
Analiza el Gobierno prohibir la importación de efedrina
La sustancia, presente en muchos remedios, también es usada para hacer drogas ilegales
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El Gobierno estudia prohibir el ingreso en el país de efedrina y pseudoefedrina, en una derivación del triple crimen de General Rodríguez y su relación con el tráfico de drogas sintéticas, como la metanfetamina y el éxtasis. La efedrina y la pseudoefedrina están incluidas en 70 medicamentos de uso cotidiano en la Argentina, pero también son empleadas por los carteles de narcos mexicanos para fabricar drogas ilegales que son cada vez más difundidas en Estados Unidos y en Europa. También en la Argentina.
El cierre de la importación de estos dos productos sería aplicado en el transcurso de los próximos 90 días, informaron altas fuentes oficiales a La Nacion. Explicaron, además, que se hablará con los laboratorios farmacéuticos para que cuanto antes reemplacen estas sustancias por sucedáneos como la loratadina, la difenhidramina y el salbutamol, entre otros.
Como se informó ayer, la Argentina es el tercer importador mundial de efedrina y pseudoefedrina, y el 80% de esas sustancias no está controlado ni se conoce su destino. La efedrina aparece en numerosos medicamentos y jarabes para combatir resfríos comunes, pero también sirve para embarazos complicados, cuando la anestesia provoca hipotensión, y en tratamientos para adelgazar.
El Gobierno consultó la semana pasada al Comité Científico que asesora al Ministerio de Justicia sobre la posibilidad de prohibir la venta de efedrina en el país, según pudo saber LA NACION. El ministro Aníbal Fernández recibió como respuesta de ese grupo de especialistas que, desde el punto de vista médico, no habría inconvenientes porque esa sustancia puede reemplazarse por otras con los mismos efectos.
Desde la óptica legal, el Comité entendió que una medida de este tipo se podría tomar dentro de unos 90 días a lo sumo y sin necesidad de ninguna reforma. Alcanzaría, señalaron, con modificar leyes de Aduana y del Ministerio de Salud y con controlar que "todas las resoluciones sean armónicas, de modo de que no haya contradicciones".
El asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina dejó al descubierto que el mercado interno de medicamentos es incontrolable. El contexto de empresas fantasma con el nombre de droguerías, según las investigaciones, es aprovechado por carteles de narcotraficantes para abastecerse de efedrina que el país importa desde la India.
Al menos Forza era un empresario que había operado con tres droguerías diferentes (Baires Med, Seacamp y Sanfor Salud) y estaba "marcado" por la Justicia en varias causas por adulteración y falsificación de medicamentos oncológicos y para tratar el sida.
Los investigadores del crimen tendrían casi probada la vinculación de Forza, de Ferrón y de Bina con embarques de efedrina que fueron revendidos a narcotraficantes y que aparecieron luego en una cocina clandestina de droga en una quinta de Ingeniero Maschwitz.
Condimento
El suicidio posterior de Ariel Vilán, apoderado de Unifarma y socio de Forza en muchos negocios sospechosos, aportó un condimento más: el joven de 34 años se arrojó desde un balcón, abrumado y con pánico por la muerte de su compañero de negocios. Vilán también estaba fuertemente endeudado y soportaba investigaciones judiciales por adulteración de remedios.
La Argentina es actualmente el tercer importador mundial de efedrina y seudoefedrina. Según datos oficiales, la industria farmacéutica local requiere diez toneladas anuales de efedrina y de seudoefedrina para la elaboración de medicamentos.
Sin embargo, tal como publicó ayer LA NACION en forma exclusiva, se importan 52,4 toneladas, siete veces más que Brasil, por ejemplo. Según los especialistas, la gran mayoría de ese excedente no utilizado por los laboratorios, 42.400 kilos, se desvía para el tráfico ilegal como precursor químico. Las importaciones crecieron 123 por ciento en los últimos siete años.
En la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), según deslizaron a LA NACION, sospechan que la efedrina a granel adquirida por las droguerías al exterior termina revendiéndose a otras firmas intermediarias. Pero el dato que más les llamó la atención, según comentaron, es la gran cantidad de ese producto comercializado a farmacias para la elaboración de "recetas magistrales". Nadie sabe qué tipo de "recetas magistrales" se fabricaban en esos comercios.
La medida para prohibir el ingreso, en análisis en el Ministerio de Salud, se aplicaría primero sobre los embarques a granel del producto, que llega en tambores de 56 centímetros de alto. Sólo se haría una excepción con los medicamentos elaborados con efedrina en el exterior y que son importados ya envasados.
"La efedrina es muy barata y útil para muchas patologías y por eso no hay que prohibirla, sino que el Estado debe controlar efectivamente que se emplee para la industria médica. Prohibirla no es la solución del problema", opinó Marcelo Peretta, secretario general del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital. El año pasado, México, el segundo país productor de metanfetamina en el mundo, después de los Estados Unidos, decidió prohibir el ingreso de efedrina y de seudoefedrina. Los EE.UU. también habían aplicado una medida similar por el nefasto auge del consumo de estas drogas sintéticas elaboradas sobre la base de la efedrina.
La Argentina, un país con una industria farmacéutica desarrollada y sin restricciones a esta sustancia, al parecer, se convirtió en un lugar ideal para elaborar la droga y luego traficarla a los EE.UU. o para, directamente, enviar la efedrina a México para su posterior manipulación.
El Comité Científico que asesora al Ministerio de Justicia expresó que el control de los precursores químicos requiere la intervención de la Anmat y del Instituto Nacional de Medicamentos (Iname). Además, aconsejó que se trabajara simultáneamente con expertos del área de la Inspección General de Justicia (IGJ), que se dedican al seguimiento y registro de sociedades. La idea es rastrear su conformación y cruzar información para detectar si cambian de nombre o de jurisdicción para evitar ser objeto de controles.
En esa línea, el Ministerio de Salud estudia un proyecto de ley para restringir las operaciones de las droguerías porque, más allá del narcotráfico, los remedios adulterados significan un peligro latente para salud pública.





