Bocas Abiertas, un festival de sabores en el Bajo de San Isidro

Con la presencia de reconocidos chefs y sus platos, hoy es la última jornada de este ya clásico evento gourmet
Con la presencia de reconocidos chefs y sus platos, hoy es la última jornada de este ya clásico evento gourmet
Lucila Rolón
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27 de septiembre de 2015  

Los cocineros reunidos, ayer en San Isidro
Los cocineros reunidos, ayer en San Isidro Crédito: Fernando Gutiérrez

Uno, dos, tres, cinco chicos, de no más de diez años cada uno, rodean al hombre alto, ancho, de anteojos y boina, entre risas y miradas pícaras. Estiran sus cuellos y le piden sacarse fotos, y él acepta mientras les hace chistes y les da la mano: "Mucho gusto", los va saludando. No se trata de un actor infantil ni de un cantante pop: es el chef Christophe Krywonis, flamante ídolo de los chicos que gustan de cocinar y que lo ven por televisión. Y que ahora, lo tienen ahí, en vivo, en el Bajo de San Isidro.

Son miles de personas las que vinieron a pasar el día y a recorrer los 40 puestos de comida que tientan a todos en la tercera edición de Bocas Abiertas, el festival que organiza el Polo Gastronómico y la Subsecretaría de Cultura del municipio.

El año pasado fueron sólo 24 y, en su mayoría, los locales más conocidos del barrio. Para esta ocasión, fueron especialmente invitados célebres cocineros que durante las cuatro jornadas del festival -hoy es la última- están convidando sus platos. Felicitas Pizarro, Diego García Tedesco y Beatriz Chomnalez, "la maestra", como le dicen los mismos chefs, son algunos de los que participan por primera vez. Además, hay Food trucks -como Los Petersen, Roll Ando o el Puesto de Fabio-, pastelerías, un puesto de helados moleculares, tragos de autor, y muchos más que forman un mercado donde se puede conseguir sartenes de hierro, aceite de oliva puro, sales, cremas y un sinfin de productos de primera línea. Todo mientras de fondo suena alguna banda y las mesas largas de madera -para compartir, claro- reciben y despiden comensales en una coreografía casi perfecta.

"Queremos que este espacio sirva para encontrarnos más allá del día a día, tanto los cocineros como los productores y los vecinos que suelen recorrer el polo gastronómico. Trasladamos el espíritu comunitario con el que trabajamos al aire libre, y sumamos áreas sustentables, como la huerta orgánica", dice Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria de Comunicación y Cultura del municipio.

Hoy, último día, además de comida, música y charlas, será la final de la Chimi Cup, una competencia por el mejor y el más rico chimichurri. Hasta ayer se habían presentado más de 30 versiones. La entrada, un bono contribución de $ 50, será destinada a una Escuela de Capacitación Gastronómica, con objetivos de integración social. Las puertas cierran a medianoche.

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