Aislado: le dejan comida en la puerta de su casa y no puede ver a sus hijos

Martín es comisario de abordo y está recluido en su casa después de volver de Italia
Martín es comisario de abordo y está recluido en su casa después de volver de Italia Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Alejandro Horvat
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12 de marzo de 2020  • 11:47

A Martín, de 40 años, un comisario de abordo de una aerolínea, se lo escucha tranquilo. Está transitando su segundo día de aislamiento en la Argentina por la pandemia de coronavirus Covid-19. Hasta el momento, su mayor inquietud fue cómo explicarle a sus dos hijas, una de 10 y la otra de 6, que no las iba a ir a buscar a la casa de la madre por 14 días.

Él llegó de Roma el viernes pasado por la tarde, una ciudad que, según dice, estaba desierta. Y no es para menos, ese país europeo es el más afectado por la crisis del nuevo coronavirus. Solo el martes pasado murieron 168 personas y toda Italia está en cuarentena.

El caso de Martín es como el de otros tantos argentinos que llegaron de países con circulación local del virus y ahora están aislados en sus casas intentando adaptarse a una nueva rutina durante 14 días.

Su aislamiento recién empieza y se las va arreglando como puede. Su clave es que tiene un familiar que vive cerca de su casa y es quien se va a encargar de llevarle la comida o cualquier cosa que vaya a necesitar. ¿Cómo lo harán? Ese familiar se va a acercar a la puerta de su PH, dejará el paquete y se irá sin saludar. O si lo hace, lo hará con una distancia prudencial.

"Estaba en Roma y me quedé ahí cuatro días. Fue la semana pasada. Estuve paseando más que nada durante la noche y la ciudad estaba vacía, muchos restaurantes cerrados y los que abrieron estaban vacíos. De hecho, me saqué una foto en la Fontana di Trevi, donde suele haber miles de turistas, sin que haya ni una sola persona", relata Martín a LA NACION.

Martín en la puerta de su PH en Buenos Aires
Martín en la puerta de su PH en Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

En uno de los epicentros turísticos más importantes del planeta, las calles estaban desiertas. Martín encontró el Coliseo y todos los museos cerrados. "Los pocos que caminaban por la calle, no usaban barbijo, o casi ninguno lo usaba, eso era raro. Los trabajadores del hotel en el que nos alojamos nos contaban que en la calle las personas se peleaban porque no mantenían la distancia necesaria. Sobre todo en el supermercado, dicen que había discusiones porque uno se acercaba a menos de un metro del otro. También sucede, según me contaron, en el transporte público", dice.

Al momento de regresar a Buenos Aires, recuerda que en el aeropuerto Fiumicino, de la capital italiana, había unas nuevas cámaras en el techo cuya tarea era tomarle la temperatura a los pasajeros, pero no había más control que ese.

Una vez en el avión, su lugar de trabajo, cuenta que no hubo roces entre pasajeros, aunque la gran mayoría viajó con el barbijo puesto. "El avión iba lleno, casi todos argentinos. Ellos con barbijos y nosotros también. Además, ahora nos ponemos guantes de látex", detalla.

Una vez que el avión aterrizó en Ezeiza y todos emprendieron el camino por tierra hasta sus casas, Martín dice que ni él ni los pasajeros tuvieron que pasar ningún tipo de control distinto al habitual.

"Nosotros despegamos de Roma y hasta ese momento no se había dispuesto el aislamiento para las personas que llegaban de las zonas de riesgo. Entonces aterrizamos y cada uno se fue a su casa como si nada. Me tomé un taxi sin ponerme barbijo", cuenta.

A raíz de la propagación del coronavirus, Aerolíneas Argentinas decidió cancelar 12 vuelos entre la Argentina e Italia para el resto del mes. A través de un comunicado, la línea de bandera indicó: "Debido al volumen de cancelaciones de reservas hacia y desde Roma con motivo de la situación sanitaria global a causa de la pandemia de coronavirus se realizarán durante marzo ajustes en su programación".

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