
Violencia de género
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CÓRDOBA.- Un tribunal con jurados populares condenó a prisión perpetua a Gonzalo Lizarralde, de 36 años, por el homicidio de Paola Acosta, de 36 años, y el intento de asesinato de su hija, Martina, que al día del crimen, el 17 de septiembre de 2014, tenía un año y nueve meses y logró sobrevivir cuatro días al lado del cuerpo de su madre en una alcantarilla de esta ciudad. Aunque se le dio la pena máxima, no prosperó la figura del femicidio, esperada por los familiares de la víctima.
El caso conmovió a todo el país y en Córdoba significó un punto de inflexión en el reclamo por la violencia contra las mujeres. Hoy Martina vive con sus abuelos maternos. Los otros dos hijos de Paola están con su padre, Hernán, que también presenció el juicio.
"Yo no asesiné a Paola y no generé ninguna lesión a mi hija", dijo Lizarralde en sus últimas palabras antes de la sentencia. La familia de la joven y la del acusado siguieron los alegatos. Y desde el día anterior, una fuerte campaña por las redes sociales pedía la condena a perpetua y reclamaba "justicia" por el crimen.
En su alegato de poco más de tres horas -que el acusado escuchó sin hacer ningún gesto, con la mirada baja y los brazos cruzados- el fiscal Diego Albornoz afirmó que Lizarralde planificó hasta "el último detalle" el ataque a Paola. "La degolló, señores, y terminó desangrándose arriba de la camioneta en pocos minutos", planteó. "¿Se dan cuenta del daño que hizo este hombre? Pido prisión perpetua. ¿Alcanza? ¿Alcanza?"; así cerró su alegato el fiscal, quien pidió que el acusado fuera condenado por homicidio agravado por violencia de género (femicidio) y alevosía por el asesinato de Paola, y por homicidio calificado en grado de tentativa agravado por el vínculo, femicidio y alevosía, por el ataque que sufrió Martina.
El abogado querellante, Juan Sarmiento, también pidió perpetua, con los mismos agravantes. Albornoz dijo que Lizarralde creyó que la nena también estaba muerta y que por eso las "arrojó como si fueran basura a más basura en la alcantarilla".
Según su hipótesis, a Paola la mató en la camioneta minutos después de la medianoche y luego condujo siete minutos hasta donde tiró su cuerpo y el de la beba.
Insistió en que "todo" fue planificado, hasta la cena con un amigo para tener coartada y el decirle a Paola que llevaba un peluche para Martina, así ella bajaba a encontrarlo con la nena. A la camioneta la habría lavado antes de regresar a su casa.
La fiscal que instruyó el caso, Eve Flores, completó el alegato remarcando la necesidad del agravante de violencia de género que refiere al femicidio. "Rebasa la violencia doméstica. Refiere a patrones socioculturales y estereotipos que mantienen la asimetría. Antes de la violencia extrema, el acusado ejerció violencia psicológica y económica contra la mujer", indicó.
A su turno, el defensor de Lizarralde, Walter Ferrero, pidió la absolución. "No me puedo imaginar a Paola subiendo mansamente a la camioneta bajo amenaza", afirmó.
"Para qué las haría subir Lizarralde si no era para causarles un daño? No subió engañada. Si él la hubiera matado lo debería haber hecho en la vereda porque ella no iba a subir jamás", subrayó el defensor, que nunca nombró a Martina sino que se refirió a ella por las iniciales. Para él, los rastros de sangre encontrados en la camioneta fueron "plantados".
En el vehículo los peritajes detectaron 14 manchas de sangre coincidentes con el grupo de Paola. Para Ferrero "quien las puso allí, las puso para que sean encontradas; es una prueba viciada de nulidad".
Una chica de 17 años fue gravemente herida ayer en la ciudad bonaerense de Carmen de Areco al recibir un disparo en la cabeza. La adolescente fue agredida por su novio, identificado como Nicolás Cancino, de 24 años, luego de una discusión. Tras balear a la mujer, el hombre se suicidó en una plaza de esa ciudad.




