Coronavirus: las investigaciones sobre el VIH potencian el desarrollo de una vacuna contra el Covid-19

Conocimiento sobre el sistema inmunológico y experiencia en ensayos clínicos, los grandes aportes de las investigaciones sobre el VIH
Conocimiento sobre el sistema inmunológico y experiencia en ensayos clínicos, los grandes aportes de las investigaciones sobre el VIH Crédito: DPA
Lenny Bernstein
Carolyn Y. Johnson
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15 de julio de 2020  • 19:27

WASHINGTON (The Washington Post).- En 1984, los científicos descubrieron el virus detrás de una alarmante epidemia que estaba enfermando a jóvenes sanos y les generaba cánceres y neumonías letales. El descubrimiento del VIH fue un momento largamente esperado, y la entonces secretaria de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Margaret Heckler, prometió que el flagelo del sida tenía los días contados: anunció que la vacuna estaría lista para ser probada en menos de dos años. "Será otra enfermedad que sucumba ante la tenacidad, la paciencia y el genio humanos", proclamó Heckler en ese momento.

Treinta y seis años después, sigue sin haber una vacuna para el VIH. Pero en vez de convertirse en una moraleja contra la soberbia científica, esos esfuerzos infructuosos ahora están ayudando a emprender con mayor confianza la búsqueda de la vacuna contra el coronavirus, y de la mano de los mismos investigadores que dedicaron sus carreras a buscar la cura para el sida.

En esas décadas de investigación sobre le VIH, los científicos acumularon enormes conocimientos sobre el sistema inmunológico, perfeccionaron tecnologías de vacunación que ahora están siendo readaptadas contra el nuevo coronavirus, y crearon una red de infraestructura global de ensayos clínicos que puede ser reasignada del HIV al patógeno causante del Covid-19.

Los laboratorios, las instalaciones de ensayos clínicos y las redes de reclutamiento de voluntarios que se pusieron rápidamente en acción contra el coronavirus existen gracias a las ingentes cantidades de dinero que se gastaron en la investigación del VIH. La infraestructura, los equipos y la experiencia ya existían. El control infeccioso había sido perfeccionado. Los organismos de control ya están comprometidos con la tarea.

"La respuesta al Covid-19 fue posible gracias a la investigación sobre el VIH", dice Dan Barouch, director del Centro de Virología y Desarrollo de Vacunas del Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston, cuyo trabajo sobre una vacuna para VIH condujo al desarrollo de una de las grandes candidatas a vacuna contra el coronavirus.

Los científicos acumularon enormes conocimientos sobre el sistema inmunológico, perfeccionaron tecnologías de vacunación que ahora están siendo readaptadas contra el nuevo coronavirus, y crearon una red de infraestructura global de ensayos clínicos que puede ser reasignada del HIV al patógeno causante del Covid-19

"Que la traigan: nosotros ya estamos listos y a la espera para arrancan con los ensayos de la vacuna contra el Covid", dice Linda-Gail Bekker, subdirectora del Centro contra el VIH Desmond Tutu, del Instituto de Enfermedades Infectocontagiosas y Medicina Molecular de la Universidad de Ciudad del Cao, Sudáfrica.

Complejidad

El VIH es un virus endiabladamente complejo y escurridizo que viene escapando al esfuerzo de los vacunólogos, pero hay razones fundadas para creer que el coronavirus será un enemigo mucho menos resistente. Y si el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus avanza tan rápidamente es porque lo hace a caballo de las investigaciones sobre el VIH.

"Fue un giro verdaderamente repentino para los que lideraban las investigaciones sobre la vacuna y prevención del VIH", dice Nina Russell, subdirectora del programa de Tuberculosis y VIH de la Fundación Bill & Melinda Gates.

Entre 2000 y 2018, se invirtieron unos 14.500 millones de dólares para desarrollar una vacuna contra el VIH, según AVAC, una ONG dedicada a la prevención del sida. De acuerdo a los datos de la agrupación, 46 proyectos de vacunas contra el VIH han sobrevivido para llegar a las etapas de ensayos preclínicos y clínicos, mientras que otras 100 investigaciones fueron abandonadas en una etapa anterior del proceso.

El VIH es un virus endiabladamente complejo y escurridizo que viene escapando al esfuerzo de los vacunólogos, pero hay razones fundadas para creer que el coronavirus será un enemigo mucho menos resistente

En contraste, y según la lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya hay en desarrollo 160 vacunas contra el nuevo coronavirus, un patógeno hasta hace seis meses desconocido por la ciencia . Veintiuna de esas vacunas ya están siendo probadas en entornos clínicos. Tanto los gobiernos como las empresas han destinado miles de millones de dólares. Y ahora, ambos esfuerzos se están empalmando.

"Hay un montón de investigadores de inmunología y virología que tienen laboratorios ya preparados y plataformas para el desarrollo de vacunas y que las están redestinando rápidamente para el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus", señala Meg Doherty, directora del departamento de la OMS para los programas globales contra el VIH, la hepatitis y las enfermedades de transmisión sexual.

Apuestas

La ciencia apuesta a que una o más de esas investigaciones redunden en una vacuna que pueda desplegarse dentro de 12 a 18 meses. Los investigadores están muy esperanzados por las diferencias que existen entre el VIH y el nuevo coronavirus. El VIH se integra dentro de las células del cuerpo, lo que implica que cualquier vacuna tiene que empezar a funcionar de inmediato para desviar el patógeno. El sistema inmunológico humano no está naturalmente preparado para combatir el VIH, y eso dificulta aún más la creación de una vacuna. Además, es un virus que muta con mucha mayor rapidez que el nuevo coronavirus, cuyo nombre oficial es SARS-CoV-2.

Ya hay en desarrollo 160 vacunas contra el nuevo coronavirus, un patógeno hasta hace seis meses desconocido por la ciencia. Veintiuna de esas vacunas ya están siendo probadas en entornos clínicos

"No será nada fácil, por supuesto, pero lo más esperanzador es la historia natural de esta infección", dice Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. La gran cantidad de infectados asintomáticos o con síntomas leves también es una buena señal de que el sistema inmune humano puede enfrentar y vencer al virus.

"Es muy diferente del VIH", dice Collins. "El coronavirus es buen candidato para que la vacuna funcione, porque sabemos que nuestro sistema inmunológico, con la ayuda adecuada, puede eliminarlo."

Las décadas de investigación en vacunas han ayudado a los científicos a perfeccionar tecnologías y métodos que pueden ser readaptados para el coronavirus, desde las vacunas de vector ARN y ADN, hasta las que usan virus inofensivos para introducir genes virales al interior de las células.

El doctor Barouch, por ejemplo, hace 15 años que investiga una vacuna contra el VIH, y ha desarrollado una tecnología basada en un inofensivo virus de la gripe que puede transportar genes específicos al interior de las células. Esos genes recodifican una parte distintiva del VIH para generar una respuesta inmune del cuerpo.

A principios de enero, cuando Barouch se encontraba en su retiro anual en el laboratorio del Museo de Ciencias de Boston, la vacuna contra el VIH basada en ese trabajo, todavía se estaba probando en ensayos clínicos a cargo de la gigante farmacéutica Johnson & Johnson. Y el gran tema de discusión en el laboratorio de Barouch era esa nueva neumonía que había aparecido en Wuhan, China, con 41 casos conocidos y hasta entonces una sola muerte.

Hoy, con más de 13 millones de casos confirmados en todo el mundo, esas cifras parecen insignificantes, pero alcanzaron para que a Barouch y a su equipo les resultaran alarmantes. Decidieron que deberían hacer algo.

Esa misma noche, los investigadores de China compartieron online la secuencia del genoma del virus, y el laboratorio de Barouch comenzó a estudiarla, y poco después se contactaron con su socio farmacéutico, Johnson & Johnson, para trabajar en una vacuna cuyas pruebas en humanos, al parecer, empezarán este mes.

Reutilizaron la plataforma de vacunas desarrollada originalmente para el VIH y el ébola mediante la inserción de material genético que codifica la característica proteína con espinas del coronavirus. En teoría, eso debería desencadenar que el sistema inmunológico desarrolle anticuerpos contra el coronavirus. Si no fuera por el VIH, dijo Barouch, su laboratorio y su socio de la industria no hubieran podido moverse tan rápido.

Construcción de una red

Estados Unidos viene creando desde hace años una inmensa red para la realización de ensayos clínicos logísticamente complejos, necesarios para probar las vacunas contra el VIH y medicamentos preventivos contra el sida. Larry Corey, virólogo y expresidente del Centro Fred Hutchinson de Investigación del Cáncer, en Seattle, quien codirige la Red de Ensayos de Prevención Covid-19, dice que casi todos los aspectos de los ensayos clínicos de vacunas para el Covid en 30.000 personas están basados en los protocolos para el VIH.

Eso abarca desde la recopilación de datos y la experiencia bioestadística necesaria para analizar los datos de ensayos a gran escala, hasta las relaciones con la comunidad y la experiencia en el reclutamiento de personas vulnerables para experimentos médicos complejos.

Hoy, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos dieron a conocer su Red de Ensayos de Prevención Covid-19, una amalgama de varias grandes redes de ensayos clínicos, dos de ellas tomadas directamente del VIH.

Los líderes de estas investigaciones reconocen que los desafíos y la escala esta vez son diferentes: no todo el mundo corre riesgo de contraer el VIH, mientras que toda la población mundial es vulnerable al coronavirus.

Lo importante es que los aspectos más mundanos, pero esenciales de los ensayos clínicos, que aseguran que los resultados sean incontestables, ya existen: los congeladores han sido auditados para demostrar que son infalibles, hay personal experimentado en reclutar voluntarios, y gerentes de operaciones acostumbrados a realizar experimentos de años de duración.

"Los Institutos Nacionales de Salud han invertido una enorme cantidad de dinero a lo largo de los años en el desarrollo de una red internacional capaz de realizar este tipo de ensayos, que requieren una enorme infraestructura", indica Richard Novak, jefe de enfermedades infectocontagiosas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Illinois en Chicago. "Por suerte todo eso ya existía y estaba listo para funcionar cuando apareció todo esto. De lo contrario, llevaría años desarrollarlo."

Una lección crucial que nos dejó la investigación del VIH, dice Bekker, de la Universidad de Ciudad del Cabo, es que para desarrollar una vacuna hay que adoptar varios enfoques al mismo tiempo. Los experimentos con la vacuna contra el VIH a menudo tienden a organizarse uno tras otro, con toda la comunidad esperando los resultados de los mejores candidatos. Ahora, por el contrario, hay numerosos ensayos de vacuna para el coronavirus que se están desarrollando de manera simultánea.

"Para hacer las cosas rápido y asegurarse de tener un ganador, hay que poner varios caballos a correr al mismo tiempo", dice. Además, con toda la población mundial bajo amenaza, tal vez sean necesarias varias vacunas seguras y efectivas, y no solo una.

"Tal vez el mundo necesite más de un ganador", dice Bekker.

(Traducción de Jaime Arrambide)

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