Cada día, más de 1000 personas debutan en la nieve sobre tablas
Los primeros pasos con los esquíes son los más complicados; cómo superar la frustración
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San Carlos de Bariloche.–Después de pedirles que se acomodaran uno al lado del otro en paralelo a la pendiente, Nicolás Liberatoscioli, instructor del Catedral Ski Resort, les dijo: "No es nada complicado esquiar. Para quedarse quietos manténganse de costado, apoyándose en el borde del esquí para cortar la nieve. El bastón, siempre atrás, relajado".
Los Galán, recién llegados de Buenos Aires, asintieron. Para los cuatro era la primera clase de esquí de sus vidas. Es más, Carlos no viajaba a Bariloche desde que era chico; Patricia desde el viaje de egresados, y sus hijos, Carlitos, de 10, y Lourdes, de 8, no conocían la nieve.
Y antes de empezar, un resbalón y uno de los Galán ya estaba en el piso. Algo que volvería a pasar una y otra vez durante las dos horas de clase, y a lo que hay que estar dispuesto cuando se dan los primeros pasos en la nieve. El contexto ayuda: las pistas de principiantes de la base del cerro Catedral están plagadas de turistas de diferentes edades que están en la misma. Se calcula que por día, en temporada alta, son más de 1500 personas las que toman clases en ese centro y que alrededor del 80% de ellos son debutantes.
Según el detalle que dio el coordinador general de la escuela Catedral Ski Resort, Pablo Fiorito, ese total de personas se divide en dos tipos de público: el masivo –unos 1000 por día–, que es el que llega por agencia, los estudiantes y los brasileños, donde el 99,9% es principiante; y los particulares –los quinientos restantes–, donde los principiantes son el 60%.
"Catedral es un centro de esquí que atrae a los principiantes por la amplitud de las pistas y por la progresión de éstas –dijo Fiorito–. El que se inicia acá se siente cómodo y puede avanzar escalonadamente."
Con esa idea arrancaron los Galán. Pero lo primero era aprender a deslizarse y frenar: la famosa cuña, o la "porción de pizza" como le llaman algunos por la forma triangular en que deben ponerse los esquíes. Bajaban de a uno y Nicolás estaba ahí atrapándolos cada vez que seguían de largo. Un muchacho de campera verde apareció en escena y quedó despatarrado por el suelo en medio de la clase. Carlos lo ayudó a levantarse. "Estamos todos en la misma", le dijo. El otro se mostró felizmente comprendido.

Como era de esperarse, en el momento de aprender a girar, los chicos le toman la mano más rápido. Según Nicolás, es algo que suele pasar siempre: cuanto más pequeños, más rápido aprenden; en cambio a los adultos les cuesta más, ya sea por los dolores que se vienen o por el simple miedo a caerse. Aunque los instructores también coinciden en que para los deportes de nieve no importa tanto la edad, como sí tener las condiciones físicas necesarias y, especialmente, la actitud para darle para adelante.
"Todo se aprende, y más a la edad de ellos", ratificó Carlos, y comparó el desempeño de sus hijos con aquel día en Brasil, el año anterior, cuando aprendieron a surfear con facilidad. ¿Qué es lo que más les cuesta? Deslizarse no, claro, doblar y frenar sí. Según Patricia, desde afuera parecía más fácil.
Las dos horas se esfumaron. Nicolás juntó a la familia y les dijo que lo ideal era que después del almuerzo volvieran a practicar toda la tarde ahí, en la pista de principiantes de la base. ¿El balance? "Cuando enganchás la técnica, empezás a controlar la velocidad", dijo Patricia, mucho más segura que en medio de la clase. Carlos hacía hincapié en que con sólo dos horas ya estaban esquiando, y que con haber observado los progresos de sus hijos también habían aprendido.

Es que para ellos no sólo fue la novedad de la clase, sino la posibilidad de compartir una actividad en familia y encima arrancando todos de cero. "Estamos una semana y es una oportunidad de compartir el momento. Si a ellos –Patricia señaló a los chicos– los mandábamos a la escuelita de esquí, íbamos a estar todo el día separados. Y para eso ya está todo el año, cuando están en el colegio."
Los Galán irían por más: ya tenían pactada otra clase con Nicolás para el día siguiente. Y esta vez arriba, en el cerro. ¿El nuevo desafío? Vencer el pánico escénico de estar en la altura y de la primera bajada de la aerosilla con los esquíes puestos. Miedos típicos de un principiante, según Nicolás.
Clases por Internet
Otro se mandó solo: no le importaba caerse 1000 veces de la tabla de snowboard. Haber bajado la pista de principiantes toda la tarde era un sueño hecho realidad. Pero antes de salir de Tucumán rumbo a Bariloche con su familia, Matías Medina, de 25 años, tomó algunas clases. Sí, por Internet.
"Era el sueño de toda mi vida hacer snowboard o esquí. Veía en ESPN a los tipos saltando, los giros. Quería venir y hacer algo así. Así que tomé unas clases por Internet y estuve viendo videos en YouTube. Algo saqué y estoy implementando la técnica", contó abrazado a la tabla.
No fue mala idea aprender vía Internet, ya que las clases no son económicas. En temporada alta, un día completo de clase con hasta tres alumnos sale $ 1990; medio día con hasta tres alumnos, $ 1250; una persona por dos horas, $ 690; y dos personas por dos horas, $ 790.
Matías no se cansaba de subir y bajar la pendiente para ensayar la técnica y hasta animarse a dar algún salto mientras intercambiaba consejos y se daba aliento con otros novatos de la tabla. Como profesor de educación física, sabía bien que debía empezar desde lo básico. "Sabés que sí o sí te vas a caer –dijo despreocupado–. La idea es divertirte y no frustrarte."
La duda inicial es el esquí o el snowboard
San Carlos de Bariloche (De un enviado especial).– Años atrás, nadie hubiera dudado en que dar los primeros pasos en un deporte de nieve era iniciarse en el esquí. Hoy ya no es tan así y, sobre todo los jóvenes, se preguntan antes de arrancar: ¿qué hacer, esquí o snowboard?
"Al principio, el esquí es mucho más sencillo que el snowboard –dice Pablo Fiorito, coordinador de la escuela Catedral Ski Resort–. En la primera, segunda o tercera clase cuesta menos. Y al ser un deporte mucho más antiguo que el snowboard tiene mucha más técnica para desarrollar y mil cosas para pulir con el tiempo. El snowboard, en cambio, es más difícil durante esas primeras clases. Pero después da mucha más libertad y enseguida el que aprende se mueve por cualquier lado en la montaña."
Justamente, al ser el snowboard un deporte más nuevo –Fiorito calcula que se instaló en la Argentina unos 18 años atrás–, requiere menos técnica para aprender y avanzar. Y si él tuviese que recomendar uno u otro lo haría dependiendo de la disponibilidad de tiempo que tenga el turista. "Si tenés dos días, el esquí. Y si tenés una semana, probá el snowboard. Porque con el snowboard, en sólo dos días, te vas a matar a golpes", dice.
Los más jóvenes cada vez lo eligen más y se calcula que en los últimos cinco años ganó muchísimo terreno.
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