“Hay hambre”: en Córdoba reclaman que abran los comedores escolares
En la provincia hay clases, pero no regresó el sistema de viandas calientes por recomendación de los sanitaristas; en las zonas más carenciadas, el pedido se extiende
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CÓRDOBA.– “Los chicos están contentos de venir a la escuela a aprender, pero les falta comida, tener aunque sea una merienda. Se hace muy difícil prestar atención cuando el estómago está vacío”, describió Mónica Pereyra, directora de la Escuela Presidente Juan Domingo Perón del barrio Ciudad Evita en esta ciudad. Contó que muchas veces los alumnos se sienten mal; cuando les pregunta qué les pasa, le dicen que en sus casas “no había nada para comer”. Y, con el recuerdo de que en el colegio siempre hubo comedor, consultan: “Seño, ¿hoy van a dar la leche, van a abrir el comedor?”.
En Córdoba hay clases presenciales, pero el gobierno provincial –por recomendación de sanitaristas– mantiene cerrados los comedores escolares del Programa de Asistencia Integral de Córdoba (Paicor) y la situación aflige mucho en los barrios más carenciados. En el inicio de la pandemia, la modalidad tradicional de darles desayuno y almuerzo o almuerzo y merienda calientes en los colegios se reemplazó con la entrega de módulos alimentarios que contienen arroz, fideos, aceite y conservas. Según dijo Pereyra a Cadena 3, el problema es que muchas familias ni siquiera tienen con qué cocinar.
De acuerdo con los datos del Indec correspondientes al segundo semestre del año pasado, la pobreza alcanzaba en el Gran Córdoba al 40,8% de la población; la cifra implica unas 650.000 personas. “Hay mucho hambre en la calle; se me complica un montón para darles al mediodía y a la noche a los chicos. La escuela nos salva un montón las necesidades; el almuerzo nos ayudaba mucho, por eso queremos que vuelva”, señala Andrea, madre de cinco hijos en Ciudad Evita.
“Acá en el barrio buscamos comedores, se ven muchas criaturas en la calle con recipientes de plástico y jarras buscando comida –sigue–. No hay trabajo y no podemos las mamás solas con los chicos. En las villas es mucha la necesidad”.
En Córdoba, desde el 1° de marzo las clases son presenciales, con el sistema de burbujas cuyos alumnos concurren cada dos semanas a las aulas. El sistema –admiten los mismos docentes y directivos que reclaman– complica el retorno de las viandas o de cocinar en las escuelas, además de que el protocolo no lo permite.
En Villa El Nylon, en otra zona de la ciudad de Córdoba, una madre que prefiere no dar su nombre insiste en que el regreso del Paicor es “fundamental, todos lo necesitamos. Estamos pasando hambre, hay mucha miseria, mucha pobreza. Es necesario porque sustenta lo que no damos en la casa porque no se puede”.

El Paicor fue creado en 1984 por el entonces gobernador Eduardo Angeloz. Lo decidió, cuenta la historia, después de una visita a Quilino –un pueblo del norte cordobés– donde Fabián Lazarte, por aquel momento un niño, le contó que se turnaba con sus hermanitos para comer. Desde entonces, se convirtió en política de Estado, lo que también muestra que nunca se lograron bajar significativamente las necesidades.
R., madre de cuatro chicos en Quilino, afirma que en algunas escuelas les preguntan a los chicos si comieron “porque tienen miedo de que se desmayen”. “Nos dan los módulos, pero no podemos mandarlos con fideos hervidos –sigue–. Están desnutridos; a la noche no tienen nada, comen pan con chicharrón. El Paicor en la escuela les da leche, carne, fruta. Renegamos con este tema, lo reclamamos en la municipalidad del pueblo”.
Falta “algo caliente”
Eugenia, bibliotecaria de una escuela secundaria del Valle de Punilla a la que concurren alumnos de sectores vulnerables, describe que muchas familias perdieron ingresos y que ya el año pasado el dictado de clases estuvo condicionado por la falta de conectividad.
“La escuela costeaba cargas virtuales y hacía fotocopias del material para los chicos. Ahora que volvieron, se siente la falta de algo caliente a la mañana y del almuerzo, que era lo único elaborado y caliente que recibían. No se puede tener hambre en el aula. Los bolsones no alcanzan porque les falta fruta, verdura y carne”, agrega.
Desde la Secretaría General de la gobernación, de la que depende el Paicor, afirman que hay análisis “periódicos” con representantes de Salud para evaluar cuándo pueden regresar los comedores. Mientras tanto, seguirá la “adaptación”.
Ante la consulta de LA NACION, la respuesta oficial fue: “La entrega de módulos alimentarios obedece a una disposición sanitaria en el marco de la pandemia, del Ministerio de Salud de la provincia y en función de las resoluciones del Consejo Federal de Educación, que promueve la no utilización de los comedores escolares, de la misma manera que desestima la apertura de quioscos y cantinas en establecimientos educativos de todo el país”.
“En este sentido, la provincia sostiene el compromiso de mantener el Paicor a través de la entrega de módulos para más de 275.000 beneficiarios en todo el territorio, asistencia que se complementa con otras ayudas como la Tarjeta Social que entrega el Ministerio de Desarrollo Social provincial y la Tarjeta AlimentAr del gobierno nacional, para garantizar el acceso a los alimentos complementarios como carnes y vegetales”, agrega.
Al problema de los chicos que no comen en sus casas “caliente y con variedad”, se suma el de las 3000 personas que trabajan para las empresas que prestan el servicio de viandas calientes. Denuncian que cobran el 50% del sueldo y, en algunos meses, solo el 25%. Ahora se ocupan del armado de las cajas con los alimentos secos, pero los menores pagos implican la discontinuidad de la cobertura social.
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