Coronavirus. Tiene 82 años, se contagió en un geriátrico de Córdoba pero al final ganó: recibió el alta con aplausos

Chela, al momento de recibir el alta en un sanatorio cordobés
Chela, al momento de recibir el alta en un sanatorio cordobés
Gabriela Origlia
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1 de mayo de 2020  • 10:54

CÓRDOBA. "Nadie me llamó ni me dijo nada. Me largaron acá, sola". Esa es la frase que más repitió María Graciela, "Chela", después de que el 12 de abril la trasladaran desde el geriátrico Santa Lucía en Saldán (Córdoba ) a un sanatorio privado. Era una de las 61 personas contagiadas de coronavirus (todos internos y seis empleados). El miércoles pasado se fue a la casa de su hija, en Villa Warcalde; a los 82 años y con varias enfermedades crónicas a cuestas, logró recuperarse. Se emocionó cuando la aplaudieron al darle el alta. Cómo no.

Chela (su familia prefiere no mencionar su apellido) quedó viuda hace un año y perdió a uno de sus cinco hijos hace tres; cuando murió su compañero de toda la vida (61 años juntos) pidió que la internaran en el geriátrico de Saldán porque tenía a una conocida allí. "Todos decían que era un buen lugar", reflexiona ahora –desilusionada– su hija Ana Laura. Nunca en más de un mes el dueño o el director médico se comunicaron con ella o los familiares de los internos contagiados. Tampoco el PAMI, al que es afiliada, ni el Ministerio de Salud de la Provincia. Sí lo hizo una encargada de prensa, hace unas horas, para pedirle hacer una "nota" junto a su mamá para difundir en los medios.

El 9 de abril, por un mensaje de WhatsApp que recibió a las 3 de la mañana, su hija se enteró de que había un médico con Covid-19 en el geriátrico y que su mamá también había dado positivo en el hisopado. Chela y Ana Laura recuerdan ante LA NACION que desde unos días antes la mujer decía que le dolía el cuerpo y pensaba que "estaba sintiendo el golpe", en referencia a una caída que había sufrido. Se cortó la ceja y el profesional que dio positivo fue quien la cosió.

"Se olvidaron de apagar el televisor y nos enteramos de que había coronavirus en el geriátrico mirando un noticiero del mediodía –repasa–. Nunca nos dijeron nada directamente, pero nos organizaron de otra manera; quedé en mi habitación con dos compañeras más y sin el teléfono. Sabíamos que no podíamos salir".

El geriátrico de Saldán, en Córdoba, que fue un foco de contagios. Allí vivía Chela
El geriátrico de Saldán, en Córdoba, que fue un foco de contagios. Allí vivía Chela Crédito: Gentileza La Voz

El sábado 11 a la noche tuvo algo de fiebre, una asistente del geriátrico se comunicó con la hija y le adelantó que la internarían. El domingo –después de una serie de imprecisiones sobre adónde la llevarían– fue ingresada al sanatorio Aconcagua, de la capital de la provincia. Allí estuvo aislada hasta el último miércoles. "Los del geriátrico nos abandonaron. Tuve que hacer un escándalo para recuperar algunas cosas de ella; sí algunas asistentas preguntaban cómo seguía. Tuve que conseguir yo el teléfono del delegado del PAMI cordobés para hablar con él", insiste Ana Laura.

Durante la internación de Chela murió su amiga, también infectada de Covid-19. No lo sabe y seguramente pasará tiempo hasta que se entere. Todos tratan de evitar un nuevo golpe emocional. De su aislamiento recuerda que la habitación era "oscura" y que quería irse. Su hija señala que no ve bien y tal vez por eso su mamá tenía esa percepción; Roberto Chacón, director del sanatorio, cree que la idea puede ser por la tristeza.

Chacón afirma que pese a sus enfermedades de base, Chela transitó "muy bien" la internación por el coronavirus. "No requirió terapia intensiva ni oxígeno permanente; no tuvo fiebre ni tos. Los dolores del cuerpo también tienen que ver con su artritis avanzada", indica a este diario.

El frente del sanatorio cordobés en el que estuvo internada. Recibió el alta el miércoles
El frente del sanatorio cordobés en el que estuvo internada. Recibió el alta el miércoles

La mujer no supo "directamente" hasta el momento del alta lo que tenía pero todos están convencidos de que ya lo intuía. "Me dieron mucho cariño, me atendieron muy bien", reitera ella y no hace referencia a miedos o angustias.

Ana Laura sostiene que Chela es muy lúcida y creyente: "Seguramente, en su interior, sabe que no era su hora. Se emocionó cuando nos fuimos, creo que ahí tomó conciencia de todos los que trabajaron por ella". En el aislamiento hablaba por teléfono, veía algunos videos de sus sobrinos y preguntaba insistentemente por una que vive en Italia. Quería saber cómo estaba "por el problema" que hay.

Ahora, mientras espera que el PAMI le envíe un andador para moverse con más comodidad, está aislada con su hija. Dos hisopados le dieron negativo y por eso se pudo ir a su casa. Y no deja de preguntar por el médico –sabe que se contagió– y por sus amigos del geriátrico.

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