
"Gatillo fácil". Blas y Joaquín, dos vidas jóvenes segadas por balas policiales
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CÓRDOBA. Con una diferencia de menos de tres meses, las vidas de dos adolescentes cordobeses de 17 y 15 años fueron truncadas por balas policiales. Las historias de Blas Correas y Joaquín Paredes tienen puntos en común, más allá de su trágico final. Por ambos asesinatos hay 18 policías imputados y diez detenidos; los peritajes ya determinaron que las balas que terminaron con los sueños de los jóvenes salieron de armas reglamentarias. Y el gobierno provincial se vio obligado a remover la cúpula policial -incluida la designación de una mujer al mando, por primera vez en la historia de la provincia-, revisar los protocolos de actuación de sus efectivos y prolongar la formación para intentar evitar nuevos casos de "gatillo fácil" y acusaciones de violencia institucional.
Blas y Joaquín eran hinchas de Belgrano de Córdoba; a ambos les gustaba el fútbol. Blas fue, incluso, enterrado con la camiseta del "Pirata", al que seguía en cada partido. Joaquín, a principios de este año, había viajado desde su Paso Viejo natal (un pueblo del norte provincial, en el departamento Cruz del Eje) a la capital para probarse en un par de clubes. La irrupción de la pandemia y el hecho de que extrañara tanto fueron determinantes para que regresara a su tierra.

Ambos cursaban el secundario y eran buenos alumnos; los dos seguían las clases virtuales por las restricciones derivadas de la pandemia. Blas iba al sexto año del Colegio San José y sus compañeros, conmocionados, lo despidieron con una carta abierta:"Somos la promo 20 del Colegio San José 'Infomática', la promo que por un virus no tuvo festejo, pero que tampoco lo va a tener porque estamos de luto, estamos tristes, enojados, indignados; hoy como curso nos tocó recibir la peor noticia, nos quedaban muchas cosas por vivir juntos y no hay palabras para describir esta injusticia que nos toca vivir tan de cerca. Nos quedamos con tus bromas, las salidas, tu sonrisa, todos los momentos juntos adentro del aula. Nos toca recordarte como la gran persona que eras y pedir justicia por nuestro compañero".
El mismo dolor, la misma rabia cargaron las palabras de los amigos y compañeros de Joaquín en el tercer año en el IPEA 306, Amadeo Sabattini. "Mataron al mejor de nosotros", dijeron en el cementerio del pueblo. Los acompañó una antigua maestra, Daiana Reinoso, quien leyó su mensaje en la despedida final:"¿Qué razones tiene la muerte para instalarse entre nuestros jóvenes? Pedimos memoria, verdad y justicia. Que nadie vaya dejando balas en el camino. Un policía mató a un pibe y lo dejó tirado, y siguió tirando. Hoy todos somos Joaquín".
Blas fue a comer una pizza con unos amigos y regresaba en un auto con otros cuatro cuando el vehículo intentó esquivar un control policial y dos policías -de cuatro que estaban en el retén- abrieron fuego. Los agentes efectuaron varios disparos y uno dio en la espalda del joven, después de atravesar la luneta trasera del coche. El conductor se paró en una clínica céntrica, donde no quisieron atender al chico herido, y cuando iban rumbo al Hospital de Urgencias la policía los frenó. Allí murió Blas.

Los agentes dijeron haber encontrado un arma que supuestamente habían tirado los chicos del auto al escapar del retén. Pero en la investigación se determinó que había sido "plantada". Lucas Gómez, el policía acusado de ser el autor material del disparo que mató a Blas, sostuvo en su indagatoria que pensó que la víctima y sus amigos eran delincuentes y que decidió abrir fuego con su arma reglamentaria porque había escuchado dos tiros.
Otra salida, otra tragedia
Joaquín también fue a comer unas pizzas con amigos, el sábado 25 de octubre a la noche; después, decidieron seguir "escuchando música y tomando vino" en la plaza de Paso Viejo. Cerca de las cuatro de la madrugada llegó un patrullero, intentó dispersarlos y, según testigos, "uno se puso loco y empezó a disparar". El proyectil le ingresó al chico por la espalda. Como había ocurrido con Blas en agosto, los propios amigos del herido procuraron conseguirle ayuda urgente, pero sin éxito: sus compañeros lo llevaron al dispensario, pero la enfermera a cargo no salió. Murió afuera. La reacción de los jóvenes fue atacar a pedradas a la comisaría y al centro de primeros auxilios.
Horas después del hecho, la hermana de un policía detenido dijo que los jóvenes tenían un arma y que habían atacado a los agentes. La misma excusa que en el caso de Blas. La investigación determinó, ahora también, que los adolescentes no estaban armados. La fiscal a cargo de la causa afirmó que ya se determinó que fue una bala policial la que mató a Joaquín.
Soledad se llama la mamá de Blas Correas; Soledad se llama la mamá de Joaquín Paredes; no hay que jugar con la idea de que su nombre les marca un destino. Nunca dejarán de llorar y de extrañar a los que perdieron, pero tienen más hijos que las acompañan.

Soledad Laciar, la madre de Blas, está embarazada. "Quiero recordarlo en paz, sin rencor –dijo a LA NACION a las pocas horas del crimen–. Quiero creer que hay más policías buenos que malos, más avergonzados por esto, por quedar 'pegados' sin tener nada que ver".
"Que se haga justicia", pidió Soledad, la mamá de Joaquín. La acompañaban su papá, Esteban, y Manuel, su tío, ambos policías jubilados. En el cementerio sostenía entre sus manos la foto de Joaquín, esa en la que él la tenía abrazada a ella.
Reacción oficial
Después del asesinato de Correas, el gobierno de Córdoba demoró en reaccionar. Ese "gatillo fácil" determinó la remoción de la cúpula policial del distrito de la ciudad de Córdoba y el jefe de la fuerza, Gustavo Vélez, publicó un comunicado en el que admitió que había que "restaurar la confianza de la sociedad en su policía" y calificó de "aberrante" la actuación en el caso Correas, "que denigra a la policía como institución democrática y, fundamentalmente, lesiona la honra y la dignidad de miles de policías que cumplen cotidianamente con su deber de servir a la comunidad, honrando el uniforme de nuestra institución". A menos de tres meses de aquella afirmación, sin embargo, ocurrió otro caso similar.
Tras el crimen de Paredes, el gobernador Juan Schiaretti ordenó ese mismo día al ministro de Justicia, Julián López, que se contactara con la familia. Y sin la presencia del mandatario, pocas horas después se presentó un nuevo protocolo de actuación policial que sigue el modelo del de Canadá: prohíbe el uso del arma de fuego "cuando lo único que está en riesgo es un bien material o se trata de una parada preventiva o para disuadir, conductas tan habituales y enraizadas en el servicio".
Alfonso Mosquera, ministro de Seguridad, aseguró: "Reafirmamos la convicción de que el derecho superior de toda persona es la vida; por eso este protocolo ratifica, una vez más, el uso de arma de fuego como una excepción y solo cuando median cuestiones importantes y legislaciones expresas".
El sábado Schiaretti designó al frente de la fuerza, por primera vez, a una mujer. La comisaria general Liliana Rita Zárate Belletti será la nueva jefa, en reemplazo de Gustavo Vélez, quien pasó a retiro. Además, se anunció que la formación policial se extiende de 14 meses a tres años.


