Funerales tumberos en la era de las redes sociales

Incidente en el cementerio de Lomas de Zamora
Incidente en el cementerio de Lomas de Zamora Crédito: Imagen de video
La despedida final de un ladrón adolescente puede derivar en un cortejo de violencia que los participantes registran con las cámaras de sus celulares para construir una identidad grupal
Gustavo Carabajal
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12 de octubre de 2019  

Desde Néstor "Sopapita" Merlo hasta Yoel, el ladrón adolescente que murió al atacar al médico Ernesto Crescenti, los rituales en que los cómplices de los asaltantes despiden a balazos al compañero abatido durante un asalto se han repetido en la historia criminal argentina de los últimos 23 años. Se trata de una costumbre que se originó en Colombia en los sepelios de los narcos y que se instaló en la Argentina.

Pero en el caso del sepelio del asaltante de 19 años que murió tras chocar la moto en la que huía después de robarle la mochila a una joven y que fue sepultado el martes pasado en el cementerio de Lomas de Zamora, quedó al descubierto una nueva modalidad en los funerales tumberos.

En la actualidad, los celulares reemplazaron a las armas y los cómplices del ladrón abatido sacan fotos, graban el ritual y lo difunden por las redes sociales. Aunque no hay balazos, estos nuevos sepelios tumberos son igual de violentos.

El martes pasado algunos de los asaltantes que acompañaban el cortejo que llevaba los restos de Miguel Rapetti al cementerio de Lomas de Zamora, en lugar de disparar sus armas, como en los casos de Sopapita Merlo y Yoel, se dedicaron a amenazar y agredir a los transeúntes que se les cruzaron en las diez cuadras que recorrieron desde la casa del joven fallecido hasta la necrópolis.

Al llegar al cementerio las agresiones contra la gente siguieron y al mismo tiempo grabaron la violencia registrada en las diez cuadras que recorrió la caravana hasta el camposanto, donde sepultaron los restos de Rapetti, de 18 años.

No lo sabían, pero los malvivientes y sus parejas no eran los únicos que tomaban imágenes. En el centro de monitoreo de la Secretaría de Seguridad de Lomas de Zamora, a través de las cámaras de seguridad, vieron la violenta caravana y alertaron al personal del cementerio. Entonces, los empleados avisaron a los comerciantes, que lograron cerrar los puestos. Al mismo tiempo, los efectivos de la policía bonaerense se adelantaron para contener a los delincuentes. De no haber existido esa alerta temprana, el cementerio hubiera sido copado por los motociclistas.

Si bien el muchacho fallecido no tenía antecedentes y su familia negó que fuera motochorro, fuentes policiales informaron que en el lugar del accidente donde murió Rapetti hallaron una mochila que minutos antes le habían robado a una joven, de 19 años, en la esquina de Plumerillo y Nápoles, en Villa Fiorito.

Durante el sepelio, la madre de Rapetti responsabilizó a los cómplices de Ariel Pintos, el conductor de la moto, por el trágico accidente en el que murió su hijo.

Vecinos en alerta

A partir de la reconstrucción del trágico episodio, los investigadores policiales establecieron que Rapetti viajaba como acompañante en la moto Honda Tornado cuando Pintos, también de 18 años, perdió el control y chocó contra un camión en el cruce de La Haya y Plumerillo.

La moto había sido robada en Villa Fiorito el 24 de septiembre pasado. La imagen del sospechoso fallecido al lado de la moto se difundió el fin de semana pasado en la redes sociales de algunos grupos de vecinos de Lomas de Zamora que intercambian información sobre autores de asaltos en la zona.

Pintos resultó herido y fue trasladado al Hospital Gandulfo, donde permaneció internado durante tres días. Cuando se curó de las lesiones, fue trasladado a una comisaría de Lomas de Zamora, acusado del homicidio culposo de su amigo Rapetti y del robo de la mochila de la joven de 19 años.

Al contrario de Rapetti, en el caso de Pintos el prontuario tiene cuatro páginas. Además, no fue la primera vez que Pintos chocó la moto en la que escapaba después de cometer un robo. A principios de junio pasado el acompañante de Pintos, identificado como Nicolás, resultó ileso cuando chocaron la moto en la que escapaban en Zapata al 200. Según fuentes policiales, Pintos conducía el vehículo cuando colisionaron contra un Volkswagen 1500 en el momento en que huían después de robarle la mochila a una mujer identificada como Laura.

Aunque estuvo a punto de perder la vida, el choque no modificó la conducta de Pintos. Según fuentes policiales, fue apresado nuevamente el 15 y el 26 de junio. En la última oportunidad Pintos estaba acompañado por diez cómplices, a los que se identifica por sus nombres de pila ante la posibilidad de que sean menores: Jonathan, Gabriel, Enzo, Nahuel, Elías, Cristian, Gonzalo, Héctor, Lucas y Brandon.

La policía sospecha que Pintos y sus cómplices formarían parte de una banda que, según las circunstancias, atacan en la modalidad piraña o asaltan de la manera clásica: dos ladrones en una moto, uno conduce y el otro concreta el arrebato.

Fuentes policiales indicaron que la mayoría de los sospechosos que fueron detenidos con Pintos en junio pasado habrían participado en el funeral tumbero de Rapetti.

María del Carmen y Gabriela, dos comerciantes que tienen los puestos de venta de flores en uno de los accesos al cementerio, afirmaron que nunca habían visto semejante despliegue de motociclistas y de violencia.

Escenas online

El antecedente más cercano de un funeral tumbero se registró el 22 de marzo pasado, en la Villa Zavaleta, los cómplices y amigos de Yoel Zelaya despidieron con balazos los restos del asaltante abatido durante el ataque contra el doctor Crescenti en Parque Chacabuco.

Dos días después, efectivos de la Policía de la Ciudad y de la Prefectura apresaron a dos de los malvivientes que abrieron fuego cuando pasaba el cortejo fúnebre. Los rostros de los tiradores habían quedado grabados en las imágenes que los vecinos captaron con sus celulares y, luego, difundieron por redes sociales.

A Víctor Raúl Robles lo mataron cuando tenía 18 años. Según fuentes policiales, formaba parte de la banda de asaltantes que se dedicaba a robar motos y celulares. Una de las víctimas elegidas por los delincuentes fue un hombre que circulaba en moto en un barrio de la periferia de San Miguel de Tucumán. El motociclista se identificó como policía, se produjo un tiroteo y mató a Robles.

Los compañeros del ladrón abatido organizaron un cortejo fúnebre que pasó por el estadio Monumental José Fierro, donde juega de local Atlético Tucumán. Allí dispararon balazos al aire e ingresaron en el predio con el ataúd de Robles. Por entonces, desde el club se desvincularon del hecho y afirmaron que los malvivientes irrumpieron por la fuerza en el estadio.

Villa Madero fue escenario de otro funeral tumbero. En abril de 2017, un asaltante, de 19 años, robó un Audi A1 en Villa Lugano. El propietario del vehículo alertó a la empresa prestadora del servicio de rastreo satelital que localizó el rodado y avisó a la policía. Rodeado por los uniformados que lo persiguieron luego que abandonó el Audi, el joven asaltante se disparó un balazo en la boca. Dos días después, sus vecinos de la calle España, en Villa Madero, dispararon balazos al aire cuando pasaba el cortejo fúnebre.

Sopapita Merlo fue el primer caso del funeral tumbero de la reciente historia criminal argentina. El 10 de mayo de 1996 intentó asaltar un quiosco en Villa Pineral. El dueño del local, de nacionalidad boliviana, se defendió con una maza de albañil, de dos kilogramos y mató a Merlo y a su novia y cómplice, Fany Ruiz.

Los restos de Sopapita y de su pareja fueron inhumados luego de ser despedidos con salvas de balazos disparadas por sus amigos y vecinos de la villa El Mercado, en el partido de Tres de Febrero. El día anterior al funeral tumbero de Sopapita, varios amigos del ladrón dispararon contra la casa del quiosquero e hirieron de un balazo al periodista Enrique Osvaldo Sdrech, que realizaba la cobertura informativa para el noticiero de Canal 13.

A Merlo lo llamaban Sopapita porque, según un policía que lo había apresado dos años antes, "era flaco, tenía el pelo negro y chupaba". Era adicto a la cocaína y habría cometido varios homicidios.

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