Identifican un efecto adverso poco difundido del medicamento estrella y cada vez más utilizado para bajar de peso
El hallazgo surge de nuevos estudios que analizan su impacto en la salud de pacientes que lo consumen de forma sostenida, más allá de los efectos esperados
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El medicamento estrella no solo ayudó a bajar de peso: un estudio detectó que en algunos pacientes también se asoció a la pérdida de cabello, sobre todo con dosis altas y adelgazamiento rápido
La caída de cabello comenzó a consolidarse en los últimos meses como un efecto adverso emergente asociado al uso de medicamentos agonistas del receptor GLP‑1, una familia de fármacos indicados originalmente para la diabetes tipo 2, pero que ganó popularidad global por su eficacia para la pérdida de peso. Entre ellos se encuentran la semaglutida —comercializada como Ozempic y Wegovy— y la tirzepatida, presente en marcas como Mounjaro y Zepbound. Millones de personas en todo el mundo los utilizan, y aunque los eventos gastrointestinales siguen siendo los efectos secundarios más conocidos, la alopecia empezó a ocupar un lugar inesperado en la conversación médica.

El fenómeno dejó de ser anecdótico cuando un equipo internacional de investigadores de Canadá y Estados Unidos publicó una revisión sistemática en la revista científica Science Progress. El trabajo analizó más de un centenar de estudios disponibles y seleccionó aquellos que cumplían criterios estrictos para evaluar la relación entre terapias con GLP‑1 y la caída de cabello. La conclusión fue clara: existe una asociación entre el uso de semaglutida y tirzepatida y un aumento en los reportes de pérdida capilar, sobre todo en contextos de adelgazamiento rápido y con dosis altas utilizadas para tratar la obesidad.
Lejos de señalar un mecanismo tóxico directo sobre el folículo piloso, el estudio propone una explicación más compleja y conocida por los dermatólogos: el estrés metabólico. La pérdida de peso acelerada, especialmente cuando implica una restricción calórica marcada o déficits nutricionales, puede desencadenar un tipo de alopecia denominada telogen effluvium. Se trata de una caída difusa, no cicatrizal, que ocurre cuando un número mayor de folículos entra de manera abrupta en la fase de reposo del ciclo capilar. El resultado es un aumento visible del cabello que se desprende al lavarse, peinarse o simplemente al pasar la mano por la cabeza.
Este tipo de caída no es exclusivo de los tratamientos con GLP‑1. Se observa también después de cirugías, enfermedades agudas, partos, dietas extremas o situaciones de alto impacto fisiológico. Lo novedoso es su aparición asociada a medicamentos considerados, hasta ahora, seguros y bien tolerados en el largo plazo. En el caso de la tirzepatida, que suele generar descensos de peso más pronunciados, los investigadores encontraron una mayor frecuencia de telogen effluvium. Con la semaglutida, en cambio, el riesgo pareció ser dependiente de la dosis: a mayor dosis semanal, mayor probabilidad de reportes de caída capilar.

Otro dato relevante del estudio es que las mujeres aparecen desproporcionadamente afectadas. Los autores aclaran que esto no necesariamente implica una mayor vulnerabilidad biológica confirmada, sino que podría vincularse a que ellas suelen experimentar descensos de peso más rápidos o bien a que consultan y reportan estos síntomas con mayor frecuencia. También se detectaron, aunque en menor medida, casos de alopecia androgenética, una forma de caída de base genética que puede verse exacerbada por el estrés fisiológico.
La relación entre estos medicamentos y la pérdida de cabello no implica, según los especialistas, una indicación automática de suspender el tratamiento. El propio estudio subraya que la mayoría de los cuadros serían transitorios y potencialmente reversibles, siempre que se corrijan los factores asociados: una alimentación adecuada, un consumo suficiente de proteínas, hierro y vitaminas, y un ritmo de descenso de peso más gradual. En muchos casos, la caída se estabiliza a los pocos meses, cuando el organismo se adapta al nuevo equilibrio metabólico.

Aun así, el hallazgo abre un nuevo capítulo en el seguimiento de los agonistas GLP-1, especialmente en su uso para la obesidad, un campo en expansión. Hasta ahora, la caída de cabello no figura como efecto adverso destacado en los prospectos de estos medicamentos. Sin embargo, la acumulación de evidencia científica empieza a delinear un patrón que obliga a médicos y pacientes a incorporar esta posibilidad en la toma de decisiones.
Los autores del trabajo advierten sobre las limitaciones del conocimiento actual: los estudios disponibles son heterogéneos, muchos carecen de diagnóstico dermatológico formal y se necesita investigación prospectiva para establecer con mayor precisión la magnitud del riesgo. Pero también destacan la importancia de informar adecuadamente a quienes inician estos tratamientos. No para alarmar, sino para anticipar, prevenir y acompañar.
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