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El consumo problemático de sal es uno de los principales factores que inciden en el aumento de la presión arterial. El cardiólogo Jorge Tartaglione visitó los estudios de LN+ para desentrañar ese vínculo y compartió una serie de recomendaciones para reemplazar este típico producto que dice presente en todas las mesas argentinas.

“Si comés sal, retenés líquido. Si retenés líquido, aumenta el volumen de sal. Y si aumenta el volumen de sal, aumenta la presión arterial“, detalló Tartaglione. ”Aún así, hay que entender algo: lo que nos hace mal no es la sal, sino el sodio que contiene“, agregó.
Según el cardiólogo, “es falso eso de que la sal marina sea mejor para la salud arterial que la sal de mesa”.

Consultado sobre las alternativas que podrían ayudar a moderar el consumo cotidiano de sal, el cardiólogo dijo: “La sal de mesa puede ser reemplazada por pimienta, que se puede consumir libremente, y también por comino”.
En la senda de las recomendaciones, Tartaglione agregó: “A quienes van al supermercado les sugiero que elijan las sales verdes. Porque las que vienen en escamas o la del Himalaya, son exactamente lo mismo que la común”.

Otro aspecto sobre el cual el especialista se detuvo fue el relacionado a la necesidad de los cambios de hábitos. “Tanto para quienes son hipertensos como para los que no, les tengo un mensaje: acostumbren el paladar”, subrayó Tartaglione.

“Buscar, y encontrar, el sabor sin sal es el gran truco”, siguió el cardiólogo. Luego, sumó un ejemplo geográfico: “En muchos pueblos de África, las comunidades se alimentan íntegramente con alimentos sin sal”.
En su visita a los estudios de LN+, Tartaglione recibió una consulta inesquivable: ¿Qué hacemos con el asado?

“En los cortes de carne siempre hay que poner la sal del lado de la grasa”, sugirió el médico. “Porque la cantidad de grasa que tenga la carne va a influir en la cantidad de sal de esa porción”, reveló.
“Lo digo y lo repito siempre: podés comerte de vez en cuando una entraña, pero no todos los días. En la vida, todo es moderación”, concluyó Tartaglione.




