Un hecho que quebró al Kempes su "invicto" en materia de violencia

El estadio no registraba incidentes graves a pesar de haber sido escenario de partidos de alto riesgo
Enrique Vivanco
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17 de abril de 2017  

CÓRDOBA.- Hasta que anteayer a la tarde Emanuele Balbo cayó por una boca de ingreso a la popular Daniel Willington, esta ciudad podía presumir de tener bajos índices de violencia en sus estadios de fútbol. El Mario Kempes, donde cada 15 días Talleres y Belgrano alternan sus localías, ya tenía el precedente de un clásico disputado en 2013, por la Copa Argentina, en el que los albiazules vencieron 1 a 0 al Pirata.

Aquella vez hubo ganadores y perdedores en la cancha, pero no se registraron incidentes, tanto como cuando jugó la selección argentina en las eliminatorias sudamericanas o en la Copa América 2011, o cuando Rosario Central se enfrentó a Boca y a River en distintas ediciones de la Copa Argentina.

En materia organizativa, el gobierno provincial, a través del Cosedepro (Comité de Seguridad Deportiva de la provincia), la policía, la municipalidad y otras áreas de gobierno mantuvieron la costumbre de reunirse para armar una cobertura de seguridad que casi siempre salió a flote, aun en situaciones especiales, como cuando en noviembre de 2015 Rosario Central perdió ante los xeneizes la final de la Copa Argentina, con una muy cuestionable actuación arbitral.

Esa noche en el Kempes hubo hinchas boquenses y "canallas", pero a pesar del ambiente caldeado dentro y fuera del estadio no se registraron incidentes.

En el clásico Belgrano-Talleres, en el que los celestes eran locales, todo transcurría con normalidad hasta el final del primer tiempo. En las tribunas sólo había hinchas de Belgrano. En ese sentido, Talleres nunca hizo un pedido para permitir el ingreso de sus simpatizantes y tanto desde los medios de comunicación como desde distintas organizaciones sociales y gubernamentales surgieron pedidos para que, en esta oportunidad, y luego de 15 años sin enfrentarse en Primera, no hubiese excepciones en materia de buen comportamiento.

En realidad, en los minutos previos al partido ya se había producido un confuso incidente en el que un hincha, Diego Frydman, sufrió una herida en un ojo producto de un proyectil de goma supuestamente disparado por un policía. Su padre dijo que el joven estaba a 30 metros del colectivo que trasladó a la delegación de Talleres cuando se sintió la detonación y resultó herido.

Frydman fue trasladado al Hospital de Clínicas y luego al sanatorio Allende, donde fue intervenido quirúrgicamente. Su hermano, Damián, dijo anteanoche que quedaría internado durante 48 horas, que tenía movimiento en el globo ocular, pero que los médicos deberían comprobar el estado de la córnea, vital para saber si recuperará la visión.

Pero lo que sucedió después en la tribuna Willington fue muchísimo más grave. Había comenzado el entretiempo cuando empezaron a verse movimientos inusuales en la parte superior de dicha tribuna. No pasaron más de un par de minutos cuando la multitud se abrió, una parte pequeña de esa estructura quedó casi despoblada y en ese sector se observó que unos pocos sujetos estaban agrediendo a un solo hincha con golpes de puño. El descenso del agredido fue vertiginoso, hasta llegar al borde superior de una de las bocas de ingreso. Lo último que se vio de la víctima fue que se tomó de una baranda por un instante antes de caer hacia la zona de escaleras.

De inmediato la gente se acercó a observar al caído. Y no pasaron muchos segundos hasta que un grupo de ellos, en la creencia de que se trataba de un hincha infiltrado de Talleres (como trascendió en un primer momento), empezó a saltar "a favor de Belgrano" a metros de quien estaba caído y había sufrido un fuerte traumatismo de cráneo, que después, cuando era trasladado al hospital municipal de urgencias, le produjo un paro cardiorrespiratorio.

Allí el jefe de guardia, Agustín Cuevas, alertó sobre el estado de Emanuele Balbo. Y de a poco sus familiares fueron dando con precisiones que prácticamente acabaron con todas las especulaciones sobre el origen de la agresión.

A las pocas horas de sucedido el hecho, Raúl Balbo, padre de Emanuele, dijo que su hijo se había encontrado en la tribuna con Oscar "Sapo" Gómez, que en 2012, en una picada automovilística, había atropellado y matado a otro de sus hijos, Agustín, de 14 años. Raúl manifestó que Gómez había incitado a la violencia a sus amigos diciéndoles que Emanuele era hincha de Talleres, lo que aceleró la agresión hacia el joven. "Él siempre iba a la cancha. Era hincha de Belgrano e iba a la platea. Esta vez no pudo conseguir entradas y tuvo que ir a la popular", manifestó Raúl, buscando explicación a lo inconcebible.

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