Con una red de escuelas rurales remotas, impulsan más equidad y desarrollo

Daisy Aranda y docente de la escuela Paraje Alecrín Misiones
Daisy Aranda y docente de la escuela Paraje Alecrín Misiones Crédito: P. Sutton
Gabriela Origlia
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28 de octubre de 2019  • 15:32

En la Argentina hay unas 4000 escuelas rurales plurigrado (alumnos de distintos niveles comparten docente y espacio) sobre un total de 10.500; la mayoría coinciden con ser también remotas e interculturales. Una es la Escuela Aborigen 938 de Colonia Alecrín, en Misiones . Tiene 72 alumnos primarios y 20 secundarios; en sus ocho años de existencia tiene un solo egresado secundario, Adrián Benítez, quien espera el año que viene estudiar Informática en la Universidad.

"Es un enorme logro para nosotros y un desafío seguir formando", dice Sandra Aranda, la directora. Para compartir experiencias, intercambiar herramientas y potenciar el desarrollo nació la Red de Escuelas Rurales Remotas; la impulsa la Red de Comunidades Rurales, una organización que tiene 12 años trabajando en ese ambiente.

La primera red se formó en Misiones con 16 escuelas; antes de fin de año comenzará a funcionar la de Jujuy y en los primeros meses del 2020: Esteros del Iberá ( Corrientes ), Chaco y la puna catamarqueña . Patricio Sutton, presidente de la Red de Comunidades Rurales, explica que la iniciativa -que cuenta con fondos del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas- promueve la instrumentación de nuevos modelos de aprendizaje colaborativos para mejorar "el acceso a educación de calidad y oportunidades de desarrollo familiar y comunitario" en las regiones con peores índices de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), aislamiento y vulnerabilidad socioambiental.

A la Escuela Aborigen 938 van los chicos de la comunidad Mbay guaraní; está en el paraje más grande de Colonia Piray, en plena selva misionera, en el centro norte de la provincia. Comparte edificio con otra escuela que, por suerte, tiene conectividad a partir de una antena de Arsat.

"Está el piso tecnológico pero falta la conectividad; esperamos pronto tenerla porque ayudará mucho -cuenta Aranda a LA NACION-. Los chicos viven todos en la zona y se educan con un programa intercultural, con conocimiento aportado por la cultura guaraní y por el de los programas tradicionales. Trabajamos en parejas pedagógica; el compañero indígena no es un mero traductor, cada uno hace el aporte desde su cosmovisión".

En la comunidad hay dos pozos de agua -logrados gracias a la Asociación Civil Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (Apaer)-; es distribuida a través de cañerías y tanques ubicados en diferentes sectores; la mayoría de las casas no tiene agua adentro. Buena parte de las construcciones son artesanales, hechas de tacuara, hojas de la palmera y barro.

Un alumno de la escuela Mbyá Guaraní
Un alumno de la escuela Mbyá Guaraní

EL DESAFIO DE LA UNIVERSIDAD

La mayoría de los papás de los alumnos es analfabeta, describe Aranda: "Vivieron décadas donde para llegar a una escuela había que hacer muchísima distancia y soportar una discriminación muy fuerte. Para quienes ahora estudian, la posibilidad de llegar a la universidad es muy complicada, no sólo porque deben mudarse, sino porque no tienen cómo mantenerse". De las 115 comunidades aborígenes que hay en Misiones, sólo hay tres egresados universitarios, uno de los cuales hizo el ciclo en Cuba .

Del total de comunidades, cinco son las grandes (están en la zona de Puerto Iguazú) con unas 2000 personas cada una. En Alecrín son 56 familias y, como en el resto de sus pares, e la mayoría de la población es infanto-juvenil. Desde la Red de Comunidades Rurales indican que el foco está puesto en las escuelas "remotas" porque apenas uno de cada 1.000 jóvenes de los diferentes pueblos originarios logra acceder y terminar estudios universitarios; la expectativa de vida es 10 a 15 años menor que en ámbitos urbanos y más del 70 % de sus habitantes no tiene acceso a agua potable o sistemas cloacales.

Los chicos, felices con los libros
Los chicos, felices con los libros

Sutton menciona a este diario que investigaciones realizadas en el país y con especialistas de Australia (tiene el doble territorio, la mitad de la población, cuenta con comunidades aborígenes y mejor desarrollo económico) mostraron que la "conexión, el intercambio de conocimientos y aprendizajes, son claves. Incluso aprenden a gestionar en conjunto". En la Argentina hay experiencias en ese sentido en la cordillera patagónica.

"El registro es que lograron solucionar juntos el 80% de los problemas que tenían; en la reserva salteña de Acambuco está el caso de cuatro comunidades que pedían de manera individual un secundario con albergue, cuando funciona uno para todas", apunta Sutton.

"La formación de redes nos hace ver que no estamos solos, que compartimos métodos y herramientas -dice Aranda-. Aprendemos entre todos". En Alecrín la comunidad vive de lo que les da el monte, tienen chacras (cultivan maíz, batata, sandías, melones, maní, porotos y arroz); están poniendo en marcha una huerta comunitaria. Aranda destaca que la escuela cuenta con "mucho acompañamiento y compromiso de los padres; su aporte es clave para que no se pierdan la cultura ni el idioma. En realidad la escuela es de ellos, no de los maestros".

La Red de Escuelas Rurales Remotas medirá indicadores del trabajo bajo ese modelo convencida de que habrá "un antes y un después"; Sutton señala que la organización actúa como facilitadora, es un factor de "motivación" y colabora con la metodología para las tareas de las instituciones.

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