
El sur les da batalla a las tranqueras
El boom inversor disparó una actualización de las leyes para evitar que se limite el acceso público a senderos y lagos.
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.-Ante la ola de inversiones extranjeras en el sur argentino, donde millonarios de varios países adquirieron hectáreas con lagos, cerros y valles, las autoridades patagónicas buscan argumentos para evitar que esos accidentes geográficos queden detrás de un alambrado.
Si bien no todos los inversores toman a estas tierras sólo como sitio de descanso y abren la posibilidad de nuevas fuentes de trabajo, legisladores y otras autoridades están preocupados por restringir los derechos de los compradores sobre las tierras.
El diputado Carlos Soria (PJ) sostiene que el meollo de la cuestión radica en una legislación que no alcanza, está obsoleta y no se cumple.
"Todo curso de agua navegable, que tenga un desagüe, es de dominio público", advierte Martínez Infante. La propiedad privada puede llegar hasta la línea media de máximas crecidas. Además, la ley otorga a todo ciudadano derecho a utilizar esos cursos de agua, y al mismo tiempo da derecho a acceder a ellos.
O bien se establecen "servidumbres de paso" en las propiedades, o bien el Estado expropia el terreno para hacer el acceso. Pero en muchos casos no se dio ninguna de las dos, y la llegada de los lagos y ríos está vedada.
Soria propone cortar por lo sano: la semana última ingresó en la Cámara de Diputados un proyecto para darle "la fortaleza necesaria al vecino: que corte el alambrado, que rompa la tranquera. El que está en infracción es el propietario", sostiene. Una actitud que, para algunos, prenuncia nuevas batallas.
El sector de la Patagonia que despierta mayor interés entre los inversores se extiende aproximadamente desde la localidad neuquina de Junín de los Andes, en el Norte, hasta las inmediaciones de Esquel, en Chubut.
Es una estrecha franja de apenas 400 kilómetros en línea recta, con un complejo tramado de vías de comunicaciones, infraestructuras urbanas y desarrollo turístico que concentra atractivos inigualables: pesqueros de mosca de renombre mundial, altas cumbres coronadas por glaciares, lagos cristalinos, bosques nativos; en fin,una naturaleza todavía saludable, algo difícil de encontrar por los caminos del mundo civilizado.
Lo que resulta más increíble aún para los foráneos es que -salvo el millón de hectáreas protegido por el sistema de parques y reservas nacionales- este paraíso está en venta.
Más allá de nuestras fronteras, donde la geografía adquiere contornos difusos y se confunde a Buenos Aires con Río de Janeiro, un nombre siempre resulta familiar: la Patagonia es una categoría que atrae.
Y más aún en estos días, en que las imágenes de lagos y montañas recorrieron el mundo y despertaron el interés por los confines del continente. "Los efectos de la visita del presidente Clinton se han hecho sentir de inmediato, tal como lo esperábamos", sostuvo una ejecutiva de la principal agencia local de bienes raíces.
En Neuquén, recientemente se constituyó una red inmobiliaria con agencias de toda la Patagonia, que ofrece sus servicios a las embajadas argentinas en todo el mundo, por medio de la Cancillería.
La mayor parte de las nuevas inversiones está destinada al placer y el descanso de propietarios de grandes fortunas. Una tendencia que se remonta a cien años atrás, con la llegada de los primeros terratenientes a estos lugares recién ganados al indio.
En la zona del lago Hermoso, por el camino de los Siete Lagos, varias de las actuales propiedades provienen del desmembramiento de los terrenos que pertenecían a los Steverlink, la familia de origen sueco que poseyó la Hilandería Flandria y de los que aún hoy continúa desprendiéndose. Uno de los compradores fue Von Buch Olse, un amante de la caza devenido por herencia en millonario, que compró 6000 hectáreas y creó la estancia San Francisco.
Los registros de propiedad no son una información que pueda ser revisada sin reparos. Entre ellos figuran viejos vecinos, como los herederos de James Sharp, uno de los fundadores de la empresa electrónica que hace 20 años adquirió 20.000 hectáreas en San Martín de los Andes, donde vivió hasta su muerte, hace cinco años.
Más reciente es Gernod Langer Swaroski, dueño del equipo de fútbol Tirol y empresario polaco radicado en Austria. El y su ex mujer Maia -dueña de las bodegas Norton- se quedaron prendados, como tantos, con el paisaje andino y compraron la estancia Las Mil Rosas, frecuentada por ilustres visitantes.
La historia de empresarios que visitan una y otra vez estos parajes hasta decidirse a tener su propiedad se reitera. Ese fue también el caso del propietario de Adams, Daniel Sieleki, que terminó por comprar la hostería Las Balsas, cerca de Villa La Angostura, la única categoría "relais and chateaux" del país.
En otro rubro, pero también bajo el signo de la rentabilidad, es la inversión de George Soros, el megaempresario que en junio último incorporó el Llao Llao a su cadena hotelera.
Como operación inmobiliaria, la de Soros fue la última de gran envergadura en la región. Y fueron precisamente de los jardines del Llao Llao las estampas que recorrieron el mundo llamando a nuevas fortunas a sentar sus reales en la lejana Patagonia.
Una fortuna en el lago Escondido
Final: el espejo de agua quedó incluido en un campo adquirido por empresarios ingleses; presionados, permitieron abrir un paso.
SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Se ganó una batalla, pero no la guerra. El problema ahora es definir quién ganó esa batalla y a qué costo.
El escenario es el lago Escondido, un recóndito valle de la cordillera, ignorado durante un siglo de colonización blanca, hasta que el multimillonario inglés Joe Lewis y su hijo Charles lo quisieron para sí, como tantos que buscan en la Patagonia las puertas del Edén.
Los Lewis se sumaron a la lista de ricos y famosos que en aparente aluvión invaden esta región: Ted Turner junto con Alfredo Yabrán, los hermanos Benetton y Maia Swaroski. Mito o realidad que se alimenta, cada tanto, con nuevos rumores, como la supuesta visita de Sylvester Stallone o las consultas de Alberto Pierri y de Christopher Lambert.
La novedad no tardó en despertar recelos. Pero hasta ahora las objeciones no habían pasado de la protesta por los cánones irrisorios que recibe el fisco provincial, en comparación con el poder adquisitivo de los compradores.
El caso Lewis se inició hace un par de años, cuando el ex propietario de Hard Rock Café y actual concesionario regional de los restaurantes Planet Hollywood se interesó por una gran estancia en la zona de los lagos.
Nicolás van Ditmar, administrador de propiedades, le ofreció el campo de los hermanos Montero. Unas 8000 hectáreas del predio fueron vendidas a Lewis, que pagó oficialmente 2,3 millones de dólares. Las tierras incluían una porción del lago Escondido.
La cuestión se complicó cuando se recordó que, desde 1994, una ley provincial destina 60.000 hectáreas al Area Natural Protegida Río Azul Lago Escondido, que llamativamente abarca sólo la parte del espejo de agua que no compraron los Lewis.
Estos ofrecieron al gobernador Pablo Verani costear 3 millones de dólares para la construcción de un hospital en El Bolsón. Tras las acusaciones de concejales y legisladores que hablaban de "una extorsión de tipo mafioso", los Lewis permitieron el ingreso hasta el lago a través de su terreno.
En tanto, en El Bolsón, la noticia cayó como un balde de agua helada. "Utilizan la parafernalia mediática, pero a nosotros no nos consultan nada", se lamentó Sergio Wisky, director del actual centro de salud.



