Antigourmet: los que buscan los bodegones para "comer bien"

Juntada Antigourmet en Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro
Juntada Antigourmet en Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro
El fenómeno local nació hace 4 años como una forma de salir de los lugares de moda y recuperar la comida más tradicional, y también la tradición de la salida grupal; hoy tiene adeptos de todo tipo
Teresa Sofía Buscaglia
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24 de febrero de 2017  • 20:05

“Antigourmet nació por una indignación. Varias veces nos clavamos yendo a lugares de moda y decidimos no visitarlos más. Empezamos a buscar bodegones en Internet y vimos que siempre aparecían los mismos. Entonces, decidimos armar nuestra propia guía y todos los miércoles nos juntábamos para ir a conocer un lugar distinto.”, cuenta Matías Pierrad, uno de los fundadores de esta comunidad que comparte, en las redes, información de lugares para ir a comer bien, sencillo, con platos abundantes, ingredientes de calidad y a buen precio.

Hace 4 años, Matías, junto a Juan Pablo García Pratto, Facundo Vozzi, Román Vattiato y Martín Pait decidieron salir a comer juntos todas las semanas para descubrir lugares nuevos (o redescubrir algunos históricos), hacer una reseña y compartir, virtualmente, qué les pareció el lugar con algunos datos de su historia. El éxito fue explosivo. El sitio cuenta con más de 50 mil seguidores en Facebook y cerca de 8000 en Twitter e Instagram. Gente de todas las edades y ámbitos sociales comenzaron a conectarse, unidos por un mismo interés: comer rico, barato y bien atendidos.

Eligieron la imagen de un huevo frito como logo y así se ve su aplicación en los celulares. “Al principio, no nos conocía ni el loro. En los bodegones que comíamos, les contábamos lo que hacíamos y terminábamos quedándonos horas, en una sobremesa interminable, en la que sus dueños nos contaban su historia. Cuando escribíamos, lo hacíamos como para un grupo de amigos, pero notamos que nos seguían muchas mujeres y ellas eran las que nos pedían recomendaciones, así que empezamos a darnos cuenta del alcance de lo que hacíamos”, añade Matías. Ya llevan 19 “Juntadas”, reuniones mensuales a las que van los tradicionales seguidores y otros nuevos que se van sumando. Familias, parejas, amigos, jóvenes, no tan jóvenes, todos forman parte de esta comunidad que incluye gente de todo el país.

Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro
Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro Crédito: Facebook Cachito Premium

Cuando hay que juntarse, arman mesas largas donde cada uno se sienta donde puede y quiere, a medida que van llegando. Desde familias enteras, amigos, parejas, grupos de adolescentes hasta gente sola se suma a esta movida que entienden, también, como una forma de compartir un buen momento. “Charo” es médica y es muy nueva en esto. Es fanática del running, razón por la cual, Antigourmet era sinónimo de lo que no había que comer. “Mi hermano y su novia me invitaban siempre y un día decidí venir. Fui feliz al descubrir que hablaba de otros temas que no fueran el “running” y las “calorías”. Me había olvidado de lo que era disfrutar una buena comida y acá me reencontré con esa sensación”, explica.

Hay seguidores que ya forman grupos con nombre propio: la Delegación de Campana, la Mesa 2, la Mesa de las Martas, entre otros. Cada vez reúnen más gente y los lugares que facilitan la reunión se hacen conocidos. Esto crea algunas dudas, alrededor de ellos, acerca de la honestidad a la hora de hacer una reseña. “Apenas empezamos, tuvimos una charla interna y todos decidimos que siempre íbamos a pagar lo que comiéramos porque eso nos hacía libres de decir lo que se nos antojara. No pensamos cambiarlo: si nos gusta un lugar, lo recomendamos. Si no nos gusta, no decimos nada. Las redes pueden ser una herramienta muy dañina y no queremos hacerle mal a nadie. Hay familias detrás de cada negocio y eso nos gusta respetarlo.”, explica Matías.

Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro
Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro

Sin embargo, los críticos gastronómicos consideran que es bueno, también, diferenciar los bodegones de calidad sobre aquellos que venden una imagen falsa. “Lo de los antigourmet es divertido, le aportó al mundo de las reseñas otra mirada. Le sacó esa seriedad media tontuela del crítico o de la alta gastronomía como un producto de lujo. De todas maneras, si bien posicionarse como "anti algo" es efectivo en redes sociales y online, no es más que una simplificación, y por ende una falsedad. Si la idea es bendecir a bodegones en contra de restaurantes "modernos", no me gusta. La verdad es que también está lleno de bodegones pésimos, con platos horribles, como sucede con los restaurantes “modernos.”, aclara Rodolfo Reich, periodista especializado en gastronomía.

Los seguidores de Antigourmet no sólo disfrutan de reunirse para comer bien sino que también van a reencontrarse con un pasado, con su historia familiar. Los olores de la infancia están muy unidos a la cocina y a los recuerdos de esa época y estos lugares los hacen viajar en el tiempo. Muchos de los mozos que los atienden llevan varios años ahí y han visto pasar generaciones enteras, así como muchos de los dueños son segunda o tercera generación de los fundadores, y comparten, con los visitantes, historias y mitos de ese lugar. “Cuando yo era chico, enfrente al cementerio de la Recoleta, había varios bodegones, esos de mantel de papel, en los que se servían unos pucheros impresionantes. Hoy ya no están más y algunos no los pueden ni imaginar en ese lugar. Creo que mantener vivos los bodegones nos hace mantener nuestra esencia de comer en familia”, explica Fabián Rubano, uno de los comensales que siempre dice presente en las juntadas.

Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro
Cachito Premium en Apolinario Figueroa y Valentín Virasoro

Vegetarianos y celíacos no están excluidos de esta movida. Hay lugar para todos, según aclaran sus fundadores y dan información de los lugares que tienen propuestas de este tipo, aunque admiten que no son espacios que tengan esa oferta. En cuanto a las modas, todos son conscientes de que van y vienen, pero que los bodegones estarán siempre. “Hoy son las hamburgueserías con cerveza artesanal, mañana será otra cosa. Los bodegones resisten el paso del tiempo y a una milanesa con fritas no hay con qué darle, es atemporal. “, sostiene David Flores, un seguidor del sitio.

Una de las más prestigiosas cocineras de la Argentina, Dolli Irigoyen, reivindica y gusta mucho de comer en los bodegones. El bodegón es, para ella, recuerdo de un pasado muy feliz en su pueblo natal, General Las Heras, provincia de Buenos Aires. “Yo que soy de un pueblo, recuerdo la comida de bodegón como algo propio de mi infancia: unos ravioles con bolognesa, un bife a caballo, cuando están bien hechos, son platos deliciosos. Cuando yo empecé con mi restaurante, hace varios años, en el Club Sportmen de General Las Heras, tenía todos platos clásicos en mi carta y hoy añoro comer una costillita de cerdo a la riojana, como la hacía en esa época. Está buenísimo que existan y se conozcan estos lugares y que hagan una comida honesta, con medidas de higiene y seguridad alimentaria en un ambiente limpio. Creo que gestionarlo en ese sentido es esencial para que se mantenga esta tradición.”

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