El control de los durmientes, una tarea cotidiana luego de un recambio escandaloso

Las 120.000 estructuras originales fueron reemplazadas en 2014, pero las nuevas sufrieron daños irreparables; hoy, continuá la sustitución
Darío Palavecino
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14 de enero de 2019  

CORONEL VIDAL.- Lucen apilados como un juego de bloques de madera los durmientes retirados, que se cuentan por miles solo en los kilómetros previos y posteriores a la estación Vivoratá. El recambio por otros de cemento se realizó en todo el ramal y permitió recuperar el servicio, suspendido durante largo tiempo porque las vías inestables ya no soportaban el paso del tren.

Esta obra de mejoras se tuvo que hacer en dos oportunidades, ya que buena parte de los durmientes hormigonados que se colocaron hace no más de cinco años durante el gobierno kirchnerista presentaron fallas estructurales gravísimas, lo que obligó a concretar una nueva reposición.

Caminar ahora por las vías permite ser testigo de la inspección periódica que profesionales hacen para detectar rajaduras en estas piezas de algo más de un metro de largo y 20 centímetros de ancho, que ofician como travesaños entre ambos rieles. Una cruz pintada significa un daño leve; dos, su urgente recambio.

El ramal Mar del Plata-Constitución sufrió en estos últimos años todos los problemas que se pudieran imaginar. El corredor estaba frágil en su infraestructura de soporte y las formaciones eran viejas y sobrevivían en medio de la falta de mantenimiento. Durante las últimas dos décadas de funcionamiento había circulado en algunos tramos casi a paso de hombre, porque los rieles estaban casi en el aire. Al pausado "trac-trac" que sonaba a tiempo musical de la marcha lenta sobre las vías se sumaba el crujido de los morrudos tirantes de quebracho, ya desgastados en sus sujeciones. Hasta que la sucesión de descarrilamientos, la caída de algún puente y el riesgo de un accidente mayor llevaron a decir basta. Al menos hasta que se ejecutaran obras adecuadas.

El tren volvió a correr entre esta ciudad y la Capital a mediados de 2017. Se vivió casi con el mismo clima de fiesta que cuando tres años antes habían llegado las locomotoras chinas. Desde entonces ha tenido un funcionamiento sostenido y mejoró en tiempos para cubrir esos casi 400 kilómetros. Hoy, con escalas en las 12 estaciones intermedias, demora algo más de seis horas. El directo, que se sumó para esta temporada alta, se arrima a las cinco horas y media. Ganarle al cronómetro se mantiene como desafío constante.

La incorporación de locomotoras modernas y nuevos vagones, con aire acondicionado y otros servicios mejorados, data de comienzos de 2014. Hasta que los durmientes, incluidos los más nuevos, se rindieron. De unos 120.000 colocados en este ramal, más del 30% se resquebrajaron con distintos grados de daño, según constataron en inspecciones a cargo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Así, el recorrido se paralizó y todavía se investiga si hubo error de fábrica o algo más en aquella compra realizada por el Estado nacional, durante la gestión de Florencio Randazzo. Ya se reemplazaron más de 20.000 de casi 30.000.

Los durmientes originales de quebracho fueron a remate. Todavía hoy se pueden conseguir algunos lotes en oferta en un sitio web del Estado. Muchos de ellos esperan todavía que los compradores envíen el transporte para retirarlos de predios linderos a las estaciones.

Alguna vez se planificó para el corredor Mar del Plata-Constitución un tren veloz capaz de cubrir el viaje en poco más de tres horas. Hoy, tras la renovación, se tarda el doble y algo menos con el directo. Todavía muy lejos de lo que era normal a partir de la década del 50 y años siguientes, cuando la promoción para llegar en ferrocarril desde Buenos Aires hasta aquí se ufanaba de un par de datos. Cuando todavía ni se soñaba con la autopista en la ruta 2, las frecuencias entre la Capital y la playa eran ocho por día y dos de cada tres veraneantes elegían el tren porque era confortable. El tiempo de viaje se convirtió en eslogan: "cuatro horas y un ratito".

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