Dieron de alta a su hija trasplantada y no pueden volver a casa: la odisea de una familia varada en Aeroparque
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Alexis Macagna, Mariana Maturana y su hija están en el Aeroparque Metropolitano. Deberían haber tomado su avión de Aerolíneas Argentinas con destino a Catamarca a las 11.35 de la mañana. Por la la medida de fuerza tomada por diferentes gremiosaeronáuticos, que llevó a la cancelación de al menos 153 vuelos, no pudieron volar, y tampoco saben cuándo lo harán. Nadie les brinda información. "Estamos desde las 8 de la mañana con nuestra nena de dos años trasplantada del hígado que necesita una dieta especial. Yo quiero saber quién se va a hacer responsable si a ella le pasa algo", señala con enojo Macagna.
El caso de la familia Macagna se repite, quizás con menos dramatismo pero no con menor incertidumbre, entre los miles de pasajeros afectados por la cancelación de los vuelos de Aerolíneas de Argentinas y Austral. Algunos vuelos se reprograman pero vuelven a ser cancelados.
"Tenía el vuelo para Neuquén a las 12.50. Me lo reprogramaron para las 15.15. Después para las 16.30 y al final para las 18.05. Me llegan mensajes por mail, pero tenemos mucha incertidumbre", señala Susana Lojo, jubilada, que viajó por una semana a Capital con su nuera y su nieto de dos años, y no está segura de si podrá volver hoy. Como cientos de pasajeros, Lojo está sentada en el piso, contra una de las paredes de aeroparque, rodeada de su equipaje.

"Lo que más vergüenza me da es la imagen que les damos a los extranjeros que tienen que viajar. Yo vengo de Río y allá nos trataron perfecto", señala Malena D'Amato. Ella, junto a sus amigos Rodrigo Pérez, Pati Camargo y el hijo de 10 meses de ambos, arribó al aeroparque a las dos de la mañana desde Brasil y a las 8 deberían haber tomado su vuelo a Bahía Blanca, que nunca salió. La última reprogramación que les ofrecieron era para las 19, pero no están muy seguros de que ese vuelo salga.
D'Amato y sus amigos comen algo en una de las cafeterías del Aeroparque, que se encuentra repleta de pasajeros, al igual que los pasillos y todas las zonas comunes del lugar. "No sabemos nada. Se fueron todos los que nos podían dar alguna respuesta. La página web de la compañía está colapsada y el 0800 que nos dieron no responde nunca", denuncia Camargo con su bebé en brazos. Sentado a su lado, su esposo agrega: "Quiero solucionar el tema del nene. Yo, si me tengo que volver a dedo, me vuelvo a dedo, pero él no puede".
En otro sector del aeroparque, cerca de una de las puertas de acceso, contra una pared y rodeados de enormes mochilas están Max Raf y su amiga Camile. Son franceses y llegaron de París a Ezeiza en la madrugada. Su vuelo de las 15.30 a Calafate fue uno de los tantos cancelados hoy. Hablan poco español, pero en inglés aseguran estar enojados, y que si no se resuelve la situación se van a volver a Francia en lugar de realizar su viaje de tres semanas por el sur argentino.

Frente a los europeos, recostada en el piso con una mochila a modo de almohada, Flavia Tamagnini, médica tucumana que llegó en la madrugada junto a un amigo de Venecia, es una de las pocas que tienen una reprogramación clara: su vuelo, que debería salir hoy hacia Tucumán a las 14.45, despegará recién el sábado. "Estamos esperando que un amigo me pase a buscar, porque yo no me manejo en Buenos Aires, pero pienso en la gente que no tiene lugar para quedarse, Debe ser difícil", reflexiona.
La situación de Alexia Sofía
De todos los testimonios recogidos en Aeroparque, seguramente el que reviste mayor dramatismo es el de la familia Macagna. Su hija, Alexia Sofía, de dos años, fue trasplantada del hígado a los siete meses. Antes y después de eso, tuvo otras cirugías. La última la tuvo internada en el hospital Garrahan por cinco meses. Ella, que estaba junto a sus papás, fue dada de alta el martes y hoy regresaba a su hogar en la capital de Catamarca, donde la aguardaban sus dos hermanos.
Pero su vuelo hacia el noroeste, programado para las 11.35, no despegó. "Mi hija tiene una dieta de cero sodio. Le tengo que estar controlando todo lo que consume. No le puedo comprar una hamburgesa o un sandwiche. Tampoco me puedo tomar un colectivo a Catamarca, que tarda 16 horas", relata Mariana Maturana, la madre de la niña.
"Tenemos dos hijos más en mi provincia. Hace cuatro meses que no los veo - continúa Maturana -, nadie nos da una solución. Así está estamos en este país".
El papá de la niña, Alexis Macagna, con la beba en brazos, expresa su enojo: "Yo ando buscando a un responsable si a ella le pasa algo. Ella come solamente comida que cocinemos nosotros, por la higiene, y porque controlamos las proteínas. Ella la viene luchando hace dos años. La última fue su quinta cirugía, entonces que nos vengan a dar la cara, que nos asistan. Esto es una vergüenza total".
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