Kenai y Naranjita, los gatos que llevan una vida de perros
Son, sin lugar a dudas, gatos diferentes. También tienen las costumbres felinas típicas pero, desde cachorros, aprendieron toda una serie de propuestas que suelen estar mejor asociadas al mundo de los caninos
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Van a a pasear al parque, se suben a una tabla de kayak, salen de vacaciones con su "humana" y disfrutan codo a codo de diferentes actividades junto a los cuatro perros con los que conviven. Kenai y Naranjita son, sin lugar a dudas, gatos diferentes. Desde luego, también tienen las costumbres felinas típicas pero, desde cachorros, aprendieron, además, toda una serie de propuestas que suelen estar mejor asociadas al mundo de los caninos. Es que Marisol Rey, su dueña -que es Adiestradora Canina Profesional por la Universidad de Buenos Aires y especialista en modificación del comportamiento- decidió, al adoptarlos, que iban a formar parte de su manada. "Mi deseo, más allá de poder sociabilizar a los gatitos e integrarlos a las rutinas que tengo con mis perros, era lograr que no sufrieran ni se estresaran, por ejemplo, al salir a la calle para ir al veterinario o que pudiera dejarlos en otra casa cuando alguna circunstancia así lo requería. Incluso pensaba en poder llevarlos conmigo cuando me iba de vacaciones o no verlos estresados cuando recibía visitas o tenía que salir de viaje por trabajo", aclara la experta.
Por eso decidió hacer uso de sus conocimientos y experiencia y puso manos a la obra. "El período de sociabilización con el que contaba para acostumbrarlos a los estímulos con los que iban a estar en contacto en su vida adulta es muy corto. A diferencia de los perros, que disponen de 12 semanas para aprender y habituarse a diferentes espacios y actividades, en el gato, ese lapso es de 7 semanas. Con los gatos fue y sigue siendo un trabajo de adiestramiento y adaptación que se hace en el día a día", asegura Marisol Rey. ¿Cómo lo logró? A través de diferentes técnicas. En principio adaptó los diferentes ambientes de su casa con objetos en alturas diversas para que los gatos pudieran reconocer el terreno y tener un espacio de traquilidad donde retirarse sin ser molestados por los curiosos 4 perros que se iban a convertir en sus compañeros de aventuras. "En el transcurso de una semana, todos estaban conviviendo en paz. Los perros están muy acostumbrados a la presencia de otros animales y tienen una base de eduación muy fuerte. Eso ayudó enormemente en la adaptación y en la convivencia con los gatitos", aclara.

Muy lentamente los gatos comenzaron entonces a tener su propia rutina. Tres veces por semana salen al aire libre: "cada vez que vamos a pasear les dedico una hora a cada uno en la que jugamos, aprenden cosas nuevas y pasamos el rato en un espacio abierto", cuenta Rey. El resto de los días, Kenai y Naranjita le hacen honor a la vida felina mientras comen, descansan y duermen relajados. Pero sin duda alguna, una de las aventuras más arriesgadas fue aprender a pasear en kayak. "Mis perros siempre me acompañaron a hacer kayak y, cuando llegó el momento en que consideré que los gatos estaban listos, los sumé a la salida. Le puse a cada uno una soguita de diez metros para que pudieran moverse libremente por el espacio verde que rodea a la laguna y yo tener control sobre su ubicación. Y por iniciativa propia un buen día Naranjita se acercó al agua y Kenai siguió sus pasos", recuerda la adiestradora.
Entonces empezaron los trabajos de adaptación para lograr que los gatos se acostumbraran al agua. "Puse en el patio una pileta chiquita con tres centímetros de agua, una tabla que flotaba y subía a los gatitos mientras jugábamos y les daba premios. Además, practicábamos en diferentes superficies, especialmente en el piso mojado y así se animaron a acompañarme en el kayak y a subirse y bajarse de la tabla de stand up paddle mientras paseábamos por el agua", dice contenta.


Los gatos están habituados a todas las actividades que hace Rey: visitan otras casas, la acompañan a los seminarios que dicta o a tomar un café, van a paser al parque y a hacer kayak e incluso viajan todos juntos. "Desde luego siempre tomo las precauciones necesarias para que no sufran ningún tipo de accidente. Si los llevo a un parque vamos en horarios tranquilos o cuando está nublado y siempre que haya poca gente y pocos perros. En las lagunas estamos casi solos. Y si tengo dudas sobre la presencia de otros animales, llevo a mis perros que siempre ven primero a los de su especie y con algún gesto corporal me indican que tenemos compañía. Ahí me alerto y guardo a los gatos. De todos modos debo reconocer que los gatos se la saben arreglar bastante bien con los perros. Igual siempre hay que estar atentos y cuidarlos", explica.

Comparten la misma rutina pero cada uno tiene su personalidad. "Naranjita es muy dulce, me reciben cuando llego a casa, me da besos y maúlla cuando quiere salir o comer. Nos entendemos muy bien. Kenai es muy tranquilo. Es un gato que es más gato que perro. Está muy en la suya, es independiente pero a la vez muy juguetón con los perros. Pero a los dos les gusta hacer trucos y aprender cosas nuevas, tienen muy buena predisposición siempre y son hermosos compañeros de vida", dice con una ronrisa de orgullo Marisol.
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