Asado, fernet y tango en Seúl: cómo es el rincón más argentino de Corea
Hace diez años, Federico Park, criado en el barrio de Flores, abrió una vinoteca en Seúl; hoy su restaurante tiene dos locales que ofrecen una experiencia argentina completa
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SEÚL.- En este primer piso en Seocho, Seúl, suena el tango y no el K-Pop. El acompañante obligado en cada plato son las papas fritas y no el kimchi. Y si alguien quiere relajarse con un vaso de licor, elige el fernet y no el soju. Detrás de una pequeña puerta con un cartel fileteado que dice "Mi Buenos Aires querido", suena el 2x4, interrumpido por las conversaciones en coreano de cada mesa -todas vestidas de celeste y blanco-. Buenos Aires Wine and Steak es definitivamente el rincón más argentino de Seúl, el único restaurante con parrillada y show de tango Corea . Y es también la vía de escape de Federico Park, su dueño, un nostálgico de su adolescencia porteña.
Con varias antigüedades compradas en La Boca, discos de músicos célebres y cuadros tangueros en las paredes, Park inauguró hace diez años una vinoteca argentina en Seúl, el germen de lo que hoy es este restaurante argentino con dos sucursales y veinte empleados, un laboratorio experimental para miles de surcoreanos que quieren degustar el combo argentino: parrillada, vino y un show de tango. Para los argentinos en Corea (pocos más de 200 registrados en la Embajada), Buenos Aires Wine and Steak es una bocanada de aire. Un recreo de la comida asiática y un viaje virtual a una esquina porteña.
Federico Park no recuerda su llegada a Buenos Aires cuando tenía un año y medio, pero sí su infancia en Flores. También se acuerda de que, cuando estaba terminando el secundario en el "Pelle" (como le dice a su escuela, el Carlos Pellegrini), su familia quiso dejar la Argentina, pero él no pensaba en irse del país justo antes del viaje de egresados a Bariloche. "Me dijeron «Te tenés que ir» y yo dije «No, ni a palos»", dice a LA NACION con un acento porteño que no puede abandonar.
En 1998, después de "Bariló", Federico comenzó a viajar por el mundo, y años después, regresó a Seúl, donde había nacido. Allí volvió a llamarse Unam. Entonces nació la idea de instalar -en principio- un local con impronta argentina "para empezar a mostrarle a la gente la cultura argentina". "El país me dio todo. Tengo sangre coreana pero corazón argentino", señala en una fresca noche de primavera, mientras se traslada de un restaurante al otro.

Los primeros pasos de Buenos Aires Wines (así se llamaba al principio) fueron con vinos argentinos, picada coreana y un show de tango semanal. Pero a la cepa argentina le faltaba un acompañante gastronómico más fiel. Federico llamó a "un amigo de la comunidad coreana que estudio gastronomía e hizo toda su carrera en la Argentina" para que le pusiera un auténtico sabor argentino al menú. Llegó la parrillada, y desde entonces, pasaron otros tres chefs. Cada uno con su sello, respondió al paladar del público asiático.
El menú, adaptado
Servida en una suerte de brasero que con dos velas busca mantener la temperatura de las carnes, la parrillada en este restaurante sale 39.000 won (unos 470 pesos) por persona. Incluye chorizo, asado, bife, pollo, costillas de cerdo y "queso asado", algo que pretende ocupar el lugar de la provoleta pero que en realidad no lo es.
"Saco una provoleta media trucha, con sabor a muzzarella, porque la provoleta era muy fuerte para los clientes", cuenta Park, sobre la adaptación del menú. La provoleta no fue la única víctima de los surcoreanos. "Antes tenía morcilla pero a la gente no le gustó y la sacamos. Traté de tirar chinchulines pero los coreanos ya consumen chinchulín y como se consume acá no les gusta", agrega, entre otros detalles.
Con estos cambios, la parrillada -hecha con carne estadounidense porque la argentina sigue prohibida en Corea del Sur desde el brote de aftosa de 2001- logró entrar en el podio de los platos más pedidos.
"Lo que más sale, en orden, es: empanada, parrillada, pastel de papa, milanesa, ñoquis", enumera Park, quien actualmente se encarga del restaurante ubicado en Gangnam, el más nuevo (tiene tres años), junto a su padre, mientras que un amigo coreano-argentino es el manager del de Seocho, más parecido a un bodegón.
Para acompañar la carne, los comensales eligen en su mayoría el vino argentino, otra pata del negocio de Park: los importa y los vende a otros restaurantes, hoteles o clientes particulares.
Para los más arriesgados (o los argentinos), el fernet es el elegido a la hora del show de tango o la sobremesa. "Un clásico argentino", que por sus "27 hierbas y especies es un muy buen trago digestivo para disfrutar después de nuestra parrillada", dice el menú. ¿El precio? 5000 won, algo así como 60 pesos.

El tango y los coreanos
Para Park, el "plato fuerte" del restaurante no es ninguno de los que figura en el menú sino el show de tango. Un espectáculo que comenzó siendo semanal en Buenos Aires Wine and Steak, pasó a convertirse en un paso obligado de cada noche, de martes a domingo. Es a las 21, entre la cena y la sobremesa, y está a cargo de una pareja argentina contratada por el dueño por algunos meses.
"Lo que tiene de bueno el público coreano es que si realmente llegás a impresionarlos, es muy expresivo. Si hacés alguna pose o algún movimiento que les llega, escuchás las expresiones", dice Alejandro Barrientos, un cordobés de 51 años, mientras intenta imitar las reacciones de los coreanos ante su show. A su lado, su mujer y partenaire, Rosalia Gasso, puntana de 36 años, se suma a las onomatopeyas.
La pareja, que está en Seúl por cuarta vez y por cuatro meses, también reconoce rápidamente a los argentinos entre el público. Y no sólo por sus rasgos. "Siempre se nota cuando hay un argentino. Generalmente cuando la gente sale del país, quiere que sepas que estás ahí. Gritan «Vamos» o «¡Qué lindo!», «Bravo». Vos los escuchás y te das cuenta. Los argentinos cuando van a ver tango les toca el alma, lo sienten como parte de ellos", dice Barrientos en el restarurante de Seocho, el distrito donde se instalaron varias milongas en los últimos años.
"El gran problema de Corea es la comida -comenta Rosalía, entre risas, después de destacar la belleza y la seguridad en Seúl-. Pero nosotros no sufrimos porque acá tenemos empanadas, bife de chorizo, tira de asado, milanesa".
Fútbol y fernet

Federico Park, casado y con tres hijos pequeños que no hablan español pero sí son fanáticos de las empanadas de carne, hizo de su restaurante su conexión con el país que lo vio crecer. Allí se juntó en el último Mundial con unos quince amigos argentinos a ver los partidos de la Selección en horarios complicados (la diferencia horaria con Brasil es de hasta 12 horas), mientras Corea del Sur quedaba eliminado en primera ronda. Allí también recibió al ex vicepresidente Julio Cobos en un viaje oficial y suele agasajar al embajador, Jorge José Roballo, quien aprovecha el ambiente de Buenos Aires Wine and Steak para realizar eventos de la representación diplomática en Seúl.
"Para mí tener el único restaurante argentino en Seúl es persistencia. No es fácil remar diez años con un proyecto que no sabés adónde te va a llevar. Uno lo hace por amor, por pasión. Antes de nosotros, hubo cuatro o cinco restaurantes argentinos en Corea que no duraron nada. Eso habla de lo complicado que es", destaca Park, con un vaso de fernet en su mano, mientras le pide, en coreano, al cocinero, que le saque una milanesa napolitana.
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