Cómo las ballenas de Puerto Pirámide pasaron de ser ignoradas a tener un billete homenaje

Gentileza Patagonia Digital
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La historia del puñado de hombres que sigue a cargo de los avistajes luego de 46 años con 100 mil turistas por temporada
Javier Drovetto
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1 de diciembre de 2016  • 00:46

Hace cuatro décadas, en Puerto Pirámides ocurría algo curioso. Aunque miden 15 metros de largo, pesan 50 toneladas y nadan a sólo 300 metros de la costa, las ballenas pasaban desapercibidas. A fines de los 60 eran 300 los ejemplares de la Ballena Franca Austral que llegaban al Golfo Nuevo durante la primavera para reproducirse y tener cría. Mientras que en esa aldea de Chubut vivían apenas 80 personas, la mayoría pescadores. Cinco de ellos descubrieron de casualidad, y casi al mismo tiempo, que las ballenas entre las que solían navegar o bucear podían ser un atractivo turístico. Pasaron 46 años desde ese “descubrimiento” y hoy Puerto Pirámides recibe al año por lo menos 100 mil visitantes que llegan con un deseo imperioso: embarcarse para ver ballenas de cerca. Y lo que resulta revelador es que aquellos emprendedores improvisados o sus hijos son los dueños de cinco de las únicas seis empresas habilitadas en toda la Provincia para pasear a las personas entre las ballenas y sus bebés.

Adalberto Peke Sosa tiene 74 años. Nació y se crió en las afueras de Rosario. A la zona de la Península de Valdés llegó cuando tenía 21, como buzo táctico retirado de la Marina. Su oficio le sirvió para colaborar con investigaciones marinas en la zona, organizar salidas de buceo y realizar caza submarina. “Por esos antecedentes y porque tenía un lancha, en 1970 me preguntaron desde la Gobernación si podía acompañar al biólogo norteamericano Roger Payne durante un trabajo de campo de 40 días para observar las ballenas”, cuenta Peke, marcando el hecho como un primer mojón de una actividad, el avistaje de ballenas, que hoy es el principal atractivo de todo Chubut, ya que si bien el único lugar donde el turista se puede embarcar para ver de cerca a las ballenas es Puerto Pirámides, ya desde la costanera de Puerto Madryn también se pueden observar varios ejemplares nadando por el Golfo Nuevo. Desde aquel 1970, Peke nunca dejó de llevar gente a ver las ballenas. En su familia, la tradición abarca tres generaciones, ya que la empresa “Peke Sosa Avistajes” ocupa a su hijo Mickey (49) y a Tomás, su nieto de 21 años.

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Apenas tres temporadas más tarde en Puerto Pirámide nació el primer emprendimiento pensado estrictamente para realizar avistaje de ballenas . Ese emprendimiento fue informal y lo encararon dos jóvenes veinteañeros: Mariano van Gelderen, un ex rugbier de San Isidro enamorado de la naturaleza y fanático del buceo; y Jorge Schmid, que había nacido en Belgrano pero hacía apenas dos años había adoptado la zona por su amor al buceo. Ese primer año, en 1973, llevaron siete personas a ver ballenas en una lancha con capacidad para cuatro personas y un timonel. “Ahora vienen 110.000 personas en toda la temporada”, dice Schmid, que hoy tiene 68 años y cuenta con cinco embarcaciones de hasta 72 pasajeros en su empresa “Turismo Aventura”. Desde hace varios días, Schmid lleva en su bolsillo un billete que para él vale mucho más que $ 200: “Todavía me emociona ver que la ballena ilustra el nuevo billete que el Banco Central de la Nación presentó en octubre”.

Los reyes de las ballenas

Mariano van Gelderen murió el año pasado a los 71 años. En Pirámides, que ahora suma 680 habitantes, lo conocen como El Rey de las Ballenas. Mariano, coinciden los pioneros, fue el que mejor entendió la riqueza que representaban las ballenas. Fue el que mejor interpretó el negocio y el que mejor encarnó el papel de capitán ballenero, con sus 150 kilos y una barba que le llegaba al pecho. Así como Peke acompañó al ahora reconocido conservacionista de las ballenas Roger Payne, Mariano escoltó en 1972 al explorador francés Jacques Cousteau. “Papá amaba las ballenas. Y yo que nací acá sigo pensando que es un privilegio único el que tenemos”, dice Lucía, su hija de 31 años, que ahora está al frente de Hydro Sport, la empresa de avistaje que fundó su papá luego de separarse de Schmid, su socio y amigo.

Los otros dos pioneros de la actividad son Ricardo Pinino Orri, que tiene 59 años, y Tito Bottazzi, que falleció y la empresa de avistaje quedó en manos de sus hijos y su mujer. Los dos eran buzos marisqueros, como se denomina a quienes pescan artesanalmente sumergiéndose en el mar para recolectar bivalvos y mariscos. “Con los avistajes arranqué en el 78. Llevé 60 personas. Ahora, en una temporada llevó 15 mil”, dice Pinino y asegura que el reconocimiento del lugar como destino turístico fue paulatino, a medida que en Europa y Estados Unidos se dieron a conocer los documentales de Cousteau, se revelaron las investigaciones de Payne sobre la actividad de las ballenas y el National Geographic y la BBC presentó el lugar como un destino natural imperdible. Para Schmid el punto de inflexión que convirtió el destino en una opción internacional fue la visita de la princesa Lady Di, en noviembre de 1997. “Tuve la oportunidad de guiarla en mi barco para que viera ballenas. En Pirámides la esperaban 360 periodistas”, jura Schmid y concluye que esa fue la mejor acción promocional de la actividad en toda su historia.

Pinino Orri, uno de los pioneros. Gentileza Patagonia Digital
Pinino Orri, uno de los pioneros. Gentileza Patagonia Digital

A las empresas de las familias Sosa, Schmid, Van Gelderen, Orri y Bottazzi se le sumó recién en 2008 una sexta empresa de avistaje, Southern Spirit, con capitales proveniente de Trelew. Esas son las únicas firmas habilitadas para embarcar pasajeros y navegar por el golfo donde desde junio y hasta diciembre pueden observarse hasta 1200 ballenas adultas y recién nacidas. “Cuando empezó la actividad de avistaje, Pirámides tenía apenas 80 habitantes y venía de tener una población de 1800 habitantes en 1923, cuando funcionaba el ferrocarril con el que se transportaba sal hasta el puerto y cuando todavía se mataban lobos marinos para vender la piel y el aceite”, recuerda Javier Roldán, intendente de Pirámides, que gracias al impulso del turismo y con la radicación de más pobladores en 2003 obtuvo la categoría de municipalidad de tercera. “ Ahora somos un pueblo netamente turístico, con 900 camas para turistas y 345.000 visitantes al año, un 45% extranjeros. De esos, uno de cada tres realiza una salida para hacer avistaje de ballenas”, explica Roldán, que tiene 37 años y es nativo de Pirámides.

Fuente: Archivo - Crédito: BCRA

Convivencia sana y legislada

Cuando comenzó el avistaje como actividad turística, la población de ballenas estaba amenazada por siglos de caza. De hecho y pese a una prohibición internacional de la Comisión Ballenera Internacional de 1935, en el sur de Brasil se la siguió cazando hasta 1973. Desde entonces, la ballena obtuvo una protección absoluta y la población creció a un ritmo del 5 % al 7 % por año, según el Instituto de Conservación de Ballenas, que lleva identificadas unas 2800 ballenas en la región.

Embarcarse para salir a verlas en un paseo que dura 1 hora y media sale $ 1150, una tarifa unificada entre todas las empresas. “En cada barco salen dos guías balleneros, uno capitanea el barco y otro guía a los pasajeros. El patrón tiene la habilidad de ubicar a las ballenas, detectar aquellos grupos que tienen actividad en superficie y al mismo tiempo respetar las distancias y acercarse a la mínima velocidad”, explica Pablo Fioramonti, guía ballenero y presidente de Asociación de Guías Balleneros, que registra en toda su historia 114 guías recibidos, de los cuáles poco más de 20 están en actividad. Es que desde 1986 la actividad se reglamentó y empezó a tener pautas formales. En ese sentido, en 2007 se aprobó una ley específica, la Nº 5714, que determina la “Técnica Patagónica de Avistaje de Ballenas”. En ese manual, se define la velocidad a la que debe circular la embarcación, una distancia máxima de aproximación de 50 metros (luego es la ballena la que puede acercarse), períodos en los que se puede navegar y restricciones en cuanto a ballenas con crías o durante la reproducción, entre muchos otros aspectos. “ Es que a Pirámides las ballenas vienen a copular, tener a sus crías o proteger a sus bebés con un año de edad. Por eso hay que cumplir pautas que no interfieran en su vida”, detalló Alexis Fioramonti, hermano de Pablo y también guía ballenero.

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