El primer muerto del crucero pasó cinco días con síntomas sin activarse ningún protocolo
La OMS indicó que el pasajero tuvo fiebre y síntomas del 6 al 11 de abril sin diagnóstico ni aislamiento, en el tramo crítico que hoy analizan epidemiólogos
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El 6 de abril, en plena travesía por el Atlántico Sur, a bordo del MV Hondius nadie hablaba todavía de brotes ni de virus. Ese día, un pasajero neerlandés de 70 años comenzó con fiebre, dolor de cabeza y diarrea leve. Continuó con su rutina: caminó por los pasillos, compartió espacios comunes y comió en los salones del barco. Durante los cinco días siguientes —sin diagnóstico y sin aislamiento— convivió con otros pasajeros mientras su estado se deterioraba. Hoy, ese tramo que va del 6 al 11 de abril aparece como el punto más sensible de toda la investigación.
El 11 de abril murió. Su cuadro se había agravado sin que se le hubieran realizado estudios microbiológicos, según reconstruyó la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para entonces, ese período previo ya había quedado expuesto como una posible ventana de contagio: cinco días con síntomas activos, contacto estrecho y circulación dentro de un entorno cerrado.
El cuerpo permaneció a bordo casi dos semanas más, hasta el 24 de abril. Recién entonces fue desembarcado en la isla de Santa Elena —territorio británico en el Atlántico— acompañado por su esposa, en el marco del proceso de repatriación, según informó la empresa Oceanwide Expeditions. Tres días después, el 27 de abril, la compañía fue notificada de que esa mujer, también neerlandesa, había enfermado durante el traslado y fallecido posteriormente, ya fuera del barco. En su último comunicado, Oceanwide confirmó, en base a datos de la OMS, que en ella se detectó una variante de hantavirus. Había estado en contacto directo con el primer fallecido durante esos días considerados críticos.
Ese dato la ubica como uno de los dos casos confirmados del virus vinculados a este viaje. El otro corresponde a un pasajero británico que también enfermó el 27 de abril, fue evacuado a Sudáfrica y permanece internado en una unidad de cuidados intensivos en Johannesburgo, en estado crítico pero estable, con diagnóstico positivo. Ambos son, hasta ahora, los únicos casos confirmados de hantavirus.

La cronología suma un tercer fallecimiento: el 2 de mayo murió a bordo un ciudadano alemán, cuya causa aún no fue determinada. En total, según el último reporte de la OMS, hay siete casos asociados a este episodio —entre confirmados y sospechosos—: tres personas fallecidas, un paciente en estado crítico y otras tres con síntomas leves. Sin embargo, solo dos fueron confirmados por laboratorio.
Todo vuelve, una y otra vez, a esos cinco días iniciales. En ese lapso, el primer paciente atravesó la fase de mayor carga viral y sintomatología. Si se tratara de una variante con capacidad de transmisión entre personas —algo que aún no fue determinado—, el contacto con fluidos o microgotas al hablar, toser o respirar cerca de otros pasajeros podría haber facilitado la exposición. En los momentos previos al desenlace, además, el virus suele alcanzar concentraciones más altas en el organismo, lo que incrementa el riesgo en contactos estrechos, como quienes compartieron camarote o lo asistieron.
El entorno del barco refuerza esa hipótesis. Espacios cerrados, ventilación limitada y circulación constante de personas. Durante los primeros días, cuando los síntomas eran leves, el pasajero pudo haber transitado por áreas comunes como comedores, cubiertas o salones, multiplicando los contactos. A eso se suma otro factor: el hantavirus puede tener un período de incubación prolongado, de hasta 45 días, lo que dificulta el rastreo epidemiológico y abre la posibilidad de que los efectos de ese contacto recién se manifiesten semanas después.

Mientras tanto, a bordo permanecen 149 personas de 23 nacionalidades. Entre los pasajeros hay ciudadanos de España (13), Francia (5), Alemania (7, incluido uno de los fallecidos), Reino Unido (19), Canadá (4), Australia (4), Estados Unidos (17), Grecia (1), Japón (1), Países Bajos (8), Turquía (3), Bélgica (2), Irlanda (2), Nueva Zelanda (1) y Argentina (1), entre otros. La tripulación incluye personal de Filipinas (38), Ucrania (5), Países Bajos (5), Reino Unido (4), India (2), además de representantes de Polonia, Rusia, Portugal, Montenegro y Guatemala.
La empresa activó su protocolo sanitario en el nivel 3, el más alto, que incluye medidas de aislamiento, controles médicos permanentes y restricciones en la circulación interna. En el buque también hay tripulantes con síntomas respiratorios agudos —uno leve y otro grave— que requieren atención médica urgente. Su evacuación, al igual que cualquier traslado o desembarco, depende de la autorización de las autoridades locales, que ya inspeccionaron la embarcación pero aún no habilitaron el descenso.
En paralelo, las autoridades neerlandesas trabajan en un posible operativo para evacuar a dos personas con síntomas y a un acompañante vinculado a uno de los fallecidos, mediante aviones equipados para traslados médicos. La operación, sin embargo, no está confirmada y todavía no tiene fecha definida.
Al mismo tiempo, se analizan alternativas para el destino del barco. Entre ellas, la posibilidad de dirigirse a puertos de las Islas Canarias, como Las Palmas o Tenerife, donde podrían realizarse evaluaciones sanitarias bajo supervisión internacional. Esa decisión, por ahora, sigue abierta.
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