Matías Miret: "Vuelvo a vivir"

Era el copiloto del jet que, con 944 kilos de cocaína, partió de Ezeiza con destino a Barcelona; ayer fue liberado tras casi dos años de prisión; los hermanos Juliá, dueños del avión, siguen en la cárcel
Mariano Gaik Aldrovandi
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12 de diciembre de 2012  

Matías Miret dice que sabía que iba a ser liberado. Pero tanto ansiaba el momento de salir de la cárcel, tanto extrañaba su "verdadera vida", que ayer, cuando su sueño se hizo realidad y pudo abandonar la cárcel modelo L'eixample de Barcelona, no le alcanzaban los brazos para abrazar a sus hijas y a su esposa.

El piloto estuvo imputado y detenido desde el 2 de enero de 2011 por el hallazgo de 944,5 kilos de cocaína en el exclusivo jet Bombardier Challenger 604 de los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, al aterrizar en el aeropuerto de El Prat, de Barcelona, España.

Pero según dijo desde el inicio de la causa, y tal como intentó demostrar en el juicio celebrado desde el 4 del actual en la Audiencia Provincial Sección Octava, él no tenía conocimiento de la existencia de la droga.

En diálogo con LA NACION el piloto dijo que aunque la noticia lo sorprendió estaba convencido de que su situación se iba a aclarar.

-¿Cómo se siente en libertad?

-Medio raro; todavía no lo puedo creer. Estaba en un lugar feo y ahora me siento espectacular, con mi familia. Todavía no me acostumbro a esta sensación. Las veces que salí de la cárcel fue con un operativo de seguridad, no veía nada. No conocía más que la cárcel y el tribunal.

-¿Cómo fue el reencuentro con su familia fuera de la cárcel?

-Cuando los vi nos abrazamos. Ellos tampoco lo podían creer, estábamos todos muy emocionados.

-¿Imaginaba que podía quedar libre antes de que se dictara sentencia en el caso?

-En la última audiencia, mi abogado había pedido mi libertad inmediata y el fiscal se opuso porque estaba a punto de vencerse el plazo de dos años en el que uno puede estar en prisión provisional e iba a pedir una prórroga por dos más. El "dos más dos" lo llaman acá en España. Pero el juez dijo que lo iba a evaluar. Luego hubo un feriado puente y por eso el trámite se demoró unos días. Yo esperaba a que me otorguen la libertad.

-¿Tiene más esperanzas en ser declarado inocente?

-Que esto pase era una posibilidad bastante firme a pesar de la historia que inventó el fiscal [David Benages, quien pidió una pena de 13 años de prisión para Miret y los Juliá, y una multa de 140 millones de euros], que era una paparruchada total. Yo soy inocente y estaba tranquilo porque siempre estuve convencido de eso. A pesar de lo que se dijo en el juicio, yo sabía que mi abogado iba a demostrar mi inocencia como intentó demostrarla. Lo bueno era que estábamos preparados para responder todas las preguntas, de cualquiera de las partes, porque estamos convencidos de lo que pasó. No teníamos ningún punto oscuro que no quisiéramos contestar.

-¿Cómo vivió el desarrollo de las dos audiencias?

-El juicio lo esperé con expectativa y ansiedad. Yo desde el primer momento quería que llegara porque era mi posibilidad de aclarar las cosas y que me liberaran. Si no, por más que no estaba demostrada mi culpabilidad, por el solo hecho de ser extranjero y que haya un riesgo de fuga, me quedaba preso. Mi abogado hizo siete u ocho pedidos para que me den la libertad, de entre 15 y 20 carillas cada uno, todos bien argumentados, y ellos nos respondían siempre lo mismo, súper escueto, que era extranjero, que el riesgo de fuga, que no tengo arraigo.

-¿Cuál fue su reacción al conocer la noticia?

-Me convocaron a las 13 a la sala donde siempre me reunía con mi abogado. Me imaginé que me iban a conceder la libertad. Pero cuando me lo dijeron no lo podía creer. Estaba tan emocionado y temblaba tanto que no podía firmar la notificación. El guardia que me dio la hoja me dijo "Ya lo entiendo; créame que yo estoy más contento que usted en traer esta notificación". Después salía al patio de la cárcel, donde practicábamos deportes, y recorría cada lugar de la prisión y decía "chau, no te veo más".

-¿Cómo fueron estos dos años en prisión?

-Fue mucho tiempo, muy lejos, en un país que no es el mío muy solo. La última vez que salí para ir a la audiencia dije en la puerta de la cárcel. "Ésta la voy a cruzar dentro de poco". Hay que aguantar casi dos años siendo inocente, sin la tranquilidad y la seguridad que yo tenía no hubiera sido posible. Si tenía una mínima duda de algo, no hubiera aguantado. Pero gracias al apoyo de mi familia y toda la gente que sabía de mi inocencia, pude aguantar.

-¿Tiene alguna restricción por parte del tribunal antes de conocer la sentencia definitiva?

-Mañana [por hoy] debo ir a la Audiencia, el auto sólo dice "libertad", por lo que una vez que estemos allí nos enteraremos bien de cuál es la situación. Por lo que tengo entendido, me van a devolver mi pasaporte, así que aún no sé si puedo salir del país o no.

-¿Qué puede decir sobre los Juliá?

-Prefiero guardarme esa respuesta para después de la sentencia.

-Si bien acaba de salir de la cárcel, ¿qué es lo primero que va a hacer en libertad?

-Por lo pronto ir a la Audiencia. Y a la noche vamos a ir a un restaurante argentino. Tengo unas ganas tremendas de comer asado, carne argentina, después de tanto tiempo.

-¿Qué imágenes le quedan del momento en que se descubrió la droga y estalló el caso?

-Para mí todo fue como un sueño. De repente me voy a volar y le digo a mi hija, que estaba en la pileta: "Vuelvo en cuatro días", y después pasó todo esto. Y hoy vuelvo a la vida. A mi vida. Porque estos dos años que pasé detenido no fueron parte de mi vida real.

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