Desde los estudios de LN+, Alejandro Andersson afirmó que “lo primero que se debe analizar es cómo reacciona el paciente a los estímulos”; “Los cerebros jóvenes tienen más plasticidad”, apuntó
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El neurólogo Alejandro Andersson visitó los estudios de LN+ para analizar la situación de Bastián Jerez, el niño de 8 años que se encuentra en estado delicado tras el choque entre una camioneta y un UTV en la zona de La Frontera, en Pinamar. “En cuanto a lo neurológico, el daño ocasionado en el accidente es muy difícil de revertir”, aseguró.

“Desde el momento inicial del choque surgen varias cosas”, manifestó Andersson. “La fractura de cráneo y luego una contusión y hemorragia cerebral. A partir de allí, todas las conexiones neuronales, se vuelven muy difusas", agregó.
“Pero, sin dudas, la mayor complicación sería una hemorragia intraventricular”, explicó el neurólogo, y detalló: “Dentro del cerebro hay unos espacios por donde circula líquido cefalorraquídeo. Y si sufrís este cuadro, el lugar por donde fluye ese líquido se puede tapar“.

En su visita a LN+, Andersson brindó más detalles sobre ese potencial cuadro. “En total, tenemos unos 150 mm de líquido cefalorraquídeo, pero fabricamos medio litro por día. Esto quiere decir que circula mucho", sostuvo. “Es decir que, si se tapa algún conducto, rápidamente la presión intracraneal aumenta y eso agrega daño”, apuntó.
Qué hace una válvula craneal
Bastián fue intervenido quirúrgicamente el lunes por quinta vez. Sobre eso, el neurólogo dijo: “La válvula craneal que lo colocaron al menor sirve para una derivación externa: es decir que se produce una liberación de ese líquido cefalorraquídeo para que la presión en el cráneo disminuya”.
En palabras del experto, “el edema craneal que sufre Bastián viene por el golpe, la inflamación y los hematomas: todo colabora con el aumento de esa presión craneal. Y esto complica la recuperación”.
La importancia de los estímulos
Otro aspecto analizado por Andersson recayó en la importancia de la reacción del menor a los estímulos externos. “Siempre hay que evaluar la reactividad que tiene el paciente: ese es el principal control. Si abre los ojos, el estado de las pupilas”, sostuvo.
“Otra cosa es si lo estimulás verbalmente a ver si responde. O si le haces un estímulo de dolor”, agregó.
Por último, el médico identificó en la edad del menor, un patrón de esperanza. “Siempre que los cerebros son más jóvenes, tienen más plasticidad. Pero primero hay que salir del momento agudo, que es este”, finalizó Andersson.
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