Pequeño J negó su participación en el triple crimen de Florencio Varela
Tony Janzen Valverde Victoriano fue indagado de forma virtual por el juez federal de Morón Jorge Rodríguez
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Tony Janzen Valverde Victoriano, alias Pequeño J, llegó anoche a la Argentina extraditado desde Perú. Después de que el avión de la Fuerza Aérea Argentina que lo trajo al país aterrizara en la base militar de El Palomar, el joven señalado como autor intelectual del triple crimen de Florencio Varela fue trasladado a una cárcel para jóvenes adultos del Servicio Penitenciario Federal (SPF). Desde allí participó hoy del acto de declaración indagatoria, en el que negó su participación en los homicidios de Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Gutiérrez, ocurridos en septiembre pasado en un eventual contexto de venganza por el supuesto robo de un cargamento de cocaína.

Pequeño J fue indagado de manera virtual por el juez federal de Morón Jorge Rodríguez. De la audiencia participaron el secretario Ignacio Calvi, funcionario que participa de la investigación, y el abogado del acusado, Lucas Contreras.
“Pequeño J negó su participación en el triple crimen y nada más”, explicó una fuente judicial que participó de la audiencia. En los próximos diez días hábiles, el juez Rodriguez definirá la situación procesal del imputado.
Valverde Victoriano fue extraditado ayer desde Perú. El operativo de traslado estuvo a cargo de personal de la División Investigación Federal de Fugitivos y Extradiciones del Departamento Interpol de la Policía Federal Argentina (PFA).
“Fue un viaje tranquilo. El joven extraditado estuvo la parte del tiempo callado”, dijerpon a LA NACION fuentes que participaron del operativo de traslado de Pequeño J.

El sospechoso está más delgado que cuando fue detenido el 30 de septiembre pasado por la Policía Nacional de Perú. Además, tiene el cabello rapado. Ya no tiene el flequillo sobre la frente, como se lo conoció en el momento de su captura.
Pequeño J está imputado de homicidio agravado al haberse cometido con elconcurso premeditado de dos o más personas, con ensañamiento, alevosía y mediando violencia de género, en tres hechos distintos que se encuentran en concurso real entre sí.
“Entre los días viernes pasado [por el 19 de septiembre pasado], aproximadamente entre las 22.30, y el martes último [por el 23 de septiembre de 2025], aproximadamente a la 18, un número indeterminado de sujetos de distinto sexo, entre los que se encontraban Maximiliano Parra, Iara Daniela Ibarra, Miguel Ángel Villanueva Silva, Celeste González Guerrero, Julio Valverde y/o Montaña y/o Pequeño Jota [cuando todavía no tenían identificado al supuesto autor intelectual del triple crimen] y Matías Agustín Ozorio, actuando con división de roles, en el interior del domicilio situado en Chanar 702, en Villa Vatteone, Florencio Varela, y con claras intenciones de causarles la muerte, aplicaron múltiples golpes de puño, patadas y diversos cortes utilizando armas blancas sobre la superficie corporal de la humanidad de Verdi, de 20 años; Del Castillo, de 20, y de Gutiérrez, de 15, ocasionándoles lesiones de tal magnitud que provocaron su deceso. Obraron a traición y sobre seguro, aumentando intencionalmente y de manera inhumana el sufrimiento al causar padecimientos innecesarios que van más allá de lo necesario para cometer el acto, concurso premeditado de todos ellos y aprovechando los masculinos su condición biológica dominante de género sobre las víctimas mujeres”, según la orden de captura internacional que pesaba sobre el sospechoso.

En oportunidad de solicitar la prisión preventiva de los primeros ocho sospechosos arrestados por el triple crimen, los fiscales de La Matanza Adrián Arribas, Claudio Fornaro y Diego Rulli sostuvieron que “entre las 22 del 6 de septiembre pasado y las 21.30 del 19 del mismo mes, en lugar indeterminado, presumiblemente varias personas organizadas mediante un previo plan común acordaron la sustracción de varios kilos de sustancias ilícitas (provenientes del tráfico de drogas y destinadas a la venta al menudeo en Florencio Varela) a una organización de estructura celular con clara estabilidad y permanencia en el mercado del narcotráfico" integrada, entre otros, por el “Pequeño J”.
Los autores del robo de la droga habrían sido allegados a las víctimas del triple crimen, según explicaron Arribas, Fornaro y Rulli.
“Por medio de maniobras de engaño y ardides −aprovechándose de su especial condición de vulnerabilidad−, integrantes de la organización narcocriminal lograron establecer un vínculo de confianza con Lara, Morena y Brenda por lo que el 19 de septiembre, a las 21.29, en las inmediaciones de la Quila y El Tiburón, en Ciudad Evita, La Matanza, consiguieron que las chicas subieran a una camioneta Chevrolet Tracker blanca en la que viajaban al menos tres personas. En el vehículo fueron trasladadas a una casa de Florencio Varela [la escena del triple crimen], donde supuestamente se realizaba una supuesta fiesta”, expresaron los investigadores judiciales al fundar la solicitud.
Según se afirmó en el dictamen: “Tras ingresar en la casa, los agresores les hicieron saber a las chicas sus verdaderas intenciones −la recuperación de la droga presumiblemente sustraída−, por lo que retuvieron a las víctimas en contra de su voluntad, privándolas de esta manera ilegalmente de su libertad, obligándolas a permanecer en el lugar, para lo cual fueron maniatadas y amordazadas”.
Y concluyeron: “En el referido contexto situacional y estando las víctimas en un completo estado de indefensión, es que al menos todos los antes nombrados, actuando de común acuerdo conforme a una convergencia intencional, delineada, planificada y previamente establecida, obrando de modo seguro, a traición y sin posibilidad de defensa, es que con claras intenciones de causar la muerte de las mismas para ocultar el hecho delictivo cometido previamente, y mediante el empleo de golpes de puño, patadas, como así con la utilización de elementos filo punzo cortantes comenzaron a lesionar a las víctimas de manera tal que previo a llegar al designio criminal final con su accionar aumentaron de forma deliberada e inhumana el sufrimiento de las jóvenes, provocándoles lesiones agónicas (amputaciones y luxofracturas, entre otras) que indefectiblemente las fueron llevando a la muerte”.
El primer gran señalado por el crimen fue Pequeño J, que estuvo prófugo hasta que la Policía Nacional de Perú lo atrapó en Pucusana, una zona de pescadores y de balnearios, situada a 70 kilómetros de Lima cuando se movilizaba en un camión y viajaba para encontrarse en un punto de la capital peruana con su ladero, el argentino Matías Ozorio.
Tras determinarse que el triple crimen tenía vínculos con el tráfico de drogas, el expediente pasó al fuero federal de Morón.
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