El Jockey Club mantiene su esplendor a pesar de la crisis

El nuevo presidente dijo que la entidad canceló sus deudas
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11 de mayo de 2003  

Sus salones siguen conservando el arte y el buen gusto de un país y una cultura que intentan negarse a dejar de ser. Es que son, como decía Mujica Lainez, "testimonios arquitectónicos de la era más feliz de Buenos Aires, de la sólida holgura".

Su hipódromo, verde y déco, se mantiene entre los mejores del mundo y descuella como un campo en medio de San Isidro. Al lado, las canchas de golf se prodigan en hectáreas de gramilla, mientras que por pastos cercanos galopa otra de las razas ecuestres que como en ningún lugar se genera en la Argentina: el caballo de polo.

Como muchas entidades civiles y sin fines de lucro sufrió, en los últimos tiempos, con los riesgos de la economía, pero se mantuvo firme sobre los pilares forjados en 123 años de historia en la que los asedios fueron más que monetarios: llegaron hasta el fuego político hace medio siglo, en un aniversario sin festejos porque la sede se quemaba. Era quemada. Pero por el club de don Carlos Pellegrini siguieron pasando la cultura y sus cultores, el señorío y los señores. Caballeros y presidentes. Pensadores, artistas, escritores, deportistas...

El martes último, una asamblea aprobó por aclamación la continuidad del vigésimo cuarto presidente del Jockey Club. Se trata de un hombre que llegó al cargo el año último, cuando Alfredo Lalor cayó enfermo, meses antes de su muerte.

Bruno Quintana (59) es joven y tiene la impronta de los hacedores. Hijo de un juez, nieto de socios, padre de cuatro hijos y productor agropecuario, integró distintas entidades vinculadas con ese sector y fue durante diez años presidente de la comisión del interior del Jockey.

Finalmente, lo aclamaron. Pero, ¿en que quedó la deuda del club, el enojo de los 1000 empleados? "El club ya canceló sus compromisos bancarios y su realidad es la de una posición económica sana. Respecto de los empleados, en enero tuvimos que realizar una quita del 20 por ciento en los salarios que hoy ya está restituida y sin haber tenido que pasar por la desagradable situación de los despidos", aseguró.

En cuanto a la rebaja de premios en las carreras de caballos, afirmó: "Sé que soportamos el fastidio de muchos, incluso de nuestros socios, propietarios y criadores, pero en ese momento fuimos los que instalamos la crisis en el turf, porque el gobierno tenía que comprender la realidad de una industria de la que viven 170.000 familias".

"El Jockey está vivo no sólo por sus finanzas sanas, sino por su espíritu y filosofía", dice. Un hombre que parece no agotarse en esto de hacer cosas, como no se agota el Jockey Club en el tiempo. Seguramente los años le seguirán mostrando lo que vio Lalor ayer, lo que vislumbró Vásquez Mansilla antes: eso de que se puede seguir siendo y, en una de ésas, mejor.

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