¿Cuánta propina se le debe dejar al "chico del delivery"?
El billete de dos pesos ya no suma como antes, y la inflación ha erosionado esa gratificación adicional que deja el cliente; repartidores cuentan su experiencia cotidiana a LA NACION y su estrategia para lograr recaudar más
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Situación: un grupo de amigos (o amigas) se reúnen en la previa de un viernes, o en la antesala de un partido, por ejemplo el de esta noche entre Universidad de Chile y Boca por la Libertadores. "¿Salen unas pizzas?" "Sí, salen". "¿También compramos cervezas?" "Sí, compremos". Todos están de acuerdo en eso, no hay dudas.
El pedido: una napolitana y una grande de muzzarella, y algunas bebidas. "¿Cuánto sale? ¿98? Bueno, te pago con 100", es el diálogo habitual cuando se pide comida por delivery. Pero, ¿cuánto le dejamos de propina a quien nos trae el pedido? ¿Redondeamos la cuenta y cerramos en una cifra exacta o hacemos una vaquita para soltar unos billetes más?
"Sé quién es propinero y quién no", dice un repartidor
No existe convención que indique cuál es el importe indicado para dejarle al repartidor de la rotisería, la pizzería o cualquier otro rubro que implique distribución callejera. Por lo general nos despojamos de un puñado de monedas o de algún billete chico. Pero, ¿hacemos lo correcto o deberíamos dejar un porcentaje del total del pedido?
Ellos, los chicos delivery , aceptan el criterio del cliente y parecen no preocuparse por el monto individual, aunque si se esfuerzan por optimizar los tiempos y llevar mayor cantidad de pedidos para ganar más. Y algunos prefieren atender primero al cliente que saben lo recompensará por llegar a tiempo, con la comida caliente y la muzzarella sin caerse de la pizza.
"Sé quién es propinero y quién no. Trato de ir antes al que sé que me va a dar 8 pesos o más; con el tiempo vas conociendo a los clientes", reconoce Alberto, que reparte minutas y comidas elaboradas como guisos, asado, pollo y ensaladas en el microcentro.
Camina por Lavalle a gran velocidad, casi al trote, con tres bolsas blancas en una mano y dos en la otra. Primero deja los pedidos, entra y sale de cada local y sólo saluda al cliente; luego, cuando termina el recorrido por la peatonal y otras calles que la cruzan, atravesando galerías, esquivando micros y taxis, regresa a los lugares para cobrar. Una estrategia para que el pedido llegue lo antes posible y caliente.
Los platos que reparte cuestan entre 35 y 40 pesos y lleva pedidos durante ocho horas, de lunes a viernes. Estima que, al final del día, se lleva unos 30 pesos, un 3% del total que reparte, que los utiliza para los gastos de transporte o lo que compra en la calle.
El monto "común"
Las propinas varían, en promedio, entre 2 y 5 pesos. ¿Están conformes? "Lo que deja la gente está bien porque es a voluntad, queda a criterio de cada cliente. Hay quien no te da nada, pero yo me quedo conforme con lo que me dan", dice José mientras reparte comida peruana. En su caso suma 15 pesos al final del día que le alcanza para viajar, de su casa al trabajo ida y vuelta, y poco más.
La retribución puede ser más baja y llegar hasta 25 o 50 centavos, de acuerdo al tipo de pedido. Si repartís lunchs, sándwiches, chips y sus variantes, llevás la de perder. Como le pasa a Carlos, aunque se conforma con los 50 pesos que junta por semana: "La verdad, me dan muy poco, un peso, una moneda. Pero como es a voluntad, no pido nada. Me conformaría con que me den un peso por pedido, llevo 75 por día, más o menos".
Lo que reciben, la mayoría, es el descarte de lo que queda en los bolsillos. "El trato con los clientes es bueno, pero me dan billetes rotos o deteriorados. Yo les digo ‘gracias’ y si lo puedo cambiar, lo hago en el banco. Llevo de a varios billetes, pero muchas veces no me da la cara para hacer tanta cola y cambiar de a dos o tres billetes de dos pesos", revela Carlos, que trabaja cinco días a la semana, nueve horas diarias.
"La propina que ganó me conviene, estoy conforme", comenta otro trabajador
"Más o menos la propina eh", responde Lucas, sin perder la sonrisa. En general dice que sus clientes le dan entre 1 y 2 pesos y logra reunir 25 a 30 por día. "Pero pienso que debería ser un poco más". ¿Y el trato con la gente? "Hay personas y personas; muchos son cargosos porque están de mal humor, te mandan al carajo enseguida si te equivocás y te dejan de pedir, pero después vuelven a llamar", responde.
A diferencia de los restaurantes, donde si bien no hay una reglamentación que exija dejar un determinado porcentaje de propina, se estima que entre el 10% y 20% del valor total debería dejársele al mozo. Se cumple de acuerdo a la voluntad del cliente.
Pero no existe una norma que tipifique la retribución para los deliverys y por eso, algunos se ilusionan con que se reglamente la figura del laudo. "La propina que ganó me conviene, estoy conforme. Pero si se reglamenta, me llevaría siempre el 10% de lo que vendo; a mi me conviene porque con eso pagaría mejor los viáticos", analiza Alberto a quien también le dan "los peores billetes más hechos mierda " , que intenta pasar a otros para no terminar la jornada con una "pila de billetes hechos torta".
En algunos casos a los repartidores les conviene dedicarse a este engranaje de la cadena gastronómica. Como le ocurrió a Cristian, que trabaja en una pizzería de Palermo y cambió de rubro. "Antes era encargado de un edificio, pero me fui porque no me daban vivienda. Con esto gano más", dice mientras camina cargando una pila de pizzas. Desde que empezó, hace unos meses, lleva un promedio de quince pedidos por día y gana entre 35 y 40 pesos por día. "Te dan 1 o 10 pesos, es muy cambiante y va variando de acuerdo al pedido o el cliente. Con lo que saco de propinas no toco el sueldo, lo ahorro; solo gasto en viáticos, en cigarrillos, lo demás lo ahorro. Además vivo a cuatro cuadras del trabajo".
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