Cayó Sebastián Marset, el narco fantasma detrás de los grandes cargamentos de cocaína que pasan por la Hidrovía
De nacionalidad uruguaya y de 34 años, está acusado de ser uno de los autores intelectuales del homicido del fiscal Marcelo Pecci, asesinado durante su luna de miel
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Sebastián Marset, el capo narco detrás del tráfico fluvial de drogas, se había convertido en un fantasma. Llevaba casi tres años prófugo. En las últimas horas fue detenido en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Está acusado de ser uno de los autores intelectuales del homicidio en Colombia de un fiscal durante su luna de miel.
Así lo informaron a LA NACION fuentes oficiales. En la Argentina no figura como buscado en alguna causa originada en nuestro país, pero sus movimientos provocan siempre un interés particular de los investigadores.
La especialidad de Marset, según se desprenden de expedientes judiciales, es mover embarques de drogas en las bodegas de barcos que tienen un largo recorrido fluvial antes de poner proa hacia grandes mercados de consumo de cocaína.

Estaba prófugo desde julio de 2023. Es un hombre clave dentro de la logística del tráfico de drogas por la Hidrovía. Al menos desde 2021, desde los puertos cercanos a Asunción, y por medio de esa autopista fluvial, salieron más de 40 toneladas de droga que terminaron siendo secuestradas en Bélgica y Holanda.
Está acusado de ser uno de los autores intelectuales del crimen del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, que fue ejecutado por sicarios colombianos y venezolanos el 10 de mayo de 2022 en la isla de Barú, en Colombia, donde se encontraba de luna de miel.
En julio de 2023 logró escapar de un operativo de 2200 policías que lo buscaban en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.
Había sido detectado en una mansión donde vivía desde hacía 10 meses en una zona que es una de las principales productoras de cocaína del mundo.
Marset tiene pedidos de captura de tres países –Uruguay, Paraguay y Bolivia– y es requerido por los Estados Unidos, a través de su agencia antidrogas, la DEA.
El narco uruguayo, que tiene tatuada en una de sus muñecas la sigla PCU (por Primer Comando Uruguayo), habría ingresado a Bolivia después del homicidio de Pecci, según informaron ayer autoridades bolivianas.
Marset había salido de Paraguay, donde estaba bajo la lupa del fiscal asesinado en el marco de una investigación por lavado de dinero, una de las más grandes de la historia de ese país, causa conocida como Ultranza PY. Investigadores de la Secretaría Antidrogas de Paraguay situaban a Marset y a su familia en Santa Cruz de la Sierra.
Marset es un narco con aires de magnate, de gustos estrafalarios.Tiene 34 años. enfrenta pedidos de captura de cinco países. Su esposa, Gianina García Troche, fue detenida en agosto de 2024 en el aeropuerto de Barajas, en Madrid.

En la Argentina aparecieron cargamentos de cocaína con el logo de PCU, organización que se adjudica liderar Marset, quien se encuentra prófugo, después de protagonizar una huida cinematográfica en Bolivia, cuando fueron allanar la mansión en la que vivía y logró escapar con su familia.
Usa a su PCU como una franquicia del poderoso Primer Comando Capital, que se expande desde hace más de 20 años desde Brasil. Es una “hermandad criminal” –como la definió el escritor y sociólogo Gabriel Feltran en su libro Irmãos– que nació como una especie de “sindicato” desde las cárceles de San Pablo, donde tras una serie de matanzas internas los reclusos empezaron a reclamar mejores condiciones de alojamiento.
El líder de esa “hermandad criminal” nacida en San Pablo es Marcos Willians Herbas Camacho. “Marcola” tiene 57 años y está preso desde 1999, condenado a más de 300 años de prisión.
Logró construir una organización criminal “moderna”, en redes, que moldeó con la ayuda de las nuevas tecnologías, sobre todo los smartphones y las aplicaciones de mensajería. Creó la red de presos más grande del mundo. Así consiguió estar en contacto con miles de “hermanos” en las cárceles a partir de comunicaciones encriptadas; creó una red gigantesca, con un liderazgo fuerte en las prisiones de Brasil y otros países de la región, como Paraguay, Bolivia, Uruguay y de manera incipiente en la Argentina. El PCC es hoy la organización criminal más grande de Sudamérica, y en parte, se debe, a los teléfonos celulares.
Marcola se presenta aún hoy como una especie de profeta. Se jacta de ser culto. “Yo leo mucho; leí 3000 libros, entre ellos al Dante”, dijo en una de las últimas entrevistas que dio, antes de ser enviado a otra cárcel con mayor seguridad en 2019, a la prisión de Porto Velho, en el estado de Rondonia, cerca del Amazonas.
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