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Medio ambiente

El surfer que logró convertir a Pinamar en la primera ciudad libre de sorbetes

Connie Llompart Laigle
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23 de enero de 2019  • 11:34

Llega el verano y todos están dispuestos a disfrutar de la playa. La escena idílica incluye cuerpos relajados sobre lonas coloridas, refrescante brisa de mar y vasos que van y vienen con alguna bebida helada para disfrutar bajo el sol rabioso. Con la tarde, desaparecen los veraneantes, las lonas, y allí quedan vasos y sorbetes plásticos que empiezan su amenazante camino hacia el océano.

La mayoría se preocupa por saber cuándo será el próximo día de sol, unos pocos por cómo haremos para que no se haga realidad el temible pronóstico del Foro Económico Mundial de que, en 2050, habrá más plástico que peces en el mar y que, para entonces, el 99% de las especies de aves marinas del mundo habrá ingerido este material no degradable, según estadísticas de la PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America).

Una excepción es el pinamarense Gastón Caminata, surfer, empresario gastronómico y presidente voluntario de Big Human Wave (@yoamomiplayaok en las redes), la fundación argentina que lucha por el cuidado de las playas, una de las principales vías de acceso del plástico al océano, que recibe 8 millones de toneladas al año causando estragos en la vida silvestre, la pesca y el turismo. Si bien la concientización sobre la importancia de la reducción en el consumo de este material ya es una tendencia mundial -en julio de 2018 Seattle se convirtió en la primera ciudad de los Estados Unidos en prohibir el uso de sorbetes y de utensilios de plástico-, Gastón Caminata se convirtió en un ejemplo del poder que conlleva sumar un granito de arena a la causa.

"Hace dos años, después de un campeonato de pesca en Ostende, levanté más de 60 kilos de basura en la caja de mi camioneta. Pensé que limpiar la playa era imposible", recuerda. Entonces comenzó a convocar gente para que se sume a esta tarea manual y difundir mensajes de concientización a través de las redes sociales. Un año más tarde, al finalizar el mismo evento, se encontró con una grata sorpresa: sólo recogió un vaso plástico y un par de colillas.

En 2012, decidió dar un paso más y logró que en Pinamar se implementara la ordenanza municipal para que los comercios dejen de entregar bolsas plásticas en todo el partido y, en 2018, después de juntar más de 500 sorbetes en 100 metros de playa, y a fuerza de mucha paciencia y tenacidad, hizo posible que Pinamar se convirtiera en la primera ciudad de la Argentina libre de sorbetes. ¿Por qué la guerra contra los sorbetes? Porque son tan livianos que es imposible reciclarlos mecánicamente y porque, además, cuando llegan al océano, en lugar de biodegradarse o disolverse, se fragmentan en pequeñas piezas letales al ser ingeridas por la fauna marina.

Gaston Caminata de la ONG Yo Amo Mi Playa, posa para La Nacion en Pinamar Norte, en Pinamar, Buenos Aires, Argentina.
Gaston Caminata de la ONG Yo Amo Mi Playa, posa para La Nacion en Pinamar Norte, en Pinamar, Buenos Aires, Argentina. Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

Constitución

Amparada en el artículo 41 de la Constitución Nacional, que establece que "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano", y con el apoyo de Alejandra Apolonio, concejal por el bloque Cambiemos y presidenta de la Comisión de Salud y Medio Ambiente que le dio forma legal al proyecto y lo elevó, desde el 1° de diciembre, los sorbetes y los vasos plásticos de un solo uso están prohibidos en el partido de Pinamar, que incluye a las localidades de Cariló, Ostende y Valeria del Mar. La ordenanza N° 5202/18 también se implementó en Mar Chiquita.

La implementación de la ordenanza impactó en los 47 balnearios y comercios del Partido, que hasta ahora ofrecían a sus clientes cerca de un millón de sorbetes por año. Uno de los grandes jugadores es la cadena de comida rápida Mc Donalds: sólo la sucursal de Pinamar entregaba unos 30 mil sorbetes por semana cada verano. Como consecuencia de la ordenanza, se convirtió en el primer local de la Argentina en adoptar esta política que, además, implementó en las sucursales que posee en las localidades de Villa Gesell y Mar del Plata, e hizo extensiva a las regiones de Latinoamérica y el Caribe.

La ONU se hizo eco de esta noticia e incluyó a Pinamar en el programa #MaresLimpios que lanzó en 2017. Así, se convirtió en el primer municipio de la Argentina y en la segunda ciudad de la región, después de Piriápolis, en adherir a este programa cuyo objetivo es acabar con la acumulación de basura en los océanos del planeta para 2022, con especial a atención a los residuos plásticos.

En línea con este objetivo, Apolonio aseguró que el próximo paso de Pinamar es terminar de prohibir las excepciones que se consensuaron con la implementación de la ordenanza -que contempla los productos que traen sorbetes incorporados de fábrica y, en el caso de los vasos plásticos de un solo uso, a las máquinas expendedoras de café e infusiones y, por motivos de seguridad, a los locales y clubes bailables- y las bolsas de plástico que se ponen a disposición de los clientes en las verdulerías de los supermercados. "Estamos pensando en que se ofrezcan bolsas biodegradables o de papel", confirmó Apolonio.

Caminata tiene bien claro que, a pesar de las cruzadas ganadas, la tarea por el cuidado del medioambiente recién empieza. "Ahora voy porque los kioscos dejen de vender cigarrillos y porque se prohíba fumar en espacios públicos", asegura. Las colillas son otro de los residuos más encontrados en el océano. Cada año se desechan más de 4,5 trillones de colillas en el mundo de las cuales el 80% están hechas con una fibra plástica llamada acetato de celulosa. Además de que concentran las sustancias tóxicas del humo, de que tardan más de 25 años en degradarse y de que una sola colilla contamina entre 8 y 10 litros de agua de mar y hasta 50 litros de agua dulce, peces y aves las ingieren al confundirlas con alimentos y, como consecuencia, mueren.

Frente a este desolador panorama y ante la dificultad de organizar grandes grupos para limpiar las playas, Caminata propuso dos alternativas a las que cualquiera puede sumarse: hacer limpiezas individuales, fotografiarlas o filmarlas y etiquetar a @yoamomiplayaok; y llenar bidones plásticos de agua con colillas que pueden canjear por un jugo o una cerveza en su restaurante Jalisco, con sucursales en Pinamar y Cariló. Quienes quieran saber más sobre estas cuestiones, pueden descargar gratis su libro La mejor inversión es en el ambiente desde este link https://goo.gl/Eq5J6H.

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