La historia del sable corvo de San Martín que sacaron del Museo Histórico Nacional y se lo dieron a los Granaderos
Tras conocerse la decisión desde Nación, surgió interés popular por los hechos que marcaron a esta arma emblema del libertador de América del Sur; enterate de su origen
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El 7 de febrero, el sable corvo que utilizó el general José de San Martín durante sus batallas libertadoras será entregado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Tras el decreto emitido por Javier Milei, se realizará un acto en el Campo de la Gloria, en la ciudad de San Lorenzo, Santa Fe. A raíz de este evento conmemorativo y la despedida de esa arma emblema de nuestra historia, surgió interés por conocer de cerca el origen y cómo fue donada al Museo Histórico Nacional por la hija de Juan Manuel de Rosas.
El sable que liberó a la Patria

En 1811, José de San Martín adquirió el sable corvo en un local de Londres. En medio de un contexto convulso en Europa y en las colonias españolas de América, sabía que le daría un uso importante.
El nacido en Yapeyú fue el primero en ingresar a Sudamérica esta arma que era popular en el viejo continente, con una hoja de metal de Damasco, resistente y flexible. Además, la empuñadura destacaba por ser de madera de ébano con vaina recubierta en cuero y bronce.
Según aclara el Museo Histórico Nacional, después de que San Martín finalizó con su campaña libertadora, regresó de Perú, mientras dejó el encargo a Simón Bolívar de continuar con la expulsión de los españoles del subcontinente. Con él viajó el sable corvo que había acabado con la presencia de la colonia en el cono sur.
Permaneció con el General hasta 1824, cuando tuvo que exiliarse en Francia y quedó al cuidado de doña Josefa Ruiz Huidobro, en Mendoza. Recién en 1837, durante un viaje que hicieron su hija Mercedes y su esposo, Mariano Balcarce, a la Argentina, San Martín les pidió que retornen con la valiosa arma. “Traigan mi sable corvo, que me sirvió en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito si es que lo tengo”, escribió por ese entonces en una carta.

Según el relato de muchos que lo visitaron, el Libertador de América le cedió un lugar protagónico al sable en su casa parisina. Ese fue su puesto estratégico y de honra. Ya el 23 de enero de 1844, con una salud deteriorada, redactó su testamento definitivo y estableció a quién debía entregarse. “El sable que me acompañó en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”, manifestó.
De acuerdo a sus peticiones, el 17 de agosto de 1850, el sable corvo pasó a manos de Rosas, gracias al traslado seguro que propició Balcarce. El testimonio histórico señaló que, al recibir tal obsequio, lo conservó como una reliquia: la depositó dentro de un cofre en cuya tapa hizo colocar una placa de bronce donde mandó grabar la famosa cláusula testamentaria.
Al final de su mandato y el consecuente exilio a Southampton, Inglaterra, Rosas se llevó consigo el sable de San Martín y, con el propósito de definir quién sería el nuevo dueño tras su muerte, redactó un testamento en el que ordenó que su hija Manuela Rosas y su hijo político, Máximo Terrero, deberían hacerse cargo del mismo.
En 1877 Rosas murió y el arma nuevamente fue parte de un traslado. Esta vez a Londres, donde Manuela lo conservó con sumo cuidado hasta que en 1896, luego de diferentes gestiones y con la inauguración del Museo Histórico Nacional, hizo una ofrenda al Estado como “monumento de gloria para la Argentina”, en pos de mantener viva la memoria y la lucha de José de San Martín para las generaciones futuras. El 4 de marzo del año siguiente pasó a formar parte del patrimonio de la entidad.
El robo del sable corvo y la restitución a los Granaderos a Caballo
Con el sable corvo de San Martín en el Museo, el legado del Libertador de América se transmitió a todos aquellos interesados por conocer el origen y las luchas patrióticas. Su ubicación fue la designada por orden de Manuelita Rosas y allí permaneció hasta que, en tiempos de la proscripción del peronismo, fue apropiada en dos oportunidades por integrantes de la Resistencia Peronista. Fue recuperado en ambas ocasiones y devuelto a su sitio correspondiente.
Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, la custodia del arma se otorgó al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, y allí permaneció por 48 años hasta que en el 2015, por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, fue restituido al Museo Histórico Nacional. Ahora nuevamente retornará a San Lorenzo, donde hace más de 200 años ocurriera una de las batallas primordiales de la independencia.
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