Brujos que chatean y curan por delivery

Cada vez son más los avisos que publican en los diarios; ofrecen franquicias y cursos superiores de tarot
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20 de diciembre de 2001  

Miedo a perder el trabajo, el amor, la salud, los ahorros. Esos son los principales motivos por los que cada vez más gente se sienta delante de adivinas que prometen bienestar a cambio de billetes.

Se sabe que las hay, pero ahora también se podría decir que las brujas abundan.

En un clima de crítica social e inseguridad económica, el mercado de la magia encontró el ambiente propicio para reproducirse: cada día, medio centenar de adivinos, videntes y magos publican sus avisos clasificados en los diarios.

Si bien no existen datos estadísticos al respecto, de acuerdo con la cantidad de avisos clasificados que se publican en los principales medios el negocio se quintuplicó en los últimos cinco años.

Las largas listas de clasificados prometen amor, felicidad, trabajo, soluciones para juicios y problemas de familia, ayudas y destrabes por medio de la magia blanca, negra, campesina, vudú o japonesa.

A esa magia cosmopolita se suma el servicio de delivery que distribuye a domicilio "sets para abrir el camino del amor, el dinero y la salud", talismanes, piedras energizadas, velas de distintos colores y formatos de acuerdo con la función que cumplirán, e imágenes de santos.

Los brujos, con sus clásicos iconos de la escobita y el sombrero puntiagudo, también atienden en la Web. Hay sitios donde se puede chatear con un adivino por 20 pesos.

El mercado se completa con videntes que venden franquicias. Universidades que ofrecen licenciaturas a distancia sobre tarot, parapsicología y numerología.

Cura de nueve días

"Sos una chica muy buena, te gusta hacer el bien, pero tenés inconvenientes laborales, no podés terminar tus estudios", dice Alba por teléfono, con tono monocorde y preguntando a cada instante: "Es así, ¿no?"

La clienta le dice que no es tan así y Alba titubea. "Pero vos tenés un malestar en el cuerpo, ¿no te duelen las piernas, el estómago?" No. "¿Tuviste dolor de muela o picazón en las manos últimamente?" Mmm, puede ser. "Es porque te hicieron un mal. En nueve días yo te lo voy a curar", promete la vidente, y arregla una cita a la que hay que ir con una botella de agua mineral, una prenda personal y un perfume.

En un edificio de la calle Castro, en Boedo, recorren pasillos en penumbra hasta que la mujer, pelo platinado (teñido) y algunos inconvenientes odontológicos, empuja la puerta del departamento. Un olor rancio, mezcla de fluidos de animales domésticos y vajilla sin lavar, emerge del ambiente. En el living, un par de pies peludos, grandes, asoman sobre el apoyabrazos de un sillón. Una voz masculina poco amigable le dirige un insulto a la dueña de casa.

"Es mi hijo, que trabaja de noche y necesita descansar de día", dice Alba en un susurro tratando de tranquilizar a su clienta, y la empuja en un ambiente lúgubre, iluminado con velas gruesas y camuflado con trapos violetas y negros.

La vidente pide el agua, la prenda y el perfume y su clienta se da cuenta de que olvidó ese detalle. "Bueno, me tenés que dejar algo, buscá en tu cartera, necesito algo tuyo, pinturas, billetera, dejame tu suéter. Es por tu bien. Para que él te busque", dice.

"No necesito que él me busque, tengo problemas de trabajo", miente la clienta. La bruja intenta mostrar el rostro del enemigo, "la persona que te está cerrando los caminos" en un vaso de agua. El truco falla y aunque ella insiste en que lo está viendo, en el vaso no hay más que agua y una pátina oleosa que cubre el vidrio. "Si hubieras traído el agua mineral lo podrías ver mejor", dice.

Con el tarot las cosas no le van mejor y tampoco acierta en la lectura de manos. Pero insiste en que hay una traba y asegura que ella puede curarla en nueve días.

"Yo no te cobro nada por el tratamiento, te lo hago gratis porque sé que vos tenés problemas económicos. Lo único que tenés que pagar son los materiales".

Los materiales son velas, una por cada uno de los nueve días que dura el "tratamiento", y se pagan diez pesos cada una. Eso sí, el delivery es gratis.

Ver más allá

Mónica dice que puede ver más allá de lo que ven los demás. Estudió psicología, es traductora de inglés y trabajó como maestra, pero ahora está sin empleo y por primera vez se decidió a vivir de sus percepciones.

"Cuando era chica pensaba que lo mío era normal, pero a medida que crecí me fui dando cuenta de que al resto no le pasaba lo mismo que a mí. Un poco por vergüenza nunca comenté mucho lo que me pasaba y cuando me casé, me olvidé del tema definitivamente", explicó Mónica.

Separada y con una hija, ahora se decidió a combinar la psicología con la astrología y la numerología. Cobra 40 pesos por una consulta de una hora y tiene más pacientes que trabajando como psicóloga.

"La gente está desesperada. Vienen a verme porque tienen problemas de trabajo o porque los hijos no tienen empleo desde hace tiempo y lloran en mi consultorio", dijo esta mujer de 37 años que atiende en Caballito y prefiere no buscar clientes por medio de avisos.

"Hay muchos pero muchos manochantas -advierte-, te prometen cosas imposibles, como adivinar el futuro por teléfono o solucionar los problemas mágicamente de un día al otro", agrega Mónica.

El arquetipo de la bruja mala, con indumentaria oscura, un grano en la nariz y una pócima venenosa, existe desde siempre. Pero ahora, crisis de por medio, el estereotipo tiene un nuevo elemento: la calculadora... y acepta cheques y patacones.

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