La llegada de Internet II será la clave de los próximos años
La red de alta velocidad abrirá posibilidades de todo tipo y se convertirá en una herramienta imprescindible. Mientras, se avanza lentamente en un viejo anhelo: que las máquinas piensen
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Quizá durante los últimos años la palabra Internet haya invadido los oídos de la gente hasta convertirse en un clásico. Pero esa combinación de letras va a sonar mucho más, porque esto apenas empieza.
Aunque en todo lo relacionado con las computadoras predecir sea más difícil que desarrollar un programa nuevo -por la velocidad con que se producen los avances-, entre los especialistas hay coincidencia en que la Red será la clave en cuanto a las innovaciones tecnológicas.
Y para encarar todas estas innovaciones, quienes investigan en el área están a punto de presentar en sociedad al protagonista de todo este cambio: InternetII, la red de alta velocidad. Cuando ésta funcione a pleno, nuestra relación con la Red va a cambiar por completo. Ya no será un lugar para conseguir datos y punto, sino una herramienta cotidiana de esas que se terminan volviendo imprescindibles, como la energía eléctrica.
Las aplicaciones serán infinitas. Por ejemplo, en lugar de tener un mueble para guardar los CD de música, simplemente, con el equipo de sonido conectado con Internet se podrán elegir temas que estarán en la Red y, tal vez, será suficiente con abonar la factura de lo que escuchamos a fin de mes. Lo mismo en el caso de la TV o de las películas, que serán de alta definición en cuanto a imagen y a sonido.
O quizá nuestro automóvil, en conexión permanente con la Red, nos dirá por dónde conviene desplazarse para evitar un embotellamiento o nos alertará sobre un problema en el motor. Probablemente, el fabricante recibirá la información del desperfecto y lo solucionará directamente o enviará instrucciones de los pasos por seguir.
Habrá otras aplicaciones, porque además de alta velocidad, fundamentalmente Internet II brindará calidad en el servicio y seguridad. Las dos son cualidades fundamentales, por ejemplo, para la telemedicina: operar a distancia o hacer diagnósticos será cada vez algo más cotidiano.
También para el comercio electrónico: los especialistas coinciden en que en muy pocos años gran parte de las compras se harán por la Red.
Y no será necesario prender la PC para conectarse. Unos pequeños dispositivos que ya se utilizan en Estados Unidos permiten usar Internet vía satélite. O directamente se incorporará como una función más del teléfono celular.
Esclavas del hombre
Para ver todas estas cosas falta muy poco. El licenciado Julián Dunayevich aseguró a La Nación que este año "se espera dar el puntapié inicial en lo referente a Internet II en la Argentina". El hombre es coordinador de la Comisión de Redes y Tecnologías de la Información del Ministerio de Educación y a mediados de los 80 desarrolló, en la Universidad de Buenos Aires, uno de los primeros programas de correo electrónico en el país.
Otras áreas de estudio se relacionan con el viejo anhelo del hombre por lograr que las máquinas piensen. "La idea es tratar de enseñarles a las computadoras que razonen, que resuelvan problemas y tomen decisiones -explicó la licenciada Irene Loizeau, del Departamento de Computación de la UBA-. Y en ese camino se avanza, aunque lentamente, porque es un tema muy complejo."
¿Qué hay de aquel temor a que las computadoras se nos rebelen? "Imposible... -agregó Loizeau-. Nunca ocurrirá, porque las computadoras no hacen nada que no se les diga."
Pero además de todo lo tecnológico, el 2000 le propone otro desafío al sector informático. Un problema cuya solución demandará mayor destreza e imaginación que desarrollar un nuevo software: cómo hacer para que ese catálogo de maravillas tecnológicas que -intuimos- nos cambiará la vida sea accesible para todo el mundo. Porque el peligro es que continúe funcionando como hasta ahora, como un parámetro para acentuar diferencias.
Ficción
LA MUERTE DE HAL 9000
Lo que sigue es un extracto de "2001, Una odisea espacial", la estupenda novela que Arthur Clarke escribió en 1968. Relata la lucha final entre el astronauta Dave Bowman y Hal 9000, la computadora inteligente de la nave Descubrimiento: "Soltó el cerrojo de la sección etiquetada «Realimentación cognoscitiva» y sacó el primer bloque de memoria. La maravillosa red del complejo tridimensional, que podía caber en la mano de un hombre, y sin embargo contenía millones de elementos, flotó por la bóveda. (...) "¿Sentiría dolor?", pensó brevemente Bowman. Probablemente no..., no hay órgano sensorial alguno en la corteza cerebral humana, después de todo. El cerebro humano puede ser operado sin anestesia. Comenzó a sacar, una por una, las pequeñas unidades del panel etiquetado «Reforzamiento del ego». Cada bloque salía flotando en cuanto lo soltaba de la mano, hasta chocar y rebotar en la pared. (...) Había sido sacada ya una docena de unidades, aunque gracias a la redundancia de su diseño -otro rasgo, sabía Bowman, que había sido copiado del cerebro humano- el computador seguía manteniéndose. Comenzó con el panel de «Auto-intelección».
"«Dave -dijo Hal-. No comprendo por qué me está haciendo esto... Tengo un gran entusiasmo por la misión... Está usted destruyendo mi mente... ¿No lo comprende...? Me voy a hacer infantil... pueril... me voy a convertir en nada...»"
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