¿Hollywood y sus películas le hacen mal al romance?
Encuentros imposibles, prioridades alejadas de la realidad y personajes difíciles nos alejan del género. Los días de gloria quedaron atrás y la taquilla registra la caída
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La categoría de Netflix se anuncia desde la TV como “Comedias románticas de los 80” o “Películas sobre bodas”, entre otras opciones con vestido blanco y final feliz que se te aparecen para ver, y vos que te preguntás si vas a sucumbir ante el “play”, o por fin dejar de pudrirte la cabeza. Porque aceptémoslo, por más buen entretenimiento que sean algunas de estas películas o series, no las mirás exactamente por su calidad artística. Mentirías si no dijeras que es porque te gusta “él”, te sentís identificada con “ella”, o esperás ese “meet cute” (un encuentro casual que reúne a los potenciales enamorados, una de las convenciones clásicas del género), casi tanto como al cuarto de helado que pediste hace media hora.
Si ya cuando eras chica y jugabas a ser una princesa encantada que era rescatada por el príncipe azul, tuviste que deshacerte de esas ilusiones infantiles, ahora tenés que actualizar una vez más el imaginario. En plena era de las comunicaciones -y con infinidad de posibilidades- pareciera que nunca hubo tanto desencuentro amoroso como ahora. Roles que se intercambian o mutan, pero nadie parece saber muy bien cómo actuar. Un viejo guión que no se acopla del todo a los roles modernos, pero que tampoco nadie se anima a descartar o reeditar. Muchos señalan como posible responsable de generar expectativas absurdas sobre las relaciones, el amor o el sexo, a la meca de irrealidad por excelencia: Hollywood.
Los números hablan

Por lo pronto el género romántico en el cine viene alicaído. Entre los años 1995 y 2004 el consumo de comedias románticas, peyorativamente llamadas chickflicks, fue intenso con un market share anual promedio de 6,4% (y picos de 9,9%); el año pasado, sin embargo, el valor descendió a un deprimente 0,8%. ¿Acaso a la gente no le interesa ver romance en la pantalla grande? Todo indicaría que no, o al menos mostrado de cierta manera. Incluso, directores consagrados la están pasando mal.
Atrás quedaron aquellas épocas doradas del género en que clásicos estilo Cuando Harry Conoció a Sally, Sintonía de Amor o La Boda de mi Mejor Amigo, nos hacían sonreír con imágenes cuando no más realistas al menos más humanas del romance. Las parejas no siempre terminaban juntas, o si lo hacían era luego de una maduración personal y varias -muchas- vueltas. Un poco más parecido a la vida. Para finales de los 90s algunos exponentes (Tienes un E-Mail, Un Chico Ideal, Lo que ellas quieren, Cómo perder a un hombre en diez días) intentaron revivir el furor por el género con resultados desiguales.
La fórmula repetida una y otra vez, aparte de no empoderar a las chicas, produjo comedias anodinas y de bajo vuelo: hombre inalcanzable es seducido por chica inte-ligente/sensible, que finalmente sucumbe ante los tradicionalismos y cae rendida a los pies del leading man. También tuvieron un momento fugaz los romances para el público senior, intentando rebatir la prejuiciosa idea de que después de cierta edad no se puede disfrutar del amor o el sexo, y con cómicas parejas sexagenarias (Mejor…imposible, Enamorándome de mi ex and Alguien tiene que ceder).
Mujeres desesperadas y viajes en el tiempo
Pero lo cierto es que, un rápido repaso por cualquiera de estos hitos no resiste una mirada más crítica (y a duras penas el famoso Test de Bechdel). Esto sin hablar de lo nocivas que fueron para la idea de romance toda la ola de películas de bodas (27 bodas, Guerra de novias, Confesio-nes de una adicta a las compras). Dedicadas a exaltar a la mujer en sus peores facetas, mostraban chicas obsesionadas con casarse sin importar demasiado cómo o con quién, bridezillas en el mejor de los casos, personajes rayanos con la estupidez o la compulsión en otros. ¿Quién podría soportar una conversación de más de cinco minutos con estas chicas?
Un vistazo por los exponentes más recientes del género no mejora el diagnóstico inicial de que debiéramos de evitar estas películas por nuestra salud emocional (o acercarnos a ellas con cautela). Desde premisas francamente irrisorias como viajes en el tiempo (El sueño de mi vida, Más allá del tiempo, Una cuestión de tiempo) donde gracias a la física cuántica los personajes pueden recuperar a sus amores de la infancia -o ganarse nuevos-, a pérdidas de la memoria que hacen que los galanes tengan que conquistar a la chica una y otra vez hasta que los recuerden, haciendo uso de un romanticismo cuasi-enfermizo bordeando conductas típicas de un acosador (Todos los días de mi vida, Como si fuera la primera vez). Incluso la multipremiada El lado bueno de las cosas, si bien hace que mueve un poco la aguja hacia territorios más realistas (personas dañadas emocionalmente, con problemas psicológicos o familiares, etc), termina arruinando todo por el imperativo de un final azucarado, número de baile incluido.
Del libro a la pantalla
¿Y qué hay de productos basados en libros? Los films inspirados en los best-selles de Nicholas Sparks, se la pasan mostrando cómo la rubia heroína de turno luego de ser acosada/perseguida/abandonada, siempre encuentra un nuevo amor, preferentemente musculoso y en una apacible ciudad costera (Un lugar donde refugiarse, Cuando te encuentre, Mensaje en una botella). Y lo que es peor aún, sin hacer mucho esfuerzo para que esto suceda. Azar, destino o ta-quilla, tache la que corresponda. O como en las películas corales de veteranos como Richard Curtis o Gary Marshall, donde un nutrido y multi-étnico cast nos intenta hacer creer que en las fiestas (año nuevo, navidad, día de los enamorados, día de la madre, etc), todo se soluciona mágicamente (Realmente amor, Año nuevo, El día de los enamorados). ¿Acaso alguien puede creer que con un beso bajo el muérdago resuelve los problemas de pareja o algún problema?

En muchos casos estos no son resultado de la mente descarriada de algún guionista o director, sino que detrás de varios de estos hits, hay mujeres. ¿Una creería que tendríamos más idea, no? En TV las cosas no marchan mucho mejor, mientras que los críticos especializados, entre ellos la crítica Sonia Saraiya de Variety y AV Club, han declarado que el romance en pantalla chica ya no funciona. El problema general es que el énfasis no deja de estar puesto en los dramas de pareja o la búsqueda de la misma, en tanto las vidas interiores de las protagonistas se desdibujan al tiempo que parece imposible plantear otros conflictos y problemáticas (amistades, trabajos, ambiciones y sueños). Como si no pasaran otras cientos de cosas por la cabeza de una mujer moderna hoy. Por otro lado, cada vez más terapeutas aseguran que las chances de supervivencia de una pareja son directamente proporcionales a la cantidad de cosas que éstas comparten, más allá de las obvias, como las obligaciones familiares o la convivencia.
Demasiado edulcorado para mí

¿Qué pasó entonces? Algunos de los causantes del declive en el consumo de estos films fueron una orientación de Hollywood al mercado teenager y el público masculino, malos guiones –si lo sabremos– y cierta reticencia de las estrellas a aparecer en estos largometrajes. Pero quizás la razón más contundente sea los cambios en los hábitos y que muchas chicas ya no compran estos ideales caducos de romance. “Cuando éramos chicas creíamos en la bella durmiente o lo que veíamos en las películas. Hoy el problema es que el hombre sabe lo que nos gusta, y aunque en las películas el tipo termina haciendo un click increíble y se convierte en un hombre en serio, en la vida eso no pasa. Creemos que los vamos a poder cambiar, y no siempre funciona así”, me comenta una amiga, 33 años, sobre la versión edulcorada e irreal que nos vende la cultura pop.
“Las instituciones se crean y revolucionan a través de la evolución del hombre; delimitan el contexto de éste, manteniéndolo en un status quo, sobre todo aquellas tradicionales. Bajo el supuesto de que el casamiento o la familia son componentes del conjunto de instituciones clásicas, el crecimiento exponencial de la información provocado por la tecnología, hizo explotar nuevas posibilidades de consumo. Quizás estemos frente a una nueva forma de consumir la tradición (con el doble sentido que dicha expresión puede implicar)”, explica la psicóloga Teresa Crivaro sobre ciertos imaginarios clásicos y cómo la tecnología y el mercado impactan en nuestras instituciones.
Así que ya sabés, antes de poner play, pensalo dos veces. Y si no, hacéle caso a Drew Barrymore, ícono rosa (Simplemente no te quiere) devenida en heroína de acción, actriz cómica y flamante productora, que ha afirmado en numerosas entrevistas sin pudor sobre las rom coms: “Las mujeres ya se dieron cuenta de que los finales felices son tan efímeros como inverosímiles”.
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