lugar donde se compartía la alegría, donde los chicos jugaban y celebraban la vida, el narcotráfico desató un tiroteo desenfrenado”
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Una niña, de 13 años, lucha por su vida luego de haber sido baleada en la cabeza mientras jugaba en una plaza del partido de La Matanza. Según fuentes policiales, el violento episodio ocurrió el sábado a la tarde en la intersección de Crovara y El Pindo, de Ciudad Evita.
Antes que la niña cayera en el piso, los testigos escucharon una ráfaga de disparos, que habrían sido producidos durante el tiroteo entre bandas narco que pelean por lugares en las esquinas para vender droga en la zona del asentamiento Puerta de Hierro.
Debido a que no hubo denuncias de robo, los investigadores policiales abonaron la hipótesis que uno de los balazos disparados por grupos dedicados al narcomenudeo hirió en la cabeza a la menor que jugaba en la plaza situada a casi una cuadra del lugar donde se produjo el enfrentamiento.
La niña, que habría sido identificada por su nombre de pila, Emilia, fue llevada a la sala de pediatría de la obra del Padre Nicolás Angelotti.
La menor llegó consciente a dicho centro asistencial, donde la estabilizaron y la derivaron de urgencia al Hospital de Niños.
“El 4 de abril por la tarde del Sábado Santo, mientras cientos de chicos y chicas celebraban la Pascua en el predio de las 3T, sobre Crovara, frente a Puerta de Hierro, la vida y la muerte se cruzaron de la forma más injusta. En ese mismo lugar donde se compartía la alegría, donde los chicos jugaban y celebraban la vida, el narcotráfico desató un tiroteo desenfrenado”, expresó en un mensaje a su comunidad, el padre Angelotti.
El trágico episodio ocurrió en la misma zona donde el 4 de junio pasado fue baleado Thiago Correa, el niño de 7 años, que estaba en los hombros de su padre mientras esperaba el colectivo, en el cruce de Crovara y la calle 700. El niño fue herido en la cabeza por un policía que se enfrentó a un grupo de ladrones que asaltó a su madre. Thiago murió después de agonizar durante tres días.
“En medio de una balacera, una bala calibre .22 atravesó ese espacio y fue a dar en la cabeza, precisamente en la nuca de Emilia, una nena de 13 años, que vive y se cría en uno de los hogares de menores de nuestra parroquia con tres de sus hermanitos porque la droga le rompió la vida a su papá y a su mamá. Lo que pasó después también habla de quiénes somos. La comunidad, sin dudarlo, la cargó sobre sí y la llevó al hospital. Los hospitales respondieron con rapidez, profesionalismo y humanidad. En el día de Pascua de Resurrección, Emilia está viva. Se salvó de milagro. Es creer o reventar. Y damos gracias a Dios por eso”, agregó el sacerdote en el mensaje a su comunidad.
Hasta el momento no hay detenidos por el ataque a balazos que derivó en la seria herida sufrida por la niña de 13 años. En las últimas horas los investigadores policiales y judiciales se abocaron a la tarea de identificar a los protagonistas del enfrentamiento, mediante la revisión de imágenes de cámaras de seguridad y declaraciones de testigos.
“Desde lo más hondo queremos decir algo que no puede quedar tapado por el milagro: nosotros no queremos vivir por milagro, queremos vivir por dignidad. Porque nuestra vida vale. Lo que pasó no es un hecho aislado. Venimos sufriendo tragedias de muertes a diario, nos cansamos de ver a nuestros jóvenes hechos un mural porque se los llevó una bala”, sostuvo el sacerdote en su mensaje.
A no más de 800 metros de la plaza en la que balearon a Emilia, el 19 de septiembre pasado fueron vistas por última vez Brenda Loreley del Castillo, Morena Verdi y Lara Morena Gutiérrez, de 20 y 15 años.
Los cuerpos de las tres jóvenes fueron hallados cuatro días después en una casa de Florencio Varela. Fueron secuestradas en Crovara y La Quilla y trasladadas a esa vivienda donde las torturaron y las mataron en medio de un ajuste de cuentas entre bandas de narcos peruanos.
“No puede ser normal que nuestros espacios de comunidad y vida, escuelas y centros de abuelos estén llenos de agujeros por impactos de bala. Es escandaloso ver la cantidad de armas que mafias adultas ponen en las manos de chicos de nuestros barrios como si fueran un juguete. Causa profundo dolor ver a los hijos de familias tan sacrificadas y trabajadoras que ven cómo su hijo se les está muriendo poco a poco por la droga”, expresó el padre Angelotti.
Esa realidad expuesta por el sacerdote se pudo observar durante recorridas realizadas por este cronista en la zona.
Se pudo observar el abandono, se ratificó la falta de patrullajes y la deficiente tarea policial. Por ejemplo, en la rotonda de La Tablada, sobre Crovara había uniformados en motos, pero en posición pasiva, sin recorrer la zona. A pocos metros, tres efectivos de la Gendarmería con chalecos antibalas y escopetas marcaban presencia, pero no controlaban a nadie y carecían de capacidad de respuesta ante un hecho de violencia.
En tanto que a dos cuadras, en la misma avenida se podían observar a jóvenes que se llevaban a sus caras papeles similares a los que se usan como envoltorios de cocaína. Ningún policía se ocupó de perseguir al transa que vendía drogas.
Durante una de esas recorridas realizada por LA NACION el mes pasado en algunas zonas de La Matanza quedó expuesta la falta de vigilancia con ausencia de patrulleros, la acumulación de basura junto a algunos puestos policiales y la presencia de barricadas armadas por los delincuentes para asaltar a los automovilistas, en Crovara, una de las principales avenidas de La Matanza.
En ese momento se había vivido un pico de violencia en el distrito más poblado del conurbano, con tres asesinatos en un día. En esas 24 horas fueron asesinados, el docente y chofer de una aplicación de viajes, Cristian Pereyra; el remisero Eduardo Gómez, el adolescente Ángel Dávila y un transa de drogas, identificado como Daniel Coronel. El delito pavimentó su camino de sangre con otro crimen pocos días después, ya que 48 horas después de esa sucesión de crímenes se registró el asesinato de Facundo González, un joven de 19 años, fue baleado mientras participaba de una fiesta de cumpleaños en González Catán. Agonizó durante doce horas y falleció a raíz de la gravedad de las lesiones provocadas por el proyectil que lo hirió en el abdomen.
El efecto de las balaceras
Luego del tiroteo entre bandas que provocó la grave herida a la menor que jugaba en una plaza, el padre Angelotti emitió un mensaje público para alertar sobre la realidad cotidiana que enfrentan los vecinos de su barrio.
“Vergüenza tendría que dar a los ‘arruina guachos’ que le venden pasta base a niños de 10 años, huérfanos de todo cuidado como así también a personas que han quedado discapacitadas en silla de ruedas por tantos años de violencia y consumo. Triste es ver nenas adolescentes que iban a la escuela como son explotadas sexualmente sobre Crovara para después entrar a comprar paco. Mucho dolor y mucha bronca da ver a un trabajador que sale de madrugada y es asesinado por un celular que después se canjea por pasta base”, aseveró el sacerdote.
“El narcotráfico está despenalizado de hecho en nuestros barrios”, dijo Angelotti, lanzando una dura advertencia sobre la situación que se vive en La Matanza.
“Cuando el Estado se corre de esta problemática,- expresó el sacerdote- el narcotráfico crece. Y cuando crece, no solo vende droga. Se mete en la vida del barrio, organiza desde la violencia y se lleva a los más pobres, a los más indefensos, a nuestros chicos y jóvenes, mientras otros se enriquecen con su sangre.”
Y se preguntó: “¿Cómo puede ser que a metros de puestos de policía y Gendarmería siga creciendo el narcotráfico mientras todos los vecinos sabemos dónde está el problema?”.
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