Elecciones 2019: feminismo y veganismo, las nuevas grietas que dividirán la mesa familiar este domingo

La grieta en la mesa de los argentinos
La grieta en la mesa de los argentinos Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
Evangelina Himitian
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9 de agosto de 2019  • 12:53

"¿Qué hacemos el domingo? ¿Vamos a almorzar a lo de mis papás o nos quedamos en casa? Gloria, 47 años, médica, le pregunta a Sebastián, su marido, por los planes para el almuerzo post electoral y los dos se miran y dudan. "No sé. Siempre íbamos a almorzar allá. Pero ahora. no sé. Las conversaciones están bastante ásperas. No sé si da", le responde él.

No es para menos. Hasta hace algunos años, parte de la tradición familiar era que Sebastián votaba primero, en Villa Urquiza y después se iban con los tres hijos a Banfield para que Gloria votara allá y se quedaban a almorzar en lo de los abuelos. Los hermanos de ella hacían el mismo recorrido y esa era una buena opción para todos. La excusa para un domingo en familia. Pero, desde hace un tiempo que la familia está atravesada por casi todas las grietas que hoy dividen a los argentinos: ellos votan por la década ganada, pero el padre y el hermano de Gloria van con todo por la reelección. Ella es atea, usa pañuelo verde atado a la mochila y la madre va a misa y tiene uno celeste que va del cuello a la tira de la cartera. Y como si fuera poco, Noel, la hija más grande del matrimonio se hizo vegana. Y ya anticipó que si el abuelo hace asado, ella no va a ir. Salvo por el hecho de que son todos de River, casi no tienen temas neutros sobre los que hablar.

"Uno trata de sortear las diferencias, pero a veces no es fácil. Cuando vamos a la casa de mis suegros, nos proponemos evitar temas polémicos. Deberíamos dejar los pañuelos y las convicciones políticas atadas afuera, pero no ocurre. Y para estar peleando, últimamente preferimos no ir", confiesa Sebastián.

No son los únicos. Según una encuesta que hicieron hace un tiempo (enero 2018) las consultoras Taquión y Trespuntozero, siete de cada diez argentinos dijeron que en los últimos doce meses habían discutido con su familia por temas políticos. Así surge de un relevamiento hecho entre 1069 casos, de personas mayores de 16 años, de todo el país. La encuesta se hizo en forma telefónica. "La política está en la mesa de los argentinos porque es una sociedad en extremo politizada. Esto no pasa en el resto del mundo", dice Shila Vilker, directora de Trespuntozero. Los más jóvenes, es decir los que tienen entre 16 y 29 años son aún más beligerantes: ocho de cada 10 se pelearon por política.

A un año y medio de ese relavamiento, los autores estiman que en los meses siguientes las posiciones de extremaron. Pero no en términos políticos. Es más, la conflictividad política fue cediendo ante otras grietas familiares. "Hoy, el feminismo, el aborto y el veganismo generan más grieta en las familias que la política. En las últimas mediciones detectamos que esta vuelta se vota con menos convicción y con más resignación", apunta Sergio Doval, director del centro de estudios de la consultora Taquión. "Los kirchneristas ya no niegan la corrupción ni los macristas la crisis económica, sino que hay una convicción generalizada de que se está eligiendo al menos malo. Como si esta fuera la batalla final entre dos modelos", agrega.

Casi el 50% de la población está cansada de la grieta, que siente que no condujo a nada bueno
Sergio Doval

Por esa razón, el almuerzo de hoy va a encontrar a muchas familias divididas, con la grieta como plato principal y con subgrietas como entrada y postre. Habrá que manejarse con cuidado para no caer en una de ellas y malograr el encuentro familiar.

"Desayunamos grieta"

"En las últimas mediciones encontramos que casi el 50% de la población está cansada de la grieta, que siente que no condujo a nada bueno. Son personas que este domingo evitarán las peleas por razones políticas, como no lo hicieron antes", explica Doval.

"Desayunamos grieta por casi cuatro años. Se metió en todos lados. Nos polarizamos en casi todos los temas. Y, es cierto que ahora estamos cansados de la conflictividad", confirma Gloria.

No es sencillo dimensionar lo que la política y la grieta han causado en las relaciones interpersonales. La conflictividad entre familiares, conocidos y amigos, por asuntos de política, es alta. Las discusiones no se limitan a la familia. También abarcan a amigos o conocidos por temas de política.

Cuando un amigo se va

"¿La invitamos a Romina?", lanzó Mariana P. al resto de sus compañeras de secundario, egresadas de la camada 1992, de un colegio tradicional de Vicente López. Una tradición de este grupo de amigas era juntarse a tomar algo en la casa de una de ellas después de las elecciones. Una costumbre que adoptaron desde la primera vez que votaron, en la elección legislativa de octubre de 1993. "Y. dejala. Si ella pregunta le decimos. Y sino, bueno. se lo pierde", le responde Carolina.

Aunque las siete mantienen inalterable su amistad, en estos 44 años de vida, en el último tiempo, la relación con Romina se tensó. "No respeta las reglas del grupo de Whatsapp. Siempre pedimos que no se hable de política. Pero ella baja línea. Hace ocho años está en pareja con un chico que es ultra k y ella también se hizo kirchnerista. A nosotras nos importa poco la política, pero si nos juntamos justo a la hora en la que se van a conocer los resultados, va a ser imposible", apunta Mariana.

Las peleas con familiares, según la encuesta de 2018, en la mayoría de los casos, no pasaron de una discusión momentánea, y cada uno tomó los recaudos para que esa diferencia de opinión no afectara la relación. Sin embargo, dos de cada diez dijeron que directamente dejaron de verse con familiares, amigos o conocidos por temas de política. Es más, el 12% confesó que el tono de las discusiones fue tan intenso que llegaron a peleas físicas por ello. Y las mujeres que terminaron a los golpes casi duplican, según el sondeo, a los hombres: el 15,6% de ellas contra el 8,2% de ellos. También en el interior del país, las riñas por temas políticos casi duplicaron a las que ocurrieron en el área metropolitana.

En el chat familiar de los Moreno - madre y tres hijos- la hermana mayor distribuye los números de mesa y de orden de votación para todos los integrantes familiares. Menos el del hermano menor, Martín porque no recuerda su DNI. "No importa, igual es un voto para la izquierda", dice la madre, socarrona. Lo que hace años hubiera estallado en una guerra campal entre madre que se autodefine "gorila" e hijo de izquierda no pasa a mayores. La familia aprendió hace rato: no vale la pena pelearse por política. Martín, por su parte, no se inmuta, envía un meme del Frente para Todos, cuenta que los votará a ellos en esta elección, y todos ríen. Lección aprendida. El domingo todos almorzarán juntos y tratarán de hablar de otros temas. O tomárselo con humor.

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