“El mundo no es más seguro frente a pandemias”: alertan que el riesgo crece más rápido que la preparación
Un informe del panel global de la OMS advierte que aumentan los brotes, el impacto de las crisis sanitarias y la desigualdad en el acceso a vacunas y tratamientos
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“La evidencia es clara: el mundo no es más seguro frente a pandemias”. Con esa definición, un panel internacional convocado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que, a pesar de los avances científicos y las reformas impulsadas tras el Covid‑19, hoy el planeta enfrenta las amenazas sanitarias en peores condiciones que hace una década.
El diagnóstico forma parte del nuevo informe del Consejo de Monitoreo de la Preparación Global (GPMB), que analizó 10 años de emergencias internacionales, desde el brote de Ébola en África occidental hasta las recientes crisis por mpox [viruela símica]. La conclusión central es que el riesgo de pandemias crece más rápido que la capacidad de los países para responder.
“El impacto sanitario, económico, social y político de las emergencias de salud no ha disminuido y en algunos casos está aumentando”, señala el documento, que resume el resultado de ese relevamiento.
Según el informe, los brotes de enfermedades infecciosas son cada vez más frecuentes y, cuando escalan, generan consecuencias más profundas que en el pasado. La combinación de factores como el cambio climático, la urbanización, los conflictos armados y el aumento de la movilidad global está modificando el escenario epidemiológico y elevando el riesgo de nuevas crisis.
En paralelo, advierte que las inversiones en preparación no logran acompañar ese cambio. “Las reformas no han mantenido el ritmo del aumento del riesgo de pandemias”, concluye el reporte.
El documento fue difundido un día después de que la OMS declarara una emergencia internacional por un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo, un escenario que refuerza la advertencia del panel. La epidemia ya provocó decenas de muertes y presenta dificultades de contención en una región atravesada por conflictos armados y limitaciones en el sistema sanitario.
El estudio del GPMB sostiene que ese tipo de contextos se repiten en distintas partes del mundo y constituyen uno de los factores que amplifican los riesgos. “El mundo actual es más volátil, incierto y fragmentado”, describe el informe al caracterizar el escenario global.
A diferencia de otros diagnósticos sanitarios, el foco no está únicamente en virus o sistemas de salud. El documento pone el énfasis en dos variables centrales: la pérdida de confianza y el aumento de la desigualdad. Ambos elementos, advierte, afectan directamente la capacidad de los países para coordinar respuestas eficaces.
“Los pilares fundamentales de la preparación —la confianza y la equidad— se están erosionando”, indica el texto.
En el plano concreto, esa tendencia se refleja en el acceso a vacunas y tratamientos. Durante la pandemia de Covid‑19, los países de menores ingresos recibieron las primeras dosis con una demora de más de un año. En crisis más recientes, ese plazo se extendió todavía más: en los brotes de mpox, las vacunas tardaron entre 24 y 27 meses en llegar a las regiones afectadas.
El informe describe ese proceso como una “fatiga de la equidad”, con menor compromiso político y financiero para garantizar un reparto más equitativo de los recursos sanitarios.
El análisis también incluye el impacto acumulado de las emergencias en la última década. En términos económicos, las crisis se traducen en caídas del producto interno bruto, aumento del endeudamiento y efectos prolongados sobre el crecimiento. En el caso del Covid‑19, las pérdidas globales proyectadas alcanzan decenas de billones de dólares en el largo plazo.
En el plano social, los efectos incluyen interrupciones educativas, aumento de la pobreza y desigualdades más marcadas entre países y dentro de ellos. En el plano político, el informe identifica un deterioro sostenido en la confianza en las instituciones y en la cooperación internacional.
Ese conjunto de factores, advierte el GPMB, genera un efecto acumulativo. Las crisis no solo producen daños inmediatos, sino que debilitan las capacidades para enfrentar la siguiente. “El mundo está entrando en un ciclo en el que cada nueva emergencia puede agravar las vulnerabilidades existentes”, señala el documento.
El reporte también reconoce que hubo avances en materia científica y tecnológica. La velocidad con la que se desarrollaron vacunas durante la pandemia, así como el uso de herramientas de vigilancia y análisis de datos, marcan un progreso significativo respecto de crisis anteriores.
Sin embargo, ese avance no alcanza a compensar las tensiones políticas y económicas que dificultan la cooperación entre países. El informe señala que los obstáculos actuales no son solo técnicos, sino principalmente políticos.
“También es una prueba de liderazgo político”, advierte el texto en relación con la preparación frente a pandemias.
La propuesta
Frente a ese escenario, el GPMB propone una serie de medidas concretas. Entre ellas, la creación de un sistema independiente de monitoreo del riesgo global, el fortalecimiento de mecanismos para garantizar el acceso equitativo a vacunas y tratamientos, y la implementación de esquemas de financiamiento sostenido para la preparación y la respuesta ante brotes.
El informe se presenta en un momento en el que distintos países negocian acuerdos internacionales para enfrentar futuras emergencias sanitarias, en particular el tratado global sobre pandemias impulsado por la OMS.
En ese contexto, el documento plantea que las herramientas necesarias para responder a nuevas crisis existen, pero que su efectividad dependerá de la capacidad de los países para coordinar acciones y sostener compromisos en el tiempo.
La advertencia llega en simultáneo con la reaparición de brotes de enfermedades de alto impacto, como el Ébola, que continúan poniendo a prueba los sistemas sanitarios y la cooperación internacional. El análisis del GPMB indica que, sin cambios en la forma en que se abordan esos desafíos, los efectos de futuras emergencias podrían ser aún más profundos que los registrados en la última década.







