Perpetua para un joven que mató a su madre en una trama de traiciones y codicia
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CÓRDOBA. Una historia de largo tiempo de peleas familiares por dinero terminó de la peor manera posible. La Justicia de Córdoba condenó hoy a Jeremías Sanz, hijo de María Eugenia Cadamuro, a prisión perpetua por el homicidio de su madre, aparentemente motivado por la codicia. Y ordenó investigar a su tía, hermana de la víctima, y a la pareja de la mujer. La condena es por asesinato triplemente calificado por el vínculo, por violencia de género y por alevosía, ya que le disparó con una escopeta sin que ella pudiera siquiera atinar a defenderse.
Cadamuro, quien vivía –al igual que su familia– en Jesús María fue asesinada el 15 de marzo de 2017. Ese día desapareció de su casa, donde quedó la luz prendida y el auto abierto. Su cuerpo fue encontrado recién el 16 de junio en una fosa de un metro de profundidad ubicada en Villa Gutiérrez, al norte de donde habitaba.
Desde el inicio de la investigación quedaron al descubierto las peleas por dinero que existían en la familia; había diferencias entre las hermanas y discusiones por una herencia. Sanz fue el último en verla y al comienzo de la investigación la principal hipótesis lo ubicaba como responsable de la desaparición; se insistía en que la familia –que lo defendía– sabía "algo" que no contaba. La pareja cubana de Cadamuro relató que existían amenazas.
La madre de las hermanas Cadamuro había muerto a fines de 2016, cuando empezaron los enfrentamientos por la herencia. Las mujeres llevaban meses sin hablarse; había denuncias policiales y una orden de restricción.
Uno de los últimos mensajes de Cadamuro fue un audio de WhatsApp: "Gracias a Dios el martes firmo la S.A. que armé, una S.A. para poner el campo y la casa y así poder tener las riendas de mis cosas". Contaba, además: "Las cosas con mi hermana están muy mal. Ya directamente no le hablo más, no tiene más sentido. Están todos muy locos. Yo no digo que soy cuerda, pero no tengo mala leche en lo más mínimo. Viste que acá por la plata baila el mono".
La confesión
El homicidio, según la reconstrucción de la fiscalía, fue entre las 20 y las 22, en una zona rural cercana a la ruta 60. Un amigo de Sanz, Nicolás Rizzi, se "quebró" días antes de la sentencia y confesó que lo había ayudado a enterrar a la mujer; él también está detenido, imputado por encubrimiento agravado. Rizzi contó que volvía del campo con dos empleados cuando recibió una llamada de Sanz pidiéndole que se reunieran.
"Tuve quilombo con mi vieja, me reputié, pasá por acá", le dijo y, cuando se vieron, agregó: "No sabés la cagada que me mandé, sos la única persona en la que confío […]. Ayudame, por favor. Vos ayudame". Lo siguió hasta el campo y le pidió: "Vení a ver". En medio de los yuyos estaba el cuerpo de Cadamuro; el hijo llevó unas bolsas, guantes y una colcha. Entre los dos escondieron el cadáver; lo subieron a una de las camionetas y lo enterraron en un pozo a 300 metros. Unos guantes encontrados junto al cuerpo de Cadamuro tenían el ADN de Rizzi.
Viejos rivales
El juicio –del que participaron jurados populares– tuvo como protagonistas a dos abogados de peso representando a las diferentes partes. Marcelo Brito, exfiscal de Estado cordobés y defensor de Marcelo Macarrón, viudo de Nora Dalmasso, patrocinó a Sanz. Y el exdiputado nacional y exembajador en Ecuador, Luis Juez, fue el querellante por parte de la pareja de la mujer, Pedro Antonio García.
La hija de la víctima, Guadalupe, no pudo declarar en el juicio por una crisis de nervios. No ve a su hermano en la cárcel desde hace tiempo. Cuando su madre desapareció, la chica admitió a LA NACION: "Había comentarios de que se llevaban mal. La relación siempre fue distante, porque viajaba mucho, pero no se llevaban mal. No había problemas económicos; mi hermano le debía plata a mamá, pero me la iba a dar a mí".
Cuando hizo uso de su derecho a decir sus últimas palabras antes del fallo, Sanz afirmó: "Nunca haría algo así. Acá lo más importante es que a mi madre me la quitaron. Quiero que se encuentre la verdad. Me quitaron a mi madre".
Agregó: "Soy un ser humano que puede tener defectos, pero nunca haría algo así. Como mi defensa lo dijo, nunca investigaron y se guiaron por una sola hipótesis. Me sometieron y extorsionaron tanto a mí como a mi familia y nunca investigaron a Pedro Antonio García ni a otras personas".
Tras el veredicto, su defensor adelantó que analizará los fundamentos de la sentencia para determinar el camino a seguir. En tanto, Juez planteó su convencimiento de que "en el entorno más íntimo de la familia hay mucho por entender, porque acá hay autores intelectuales que usaron a Jeremías como instrumento del hecho".
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