Crecen las agresiones a médicos en muchos hospitales públicos

Paro en el Santojanni en reclamo de seguridad
Fabiola Czubaj
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8 de agosto de 2012  

La hora de furia que se vivió anteayer en los pasillos del hospital Santojanni, cuando unas 60 personas agredieron y golpearon a médicos y enfermeros por la confusa muerte de una paciente , no es un episodio aislado en el sistema de salud público. Gritos, insultos, mordeduras, trompadas, robos, amenazas verbales y hasta a punta de pistola o con cuchillos figuran en la lista de hechos a los que médicos, enfermeros, camilleros y choferes de ambulancias están cada vez más expuestos en los hospitales públicos de toda el área metropolitana. Por eso, hoy el personal del Santojanni realizará un paro por 24 horas en demanda de medidas de seguridad.

En el hospital municipal de Boulogne, en San Isidro, la puerta de entrada a la Guardia de adultos aún conserva rastros de la violencia que toma por sorpresa a sus médicos y enfermeros. Las roturas de los paneles de vidrio muestran la virulencia con la que un hombre quiso derribarlos a patadas. "Absolutamente drogado", exigía que le suturaran un corte en un dedo. El golpe hizo estallar los vidrios sobre los pacientes que esperaban en el salón. No contento con eso, lanzó una trompada contra un vidrio. Esta vez, las esquirlas cayeron sobre los enfermeros. Su único límite fue la puerta de acceso a los consultorios, que las autoridades del hospital decidieron blindar para contener este tipo de arrebatos.

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En la guardia del Santojanni , en Liniers, también tuvieron que blindar las puertas después de que barrabravas de Nueva Chicago ingresaron en enero a apuñalar a un integrante de la facción rival que estaba internado. Y provincias como Catamarca, Corrientes, Neuquén, Santa Cruz y otras solicitaron asistencia a la Asociación de Médicos Municipales (AMM) porteña para contener la situación.

"A partir de un estudio de campo que realizó la AMM en los centros públicos y privados del país, podemos afirmar que los casos de violencia aumentan año tras año y son cada vez más graves", indicó el doctor Vadim Mischanchuk, abogado de la institución, que debió instalar una línea 0800 de asistencia legal las 24 horas.

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo coinciden en que el 25% de los casos de violencia laboral ocurre en centros de salud y servicios de emergencias.

La AMM estima que sólo 2 de cada 10 casos terminan en una consulta jurídica. Pero mientras recibió 8 denuncias en 2007, en 2010 recibió 100. El año pasado hubo un pico cuando se decidió retirar la presencia policial de los hospitales porteños.

Inseguridad en el trabajo

Hace algo menos de tres meses, la Sociedad Argentina de Pediatría y Unicef presentaron los resultados de otro relevamiento nacional. El 47% de los 15.461 pediatras dijo que se siente inseguro en el lugar de trabajo. El presidente de la SAP, doctor Gustavo Cardigni, respondió entonces a LA NACION: "Un 5% [que dijo padecer violencia física] puede parecer muy poco, pero estamos hablando de 70 médicos agredidos en un mes".

A la doctora Ana María Mathiú, jefa de guardia del hospital de Boulogne, ya la asaltaron tres veces a bordo de una ambulancia. "Hoy, todo es prepotencia y violencia, con maltrato físico y psicológico", dijo.

Recuerda que una ambulancia del hospital llevó a la guardia a una señora. Bastó que le dijera: "Buenas noches, ¿por qué solicitó la ambulancia?" para que la mujer le respondiera desde la camilla: "¿Qué? ¿Te molesta?" El "no" de la médica hizo que la paciente se levantara y le lanzara una trompada. "Mi cabeza golpeó contra una vitrina y no recuerdo más. Terminé internada en el Hospital de San Isidro con un traumatismo de cráneo y una fractura frontal."

Pero hay más. "Llega un muchacho con una embarazada de unos 26 años con un disparo en el cuello –contó–. La tira en el medio de la guardia y nos dice, apuntándonos a la cabeza con un revólver: «Si se muere, ¡los mato!». Tuvimos que llamar a la policía. Era su pareja y la había matado."

Estado calamitoso

Los médicos y enfermeros consultados coincidieron en que el abecé de la guardia del domingo es recibir personas alcoholizadas o drogadas en un estado calamitoso. "Esto siempre pasó –aseguró Mathiú–, pero antes tenían entre 20 y 30 años. Hoy, tienen 14 o 15. Y hasta tuvimos que atender a uno de 11. Al preguntarle qué había tomado, me respondió: «¿A vos qué te importa? Fumo marihuana, ¿vos me das la guita para la droga?». Los padres llegaron a buscarlo a las seis horas y estaban en un estado aún peor."

–¿Por qué piensa que está pasando esto?

–Y, habría que preguntárselo a toda la sociedad. El 90% llega angustiado. Los dolores de pecho, de cabeza, las contracturas, eso es estrés, agotamiento... o algo peor.

En su hospital, las cámaras de seguridad que registran cualquier desborde antes y después de la puerta blindada, captan también cuando los pacientes maltratan, escupen, les tiran sangre infectada a los que los atienden. "Todo esto produce miedos, fobias, y muchos no quieren seguir trabajando", señaló la doctora María Grosso, directora general de Salud Mental del Ministerio de Salud porteño. En mayo comenzó a funcionar el programa Cuidar a los que Cuidan para asistir al personal de los 33 hospitales públicos de la ciudad, pero especialmente al del Piñero, del Bajo Flores, donde "se había desbordado la situación", comentó Grosso.

El doctor Jorge Gilardi, médico del Piñero y presidente de la AMM, señaló que todo esto termina lesionando la relación médico-paciente. "Y eso deteriora la calidad de la asistencia –dijo–. Agredir a los que cuidan es morderse la cola."

Los equipos médicos a bordo de las ambulancias del SAME son blanco de tiros, golpes, patadas, maltrato y robos. "Es aleatorio y ocurre hasta en lugares impensados. Es un mito que suceda sólo en zonas carenciadas. Tuvimos episodios en Palermo, Barrio Norte, Belgrano o Recoleta", comentó el doctor Carlos Russo, director de emergencias del SAME. "Cuando hay una situación de mucha tensión, el equipo queda inhabilitado para seguir trabajando", indicó.

En muchos lugares de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, las ambulancias no salen después de las 20. "El que lo padece es el paciente. Por eso –sostuvo Gilardi–, reclamamos que nos cuiden. Tenemos que hacer lo que sabemos: usar el guardapolvo blanco y no un chaleco antibalas."

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